Es la propia miseria humana que se desvive hacia la senda de la bajeza existencial, a la par que el vacío propiamente impropio de seres inertes que deambulan de entre los escombros de la dignidad, es la misma peste que carcome los más puros deseos florecidos en las entrañas de la amargada calaña de la que se arropa.
Se desgarra la voz de gritar los silencios recalcitrantes oriundos del rencor y el sufrimiento que padece el alma ya ignorada y negada, de rodillas ante el entretenimiento implora piedad, reclama sus miedos y vive nuevamente, esperando ser llamado.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
viernes, 17 de septiembre de 2010
galerna
Es ella…quien surca los esbeltos cielos de la misericordia y quien apacigua el dolor de aquellos arropados por la intemperie marginalidad cual colosal obsesión pernocta en los brazos de la clemencia…
Pero es ella y solo ella quien camina e ilumina de entre los desposeídos, enceguece a los desalmados y obnubila con su belleza itinerante a su arrasante paso, donde sabe conquistar tan temerariamente como audaz, desfachatada condición desafiante, nebulosa energía que destila a su andar…desvanece las apócrifas fantasías narradas por la ignorancia, cual resplandor desvela cuantas vacías miradas intentan intimidarla…pero no…porque es ella, la esencia de nuestras entrañas la que nos obliga a seguir, nos pone de pie y nos guía hacia la verdad, nos quita la venda de los ojos, y las coloca sobre las heridas, apacigua el fuego, precipita la galerna cual desploma su ira sobre las llamas del engaño…
Pero es solo ella, quien nos observa y protege de las alimañas que asechan nuestro futuro, y trastabillan nuestros anhelos…pero es ella quien nos invita a desafiar nuestros propios errores y enmendar nuestras propias miserias.
Pero es ella y solo ella quien camina e ilumina de entre los desposeídos, enceguece a los desalmados y obnubila con su belleza itinerante a su arrasante paso, donde sabe conquistar tan temerariamente como audaz, desfachatada condición desafiante, nebulosa energía que destila a su andar…desvanece las apócrifas fantasías narradas por la ignorancia, cual resplandor desvela cuantas vacías miradas intentan intimidarla…pero no…porque es ella, la esencia de nuestras entrañas la que nos obliga a seguir, nos pone de pie y nos guía hacia la verdad, nos quita la venda de los ojos, y las coloca sobre las heridas, apacigua el fuego, precipita la galerna cual desploma su ira sobre las llamas del engaño…
Pero es solo ella, quien nos observa y protege de las alimañas que asechan nuestro futuro, y trastabillan nuestros anhelos…pero es ella quien nos invita a desafiar nuestros propios errores y enmendar nuestras propias miserias.
martes, 7 de septiembre de 2010
Abrigo marginal
¿Cómo lograr que un individuo seteado dé formato a su cognitivismo y dé paso al tortuoso ejercicio de pensar?
Digamos, que no es difícil encontrar personas que destilen a su pasar, todas sus miserias reflejadas en sus expresiones.
Es decir, que sus miserias son metafísicas, y no de tinte material. ¿Qué quiero decir con esto?
Seria abusar del criterio, decir que yo pueda afirmar con certeza una respuesta a tamaña pregunta.
No importa, lo intentaré.
Es cierto, que una persona a simple vista no puede ser juzgada por su apariencia, más bien sería prudente esperar hasta ver que logra transmitir a través de sus lenguajes –en todas sus formas-.
Sin dudas, que no es frecuente que las personas se tomen la molestia de esperar –es decir, rescindir tiempo- por lo que es más sencillo tomar conclusiones en base al “sentido común” –su propia matriz de razonamiento desplazada por la racionalización del pensamiento- ya que éste parece ser supremo ante la infalible metodología científica en pos de concretar una afirmación de contenido empírico, y eslabonado por el correcto uso de las palabras.
Es difícil pretender que una persona que ignora el propio significado de las palabras logre comprender el espíritu de la lección, sino que más bien, efectúan un abuso tal que desvirtúan el lenguaje, por lo que se fragmenta el destino de tal afirmación, discriminando por conocimientos a individuos que carecen del mismo grado de dominio léxico.
Pareciera ser que uno haga mención al sector siempre postergado de la economía, el cual no puede acceder a una educación digna, y lo que es mucho más importante que la educación, un futuro.
Para no irnos demasiado por las ramas, una breve aclaración a lo reciente.
Es común oír que se pida “educación” para solucionar todos los problemas de la vida. Pero es difícil imaginar que una persona que pueda alcanzar la educación primaria y secundaria para luego ser excluida del “mercado laboral” quiera estudiar, de hecho, si no se tiene un incentivo de una vida digna, con ingresos dignos y oportunidades de crecer económicamente, ¿es la educación por sí sola el santo remedio a los problemas? Pareciera que no lo es.
Retomando. Se dice que las sociedades excluidas del sistema económico productivo/consumista, manipula unas 50 palabras para expresarse.
Pero en este artículo no me estoy refiriendo a este sector, sino más bien, al clase media-alta que incluso va más allá del acceso y del uso de la educación secundaria, y que pareciera manejar algunas otras palabras más que las 50 antes mencionadas. Pero entonces ¿dónde está el problema?
Si el problema no está en el entendimiento en sí, tal vez estaría en la aceptación de las afirmaciones, quizá el prejuicio se devore el esfuerzo de explicar que tiene el locutor, y éste sea en vano. No suena tan descabellado.
Probablemente el miedo a sentirse burlado por la inteligencia de un individuo que efectivamente pensó, a contracara de otro que simplemente creyó, sea motivo suficiente.
No existen muchas salidas ante una ofensiva verbal fundamentada bajo premisas, si lo que se tiene para defenderse es un libro estudiado de memoria.
No quedará más remedio que la negación, y la salida por la tangente, la disuasión, el agravio, el prejuicio, que den por finalizado o más bien suspendido el pseudo debate. Aunque más bien, debate implica una ida y vuelta de pensamientos, y no de creencias.
¿Cómo lograr entonces, que una porción de la sociedad que está configurada de forma tal que su negativa a aceptar sus lagunas de información, le permita asumir la presunta derrota?
Lo que parece más difícil aun es lograr que este rebaño desaprenda lo que conoce como su propia lógica, y la desplace comenzando desde cero.
Pero es más fácil, juntar las cabezas de unos cuantos para que entre ellos sostengan una “idea” –no quiero abusar de lenguaje- y que su carácter de subjetivo, le arrope todas las noches de su eterno invierno, bajo las blancas nieves de la ignorancia.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Utopías y antagonía
¿Cuál es la cuestión que no deja dormir a los economistas locales?
Probablemente me jacte de ser iconoclasta, aun así, no es una cuestión personal, ni mucho menos de prejuicios.
Para comenzar, los razonamientos populares de “sentido común” no se tratan de un ejercicio simple, sino que se basa fundamentalmente sobre ciertos preceptos. No es casualidad, que a lo largo de 3 décadas, se hayan enseñado las mismas bases, y como consecuencia inefable, que la aparente lógica tenga como resorte emocional, aquello que se inculcó durante generaciones.
Ahora bien, sin entrometerme con la sociología, no es tan complejo revisar las bases pero parece ser, que no estamos acostumbrados a leer la letra chica antes de firmar.
Durante 10 años, se llevó a la práctica la caja de conversión –Ley de Convertibilidad- la cual, era un simple ejercicio de: dólar entra, entra peso al circuito – sale dólar, sale peso del circuito.
Es decir, que los precios locales dependían de los ingresos internacionales, y así, los precios locales se igualaban con la media (sin ponderar) del mundo.
A todo esto, para ser más claros, también se igualan los salarios en divisa internacional. Entonces, por ende, se debería tener como mínimo, el mismo nivel de productividad que la media mundial, de otra forma el sistema no soportaría recibir más a cambio de menos y sostener el empleo local.
Entonces, cabe el interrogante: ¿Cómo se sostuvo entonces, el sistema sin que colapse?
La respuesta consta tan solo de cinco letras: deuda.
Pero al margen del inevitable endeudamiento, entonces no habría problemas, siempre y cuando a futuro de pago de deudas, se lo haga genuinamente con fondos producidos localmente.
Pero ¿qué sucede si encontramos que la composición de importaciones es mayoritariamente superior en bienes de consumo medios e intermedios, por sobre los bienes de capital?
Veamos:
Como es de simple observación, sumamos los bienes intermedios más los bienes de consumo, y nos da un aproximado del 60% contra un 25% de bienes de capital.
Entonces, ese diferencial que se sostuvo perpetua durante una década, debió traducirse en alguna consecuencia. ¿Saben de qué se trata?
Para que las pocas industrias locales compitan contra las importaciones, al no innovar en tecnología que logre competir vía calidad, lo hace vía precios. ¿Y cómo se compite vía precios ante un inminente avance de importación de precios y salarios más bajos, sumados a mayor calidad?
Pues, forzando la baja de salarios, flexibilizando el mercado laboral, maniatando los síndicos, para que así, se formen largas filas de desempleados que estén dispuestos a trabajar por el mínimo de subsistencia –el sueño de Adam Smith y David Ricardo-.
Entonces, ¿qué sucedió con el desempleo? Veamos:
Sin dudas, que el desempleo fue quien pagó los platos rotos por la apertura de mercado, y la adopción del libre mercado.
Digamos entonces, que actualmente los razonamientos se realizan en base a la caja de conversión, en base a la teoría del derrame.
¿En qué consiste la teoría del derrame?
En que cuando al sector acaudalado se rebalse de capitales, estos se derramaran hacia los de menores ingresos. Pero entonces, ¿qué se necesita para que eso ocurra?
Lo que se necesita es el cierre de las fronteras comerciales, es decir, comunismo, ya que lo que se produzca, indefectiblemente debiera ser consumido por la población local, y si éstos no tienen suficientes ingresos para absorber dicha producción, entonces quedarán dos opciones:
Una: que el sector capitalista relegue parte de sus ganancias hacia los trabajadores –redistribución de los ingresos-.
O, dos: que la sobreproducción permita un estoqueo tal, que fuerce a los capitalistas a rescindir sus ingresos para que los absorban los trabajadores.
Pero en ese interín, hasta que tal utopía suceda, ¿los trabajadores morirían de hambre? Correcto.
Pero como ninguna de las dos opciones sucedieron, porque antes, no existió tal cierre de fronteras económicas, sino más bien, todo lo contrario, entonces la sobreproducción nunca se alcanza, ya que es absorbida por los ingresos de otras clases, de otros países.
Es decir, que la antagonía es inevitable e indefectible, ya que para lograr lo que las bases y la teoría ortodoxa sean pertinentes, deben contradecirse dos puntos. La apertura del mercado vs. Comunismo.
El comercio internacional, pues, funge entonces de pérdida, o drenaje, donde la teoría del derrame jamás se produce al mismo tiempo que las clases trabajadoras mueren de hambre. Vaya círculo vicioso.
Es entonces que tiene sentido el interés del capitalista de la apertura del mercado, pero si esto ocurre puramente, entonces sucede lo que vimos anteriormente con la importación. Porque no se puede exportar, sin importar. Los productos vendidos se cobran con productos comprados y cuando éstos son más competitivos que los locales, entonces produce el cierre de la producción local. ¿Otra antagonía? Sin dudas.
Entonces, ¿qué debe hacer una empresa para protegerse de la importación? Simple. Golpear las puertas del Ministerio de Economía y pedir INTERVENCION.
Pero, ¿no es cierto que la teoría ortodoxa liberal sostenga que el Estado no deba intervenir?
Así es.
No debe intervenir en sus ganancias. Esa es la parte tácita de la premisa liberal.
Pero para que la clase trabajadora acceda a la mejora de su poder adquisitivo, se necesita o bien cerrar las fronteras económicamente hablando –cosa que el capitalista no aceptará- o intervenir en la redistribución del ingreso, protegiendo de igual a igual, mediante aranceles la importación, y mediante aranceles la exportación, más la retención de ganancias para éstas volcarlas hacia los de débiles ingresos.
Vimos entonces, que las premisas de Libre Mercado; Flexibilización Laboral; Convertibilidad; y proteccionismo todos juntos eclosionan.
En efecto, no hay protección sin libre mercado, ni flexibilización laboral, sin endeudamiento, y no hay solvencia económica, si no se restringe la importación y se interviene para impedir el avance de productos extranjeros, al tiempo que se permita la redistribución del ingreso que soslaye la sobreproducción.
Vaya menjunje. Es verdad.
Probablemente me jacte de ser iconoclasta, aun así, no es una cuestión personal, ni mucho menos de prejuicios.
Para comenzar, los razonamientos populares de “sentido común” no se tratan de un ejercicio simple, sino que se basa fundamentalmente sobre ciertos preceptos. No es casualidad, que a lo largo de 3 décadas, se hayan enseñado las mismas bases, y como consecuencia inefable, que la aparente lógica tenga como resorte emocional, aquello que se inculcó durante generaciones.
Ahora bien, sin entrometerme con la sociología, no es tan complejo revisar las bases pero parece ser, que no estamos acostumbrados a leer la letra chica antes de firmar.
Durante 10 años, se llevó a la práctica la caja de conversión –Ley de Convertibilidad- la cual, era un simple ejercicio de: dólar entra, entra peso al circuito – sale dólar, sale peso del circuito.
Es decir, que los precios locales dependían de los ingresos internacionales, y así, los precios locales se igualaban con la media (sin ponderar) del mundo.
A todo esto, para ser más claros, también se igualan los salarios en divisa internacional. Entonces, por ende, se debería tener como mínimo, el mismo nivel de productividad que la media mundial, de otra forma el sistema no soportaría recibir más a cambio de menos y sostener el empleo local.
Entonces, cabe el interrogante: ¿Cómo se sostuvo entonces, el sistema sin que colapse?
La respuesta consta tan solo de cinco letras: deuda.
Pero al margen del inevitable endeudamiento, entonces no habría problemas, siempre y cuando a futuro de pago de deudas, se lo haga genuinamente con fondos producidos localmente.
Pero ¿qué sucede si encontramos que la composición de importaciones es mayoritariamente superior en bienes de consumo medios e intermedios, por sobre los bienes de capital?
Veamos:
Entonces, ese diferencial que se sostuvo perpetua durante una década, debió traducirse en alguna consecuencia. ¿Saben de qué se trata?
Para que las pocas industrias locales compitan contra las importaciones, al no innovar en tecnología que logre competir vía calidad, lo hace vía precios. ¿Y cómo se compite vía precios ante un inminente avance de importación de precios y salarios más bajos, sumados a mayor calidad?
Pues, forzando la baja de salarios, flexibilizando el mercado laboral, maniatando los síndicos, para que así, se formen largas filas de desempleados que estén dispuestos a trabajar por el mínimo de subsistencia –el sueño de Adam Smith y David Ricardo-.
Entonces, ¿qué sucedió con el desempleo? Veamos:
Sin dudas, que el desempleo fue quien pagó los platos rotos por la apertura de mercado, y la adopción del libre mercado.
Digamos entonces, que actualmente los razonamientos se realizan en base a la caja de conversión, en base a la teoría del derrame.
¿En qué consiste la teoría del derrame?
En que cuando al sector acaudalado se rebalse de capitales, estos se derramaran hacia los de menores ingresos. Pero entonces, ¿qué se necesita para que eso ocurra?
Lo que se necesita es el cierre de las fronteras comerciales, es decir, comunismo, ya que lo que se produzca, indefectiblemente debiera ser consumido por la población local, y si éstos no tienen suficientes ingresos para absorber dicha producción, entonces quedarán dos opciones:
Una: que el sector capitalista relegue parte de sus ganancias hacia los trabajadores –redistribución de los ingresos-.
O, dos: que la sobreproducción permita un estoqueo tal, que fuerce a los capitalistas a rescindir sus ingresos para que los absorban los trabajadores.
Pero en ese interín, hasta que tal utopía suceda, ¿los trabajadores morirían de hambre? Correcto.
Pero como ninguna de las dos opciones sucedieron, porque antes, no existió tal cierre de fronteras económicas, sino más bien, todo lo contrario, entonces la sobreproducción nunca se alcanza, ya que es absorbida por los ingresos de otras clases, de otros países.
Es decir, que la antagonía es inevitable e indefectible, ya que para lograr lo que las bases y la teoría ortodoxa sean pertinentes, deben contradecirse dos puntos. La apertura del mercado vs. Comunismo.
El comercio internacional, pues, funge entonces de pérdida, o drenaje, donde la teoría del derrame jamás se produce al mismo tiempo que las clases trabajadoras mueren de hambre. Vaya círculo vicioso.
Es entonces que tiene sentido el interés del capitalista de la apertura del mercado, pero si esto ocurre puramente, entonces sucede lo que vimos anteriormente con la importación. Porque no se puede exportar, sin importar. Los productos vendidos se cobran con productos comprados y cuando éstos son más competitivos que los locales, entonces produce el cierre de la producción local. ¿Otra antagonía? Sin dudas.
Entonces, ¿qué debe hacer una empresa para protegerse de la importación? Simple. Golpear las puertas del Ministerio de Economía y pedir INTERVENCION.
Pero, ¿no es cierto que la teoría ortodoxa liberal sostenga que el Estado no deba intervenir?
Así es.
No debe intervenir en sus ganancias. Esa es la parte tácita de la premisa liberal.
Pero para que la clase trabajadora acceda a la mejora de su poder adquisitivo, se necesita o bien cerrar las fronteras económicamente hablando –cosa que el capitalista no aceptará- o intervenir en la redistribución del ingreso, protegiendo de igual a igual, mediante aranceles la importación, y mediante aranceles la exportación, más la retención de ganancias para éstas volcarlas hacia los de débiles ingresos.
Vimos entonces, que las premisas de Libre Mercado; Flexibilización Laboral; Convertibilidad; y proteccionismo todos juntos eclosionan.
En efecto, no hay protección sin libre mercado, ni flexibilización laboral, sin endeudamiento, y no hay solvencia económica, si no se restringe la importación y se interviene para impedir el avance de productos extranjeros, al tiempo que se permita la redistribución del ingreso que soslaye la sobreproducción.
Vaya menjunje. Es verdad.
jueves, 26 de agosto de 2010
Sobre la enseñanza económica
¿Cual es la lógica que impera el espectro socio-económico bajo los planteos de siempre?
La respuesta sería tan compleja donde cada elemento debería ser cuidadosamente explicado lo cual nos llevaría a la elaboración de toda una saga de ediciones, voluminosos libros, conformando toda una enciclopedia. Esto sería lo correcto para asentar una explicación de tal envergadura.
Lo que acabamos de observar en el párrafo precedente, es lo que se dilata en el seno del enriquecimiento de materia gris social.
Es decir, que cuando existen elementos que se dejan de lado, y que no se explican, esa parte queda sujeta –o más bien, voluble- a la omisión, y tal vez la obviedad. Caeteris paribus, siempre se dejan de lado los mismos eslabones, y es ahí, donde considero que los teoremas nuevos hacen aguas, y no solo en sus bases teóricas, sino también –lo que es peor aun- en la ejecución práctica del mismo.
¿Cómo es posible asegurar algo del cual se obvia las bases?
La pertinente construcción es símil al mecanismo de edificación que un ingeniero lleva a cabo para la ejecución de una obra. Sería tan negligente como imprudente –como inconsciente- el de no asegurarse bien los cimientos y construir por encima.
En las ciencias – y más aun en las sociales- el imprescindible delimitar los supuestos, o premisas, bajo las cuales se espera que los acontecimientos se condigan, o se correspondan –ambos son necesarios- ya que, la comprobación empírica es una de las últimas instancias antes de dar por sentada una teoría. La última instancia, probablemente deba ser la de la aceptación de la sociedad, para lo cual el silogismo generado debe ser cuidadosamente elaborado, y por sobre todas las cosas, sometidas a juicio por la aristocracia democrática.
¿A que nos referimos exactamente con “aristocracia democrática”?
Así como en las ciencias exactas, quienes asisten a las exposiciones de los asuntos expuestos, se consideran por la sociedad como los eruditos en la materia, los expertos, etc. En asignaturas de sesgo sociales, el criterio subjetivo es necesariamente determinante, ya que nadie más que Dios –como ser imaginario- sería capaz de considerarse a sí mismo como dueño de la verdad absoluta.
En cuanto al concepto de “democracia” es lo que viene a paliar e intentar soslayar el vacío que deja la erudición en las ramas de las ciencias sociales. Esto quiere decir, que la totalidad –o la mayoría- de la población y magro de presiones e intereses, debe inquirir en la selección del panel de “jueces” quienes den por aceptada el conocimiento que tratamos de sustraer y desmenuzar.
Con esto queda expresado –por mi voluntad- que la selección de las dispersas corrientes de pensamientos las cuales se enseñan en la sociedad –en todos sus niveles- debe ser rigurosamente sometida a elección pública y popular, ya que el dejar tal elección a simple criterio de una minoría, presume que dicha facción consta del maravilloso don del criterio imparcial puro y absoluto. Sueños y utopías.
En cuanto a la enseñanza económica actual, es un tema bastante más que obviado, donde jamás se cuestiona sobre las corrientes de pensamiento seleccionadas. Tal vez esto explique el cíclico y recurrente trayecto que recorren los resultados obtenidos.
Luego de más de dos siglos, el sector agroexportador sigue sosteniendo sus ideas bajo las teorías de Adam Smith, y los del Sector Industrial sostienen las suyas bajo las ideas de David Ricardo, al son que los funcionarios de gobierno seleccionan políticas económicas aunando a estos dos personajes en los modelos de Eli Heckscher y Bertil Ohlin, ya que el premio Nobel de Economía Paul Krugman se encarga de ahorrarles el trabajo a los economistas locales, torturando y forzando los supuestos seleccionando determinados resultados que se obtuvieron, para así encontrar su comprobación empírica para dar por sentado que los modelos anteriores, realmente funcionan. Esto no es legítimo.
Paralelamente, se intenta ocultar y lograr que pasen desapercibidos, planteos que parecen aproximarse más a lo cierto. Tal es el caso del olvidado John Maynard Keynes, quien desde un escritorio leía sobre el pleno empleo, al son que desde su vista periférica le llamaba la atención las largas filas de desempleados que morían de hambre en las calles grises de Inglaterra en plena Gran Depresión de los años 30’.
Tan sólo por citar una parte de lo anunciado por este sujeto, entre sus palabras pondré entre paréntesis, el referente de las etapas sucedidas en la Argentina a lo largo de los últimos años, a saber:
"El movimiento de la tasa de interés hacia arriba o hacia abajo a veces tenía más efecto para atraer capital extranjero o impulsar la inversión en el exterior, que para actuar sobre los precios locales. Cuando el desequilibrio era puramente estacional ello se convertía en una ventaja indudable, puesto que eran preferibles el flujo y el reflujo de los fondos exteriores entre las estaciones de estancamiento y las dinámicas, a las subidas y bajadas de los precios (hiperinflación de Alfonsín). Pero cando ello se debía a causas más permanentes (la industria nacional destruida en los 90) el ajuste era imperfecto, aun antes de la guerra, porque el estímulo a los préstamos externos (Dictadura Militar y Menemismo), aunque restauraba el equilibrio por un tiempo, podía ocultar la gravedad real de la situación (déficits presupuestarios de Cavallo) y permitir que un país viviera más allá de sus posibilidades durante un tiempo muy considerable a riesgo de una bancarrota final (De La Rúa 2001)” (Keynes, 1923)
En próximas publicaciones me dedicaré a explicar cuáles son las teorías de los Economistas liberales que mencioné anteriormente, y cuales las condiciones para que se condigan y se correspondan con la realidad que intentaban –o simplemente pretendían- asociar.
La respuesta sería tan compleja donde cada elemento debería ser cuidadosamente explicado lo cual nos llevaría a la elaboración de toda una saga de ediciones, voluminosos libros, conformando toda una enciclopedia. Esto sería lo correcto para asentar una explicación de tal envergadura.
Lo que acabamos de observar en el párrafo precedente, es lo que se dilata en el seno del enriquecimiento de materia gris social.
Es decir, que cuando existen elementos que se dejan de lado, y que no se explican, esa parte queda sujeta –o más bien, voluble- a la omisión, y tal vez la obviedad. Caeteris paribus, siempre se dejan de lado los mismos eslabones, y es ahí, donde considero que los teoremas nuevos hacen aguas, y no solo en sus bases teóricas, sino también –lo que es peor aun- en la ejecución práctica del mismo.
¿Cómo es posible asegurar algo del cual se obvia las bases?
La pertinente construcción es símil al mecanismo de edificación que un ingeniero lleva a cabo para la ejecución de una obra. Sería tan negligente como imprudente –como inconsciente- el de no asegurarse bien los cimientos y construir por encima.
En las ciencias – y más aun en las sociales- el imprescindible delimitar los supuestos, o premisas, bajo las cuales se espera que los acontecimientos se condigan, o se correspondan –ambos son necesarios- ya que, la comprobación empírica es una de las últimas instancias antes de dar por sentada una teoría. La última instancia, probablemente deba ser la de la aceptación de la sociedad, para lo cual el silogismo generado debe ser cuidadosamente elaborado, y por sobre todas las cosas, sometidas a juicio por la aristocracia democrática.
¿A que nos referimos exactamente con “aristocracia democrática”?
Así como en las ciencias exactas, quienes asisten a las exposiciones de los asuntos expuestos, se consideran por la sociedad como los eruditos en la materia, los expertos, etc. En asignaturas de sesgo sociales, el criterio subjetivo es necesariamente determinante, ya que nadie más que Dios –como ser imaginario- sería capaz de considerarse a sí mismo como dueño de la verdad absoluta.
En cuanto al concepto de “democracia” es lo que viene a paliar e intentar soslayar el vacío que deja la erudición en las ramas de las ciencias sociales. Esto quiere decir, que la totalidad –o la mayoría- de la población y magro de presiones e intereses, debe inquirir en la selección del panel de “jueces” quienes den por aceptada el conocimiento que tratamos de sustraer y desmenuzar.
Con esto queda expresado –por mi voluntad- que la selección de las dispersas corrientes de pensamientos las cuales se enseñan en la sociedad –en todos sus niveles- debe ser rigurosamente sometida a elección pública y popular, ya que el dejar tal elección a simple criterio de una minoría, presume que dicha facción consta del maravilloso don del criterio imparcial puro y absoluto. Sueños y utopías.
En cuanto a la enseñanza económica actual, es un tema bastante más que obviado, donde jamás se cuestiona sobre las corrientes de pensamiento seleccionadas. Tal vez esto explique el cíclico y recurrente trayecto que recorren los resultados obtenidos.
Luego de más de dos siglos, el sector agroexportador sigue sosteniendo sus ideas bajo las teorías de Adam Smith, y los del Sector Industrial sostienen las suyas bajo las ideas de David Ricardo, al son que los funcionarios de gobierno seleccionan políticas económicas aunando a estos dos personajes en los modelos de Eli Heckscher y Bertil Ohlin, ya que el premio Nobel de Economía Paul Krugman se encarga de ahorrarles el trabajo a los economistas locales, torturando y forzando los supuestos seleccionando determinados resultados que se obtuvieron, para así encontrar su comprobación empírica para dar por sentado que los modelos anteriores, realmente funcionan. Esto no es legítimo.
Paralelamente, se intenta ocultar y lograr que pasen desapercibidos, planteos que parecen aproximarse más a lo cierto. Tal es el caso del olvidado John Maynard Keynes, quien desde un escritorio leía sobre el pleno empleo, al son que desde su vista periférica le llamaba la atención las largas filas de desempleados que morían de hambre en las calles grises de Inglaterra en plena Gran Depresión de los años 30’.
Tan sólo por citar una parte de lo anunciado por este sujeto, entre sus palabras pondré entre paréntesis, el referente de las etapas sucedidas en la Argentina a lo largo de los últimos años, a saber:
"El movimiento de la tasa de interés hacia arriba o hacia abajo a veces tenía más efecto para atraer capital extranjero o impulsar la inversión en el exterior, que para actuar sobre los precios locales. Cuando el desequilibrio era puramente estacional ello se convertía en una ventaja indudable, puesto que eran preferibles el flujo y el reflujo de los fondos exteriores entre las estaciones de estancamiento y las dinámicas, a las subidas y bajadas de los precios (hiperinflación de Alfonsín). Pero cando ello se debía a causas más permanentes (la industria nacional destruida en los 90) el ajuste era imperfecto, aun antes de la guerra, porque el estímulo a los préstamos externos (Dictadura Militar y Menemismo), aunque restauraba el equilibrio por un tiempo, podía ocultar la gravedad real de la situación (déficits presupuestarios de Cavallo) y permitir que un país viviera más allá de sus posibilidades durante un tiempo muy considerable a riesgo de una bancarrota final (De La Rúa 2001)” (Keynes, 1923)
En próximas publicaciones me dedicaré a explicar cuáles son las teorías de los Economistas liberales que mencioné anteriormente, y cuales las condiciones para que se condigan y se correspondan con la realidad que intentaban –o simplemente pretendían- asociar.
martes, 24 de agosto de 2010
El otro modelo
A estas alturas del ciclo sinusoidal macroeconómico, la realidad parece demostrar incesantemente que las premisas adoptadas se dan en una situación que no se condice con el espíritu mismo de la acción.
Se sabe, pues, que las teorías económicas subyacen en la merma constante de la producción improductiva –vaya paradoja- de innumerables pseudo-modelos que distan entre sí, sólo y tan solo en la superficie, puesto que la génesis del árbol genealógico matriz, consta de los mismos genes.
Digamos, que lo que se logra inmiscuir bajo las cepas de una incomprendida –quizá- alteración de supuestos económicos, logra sobrevivir cual germen jamás logra ser alcanzado.
Resulta que, la medicina social e intelectual, parece buscar la cura matando al paciente. No tan rápido.
Es común en los lazos fraternales de las ciencias sociales, que se busque con-fundir en la borrasca inmediata, las bases entre lo que reacciona quid pro quo, casi como una constante donde las mismas, se arropan en el antagonismo perpetuo entre las ciencias exactas, de las sociales.
Como hemos insinuado que el ser humano se destaca por su dinamismo, es preciso remarcar que cada ser comienza desde cero en cada llegada al mundo capitalista. Con esto, no pretendemos resguardar la complicidad –tal vez involuntaria- del individuo con las propias consecuencias que de momento a otro, termina por alcanzarlo, casi en efecto boomerang.
En efecto, las reglas de juego bajo las cuales una persona desarrolla su intelecto, carecen del dinamismo cual individuo denosta. He aquí el punto de inflexión donde cabrán las respectivas inquietudes, de si no será momento de poner en tela de juicio, las propias reglas de juego que mencionamos. Correcto.
Sin embargo, el capitalismo no es más que la exponenciación misma, de las ambiciones y las facetas que cada ser porta intrínsecamente en la genética humana.
Es decir, que así como un todo simplificamos algo tan complejo, cabe mención sobre la dicotomía entre los intereses propios al momento en que el boomerang regresa violentamente sobre el actor material.
Sin dudas, que los hechos demuestran cierta reacción –feedback- entre las causas y las consecuencias.
Decimos entonces, que así como el individuo que se encuentra en desventaja –desde sus intereses naturales- intentará revertir tal situación, a contrapartida del otro individuo que perseguirá mantener el statu quo.
Esta es la parte en que se entiende el por qué de la resistencia a someter a comprobación las bases, o reglas de juego, ya que a una parte le resultará el desplazamiento del eje bajo el que sustenta sus ambiciones.
Es decir, que para que suceda la modificación en las bases teóricas, debe suceder la respectiva modificación en lo que hace a la matriz emocional del ser humano y anular así, la ambición. Algo utópico, por cierto.
En lo que hace a la economía, existe entre los modelos de producción, el de someter a una porción de los individuos, al cese de ambiciones y tan solo limitarlo a su apenas subsistir.
El caos, la psicosis social, las corridas y el descreo del compromiso asumido, son herramientas que permiten dar lugar al racionamiento, y aprovisionarse así, las riquezas de cada individuo, con la eventual defensiva por mantener el pertinente statu quo antes mencionado.
A su vez, los salarios –la remuneración al factor trabajo- se ven expuestos a la decisión del verdugo hacia los sometidos.
Es decir, que como las fronteras son libres hacia las demás mancomunidades, el débil poder de absorción de la producción local, es compensada con el poder adquisitivo de otras economías.
Como podemos apreciar, en el primer país, un sector no ve caer sus ganancias, sino que las mantiene al mismo tiempo que la otra porción –en el mismo país- observa cómo se diluye en sus manos, la capacidad de la supervivencia, no sólo de plano biológico sino también metafísicamente.
Con esto comprobamos que el comercio internacional no es el santo grial al desarrollo colectivo de una sociedad, sino que más bien, se torna contraproducente y funge de motor de exportación de pobreza.
Por un lado, los planteos liberales basan sus premisas razonando como si vivieran en autarquía y bajo fronteras cerradas. El efecto derrame no existe, puesto que el sistema tiene una “pérdida” la que llamamos comercio exterior.
Con esto comprendemos el por qué de perseguir la apertura de comercio hacia afuera indiscriminadamente. Por un lado, la apertura de mercado permite que los pequeños productores/vendedores locales compitan contra los productos abaratados por los bajos salarios del otro país, lo cual conlleva a la quiebra de los productores locales o a la competencia vía salarios, lo que deprime el poder adquisitivo local.
No es de extrañar, que se acuñe al concepto de “desarrollo” la exportación, pero esto solo es viable una vez colmada las proporciones de producto/absorción local, y de marras, exportar lo sobrante, a alto precio.
Se sabe, pues, que las teorías económicas subyacen en la merma constante de la producción improductiva –vaya paradoja- de innumerables pseudo-modelos que distan entre sí, sólo y tan solo en la superficie, puesto que la génesis del árbol genealógico matriz, consta de los mismos genes.
Digamos, que lo que se logra inmiscuir bajo las cepas de una incomprendida –quizá- alteración de supuestos económicos, logra sobrevivir cual germen jamás logra ser alcanzado.
Resulta que, la medicina social e intelectual, parece buscar la cura matando al paciente. No tan rápido.
Es común en los lazos fraternales de las ciencias sociales, que se busque con-fundir en la borrasca inmediata, las bases entre lo que reacciona quid pro quo, casi como una constante donde las mismas, se arropan en el antagonismo perpetuo entre las ciencias exactas, de las sociales.
Como hemos insinuado que el ser humano se destaca por su dinamismo, es preciso remarcar que cada ser comienza desde cero en cada llegada al mundo capitalista. Con esto, no pretendemos resguardar la complicidad –tal vez involuntaria- del individuo con las propias consecuencias que de momento a otro, termina por alcanzarlo, casi en efecto boomerang.
En efecto, las reglas de juego bajo las cuales una persona desarrolla su intelecto, carecen del dinamismo cual individuo denosta. He aquí el punto de inflexión donde cabrán las respectivas inquietudes, de si no será momento de poner en tela de juicio, las propias reglas de juego que mencionamos. Correcto.
Sin embargo, el capitalismo no es más que la exponenciación misma, de las ambiciones y las facetas que cada ser porta intrínsecamente en la genética humana.
Es decir, que así como un todo simplificamos algo tan complejo, cabe mención sobre la dicotomía entre los intereses propios al momento en que el boomerang regresa violentamente sobre el actor material.
Sin dudas, que los hechos demuestran cierta reacción –feedback- entre las causas y las consecuencias.
Decimos entonces, que así como el individuo que se encuentra en desventaja –desde sus intereses naturales- intentará revertir tal situación, a contrapartida del otro individuo que perseguirá mantener el statu quo.
Esta es la parte en que se entiende el por qué de la resistencia a someter a comprobación las bases, o reglas de juego, ya que a una parte le resultará el desplazamiento del eje bajo el que sustenta sus ambiciones.
Es decir, que para que suceda la modificación en las bases teóricas, debe suceder la respectiva modificación en lo que hace a la matriz emocional del ser humano y anular así, la ambición. Algo utópico, por cierto.
En lo que hace a la economía, existe entre los modelos de producción, el de someter a una porción de los individuos, al cese de ambiciones y tan solo limitarlo a su apenas subsistir.
El caos, la psicosis social, las corridas y el descreo del compromiso asumido, son herramientas que permiten dar lugar al racionamiento, y aprovisionarse así, las riquezas de cada individuo, con la eventual defensiva por mantener el pertinente statu quo antes mencionado.
A su vez, los salarios –la remuneración al factor trabajo- se ven expuestos a la decisión del verdugo hacia los sometidos.
Es decir, que como las fronteras son libres hacia las demás mancomunidades, el débil poder de absorción de la producción local, es compensada con el poder adquisitivo de otras economías.
Como podemos apreciar, en el primer país, un sector no ve caer sus ganancias, sino que las mantiene al mismo tiempo que la otra porción –en el mismo país- observa cómo se diluye en sus manos, la capacidad de la supervivencia, no sólo de plano biológico sino también metafísicamente.
Con esto comprobamos que el comercio internacional no es el santo grial al desarrollo colectivo de una sociedad, sino que más bien, se torna contraproducente y funge de motor de exportación de pobreza.
Por un lado, los planteos liberales basan sus premisas razonando como si vivieran en autarquía y bajo fronteras cerradas. El efecto derrame no existe, puesto que el sistema tiene una “pérdida” la que llamamos comercio exterior.
Con esto comprendemos el por qué de perseguir la apertura de comercio hacia afuera indiscriminadamente. Por un lado, la apertura de mercado permite que los pequeños productores/vendedores locales compitan contra los productos abaratados por los bajos salarios del otro país, lo cual conlleva a la quiebra de los productores locales o a la competencia vía salarios, lo que deprime el poder adquisitivo local.
No es de extrañar, que se acuñe al concepto de “desarrollo” la exportación, pero esto solo es viable una vez colmada las proporciones de producto/absorción local, y de marras, exportar lo sobrante, a alto precio.
jueves, 19 de agosto de 2010
Sobre la política y la filosofía
Es normal en tiempos que corren, en la cuenta regresiva hacia las elecciones presidenciales, en pleno apogeo de las más absurdas recurrencias psico-somáticas –y más adelante veremos por qué- que persigue los confines surreales del cognitivismo humano. Per se, el individuo como ser activo de la sociedad –directa o indirectamente- se ve severamente acorralado entre la información y la pared.
Decimos, que se libra una batalla en la arena emocional, donde la psiquis se viste de contradicción y prefiere portar una máscara para mimetizarse con el ambiente, que a someterse al pre-juzgamiento social sin que el primer individuo pre-y post juzgue a sus propios jueces.
Luego de esta confusa alteración de órdenes que no llevan hacia ningún lado –de plano utilitarista, sólo existencialmente- podremos determinar que el ser humano promedio se ve severamente influenciada bajo los pasos a seguir que el gigante y apócrifo némesis llamado “medio de comunicación” marca al comienzo de cada día, y cierra cada noche.
Vemos, que las contradicciones humanas se dan de plano intrínseco, mediante el cual la razón y pues, la lógica, se enfrentan con la racionalización del pensamiento que estampa la cultura en el desarrollo de cada ser humano.
Bastará tan solo, con el simple ejercicio de repreguntarse el por qué de las cosas, para desmenuzar una afirmación que se establece en el seno de la colectividad, para arribar así hasta los orígenes que componen el silogismo y la matriz de cada “verdad” que se instala.
Con todo, suponemos que en cada derivado de las ciencias sociales, y por tal, no existe tal verdad absoluta, sino más bien, la profundidad en la búsqueda de la verdad misma. Ipso facto, cada individuo desde su postura, tiene dos posibilidades:
Una, aceptar la verdad de otro individuo y tomarla como propia, esto se llama “creencia”.
Y dos, reconstruir su propia verdad, conjugando las premisas, con las creencias, y éstas fundiéndolas con la verdades, a las cuales las tomaremos como empíricas –es decir, lo que efectivamente sucedió y no se puede negar- para dar lugar así al propio “conocimiento”. Esta conjunción, es lo que da lugar al conocimiento en ciencia social, es decir, la “epistemología” –como bien planteó Platón -Teeteto, 202, b-c-.
Al limitar el espectro cognitivo a tan solo estas dos posibilidades, podemos suponer que cada afirmación queda sujeta a las creencias y supuestos que se instauran y acoplan sucesivamente a cada paso del tiempo.
Actualmente, limitar las afirmaciones en asuntos de política, al simple ejercicio de creerlas y reproducirlas en efecto dominó, es casi un error tan grave como la propia consecuencia que trae la ejecución de un plan perverso. Entonces, equiparamos la misma consecuencia de dos causas diferentes. Por un lado, la ignorancia y por otro, la perversidad.
Si lo que se pretende corregir es la consecuencia actuando ex-post, las causas serán constantes, sistémicas y síncronas, pues, el ser humano es dinámico, y los supuestos económicos trabajan estáticos bajo determinadas premisas.
Cabe preguntarse y repreguntarse ante cada afirmación, los fundamentos de la misma, y repreguntarse mediante un simple “¿por qué?” para encontrar el eslabón perdido que nexa entre las teorías y el fin mediato –véase también como “interés”- ya que los albores de cada elemento que se pretende transmitir, consta de un interés –sea de la calaña que sea- pues, los acontecimientos en sociedades numerosas, son tan infinitos como los diversos enfoques que cada persona pueda dar a la situación que percibe. De esto se desprende, que lo que se transmite sorteó previamente, una serie de filtros. Esto es “Costo de Oportunidad”.
El hostigamiento permanente del intelecto, acuñado perversamente por los prejuicios inculcados en el desarrollo y realización del ser humano desde su niñez, propende a incubar en la auténtica integridad individual, una imagen y una matriz lógica que no se condice con los resultados del simple ejercicio de la auto-cuestión. La lógica propia se torna antagónica con ese falso sistema de razonamiento.
Decimos que el sistema de razonamiento es falso, porque es impuesto a la fuerza, desplazando la genuina capacidad razonadora.
Al momento en que el ser humano constata que no existe correlación entre la verdad que le pretenden hacer creer, con la verdad que él mismo es capaz de elaborar. Por tal, ante el perverso castigo con el que es sometido cada individuo en la sociedad, es decir, el “prejuicio”, esto último es el principal impedimento hacia la realización espiritual del ser humano.
Así como las creencias que se instauran en la sociedad, cada intento por ignorarlas y desafiarlas, resultan de “rebelión” ante el rebaño. La persona, como ser gregario, es quien debe ser sometido –o lo someten- al juicio para con el resto de la comunidad, hasta tanto sus conceptos sean aceptados por el resto, independientemente del ejercicio individual y auténtico de cada ser que conforma “el resto” por sentar a rigor científico, cada creencia que le vino dada.
Digamos entonces, que el “sentido común” carece de comprobación empírica que aproxime a una “verdad” más convincente, si se basa en creencias.
Retomamos entonces, que el ser humano para convivir en sociedad, debe encuadrarse en los preceptos del huso común, aun así cuando su propio pensamiento contraste directamente con lo estipulado.
Es decir, que la persona por la simple necesidad de “encajar” se ve obligada a interpretar y asumir un papel y rol que carece de pertinencia con su propia integridad, lo cual emocionalmente terminará por implotar. Esta eclosión interna, de plano existencial, es lo que somatizará –como citamos al comienzo- si no es apaciguado por la voluntad de imponer una nueva verdad: su verdad.
De todas formas, si la respuesta recibida ante el cuestionamiento de las “verdades” en materia de ciencia social, digamos, preguntando “¿por qué?” al individuo que porta dicha “verdad”, es: “porque sí” entonces no quedará más remedio que librar una batalla, no por imponer nuestra propia verdad, sino por lograr que este portador de supuestas verdades, deje de lado la creencia –racionalización del pensamiento- y de paso a un tortuoso ejercicio de pensamiento puro y de plano empírico.
Decimos, que se libra una batalla en la arena emocional, donde la psiquis se viste de contradicción y prefiere portar una máscara para mimetizarse con el ambiente, que a someterse al pre-juzgamiento social sin que el primer individuo pre-y post juzgue a sus propios jueces.
Luego de esta confusa alteración de órdenes que no llevan hacia ningún lado –de plano utilitarista, sólo existencialmente- podremos determinar que el ser humano promedio se ve severamente influenciada bajo los pasos a seguir que el gigante y apócrifo némesis llamado “medio de comunicación” marca al comienzo de cada día, y cierra cada noche.
Vemos, que las contradicciones humanas se dan de plano intrínseco, mediante el cual la razón y pues, la lógica, se enfrentan con la racionalización del pensamiento que estampa la cultura en el desarrollo de cada ser humano.
Bastará tan solo, con el simple ejercicio de repreguntarse el por qué de las cosas, para desmenuzar una afirmación que se establece en el seno de la colectividad, para arribar así hasta los orígenes que componen el silogismo y la matriz de cada “verdad” que se instala.
Con todo, suponemos que en cada derivado de las ciencias sociales, y por tal, no existe tal verdad absoluta, sino más bien, la profundidad en la búsqueda de la verdad misma. Ipso facto, cada individuo desde su postura, tiene dos posibilidades:
Una, aceptar la verdad de otro individuo y tomarla como propia, esto se llama “creencia”.
Y dos, reconstruir su propia verdad, conjugando las premisas, con las creencias, y éstas fundiéndolas con la verdades, a las cuales las tomaremos como empíricas –es decir, lo que efectivamente sucedió y no se puede negar- para dar lugar así al propio “conocimiento”. Esta conjunción, es lo que da lugar al conocimiento en ciencia social, es decir, la “epistemología” –como bien planteó Platón -Teeteto, 202, b-c-.
Al limitar el espectro cognitivo a tan solo estas dos posibilidades, podemos suponer que cada afirmación queda sujeta a las creencias y supuestos que se instauran y acoplan sucesivamente a cada paso del tiempo.
Actualmente, limitar las afirmaciones en asuntos de política, al simple ejercicio de creerlas y reproducirlas en efecto dominó, es casi un error tan grave como la propia consecuencia que trae la ejecución de un plan perverso. Entonces, equiparamos la misma consecuencia de dos causas diferentes. Por un lado, la ignorancia y por otro, la perversidad.
Si lo que se pretende corregir es la consecuencia actuando ex-post, las causas serán constantes, sistémicas y síncronas, pues, el ser humano es dinámico, y los supuestos económicos trabajan estáticos bajo determinadas premisas.
Cabe preguntarse y repreguntarse ante cada afirmación, los fundamentos de la misma, y repreguntarse mediante un simple “¿por qué?” para encontrar el eslabón perdido que nexa entre las teorías y el fin mediato –véase también como “interés”- ya que los albores de cada elemento que se pretende transmitir, consta de un interés –sea de la calaña que sea- pues, los acontecimientos en sociedades numerosas, son tan infinitos como los diversos enfoques que cada persona pueda dar a la situación que percibe. De esto se desprende, que lo que se transmite sorteó previamente, una serie de filtros. Esto es “Costo de Oportunidad”.
El hostigamiento permanente del intelecto, acuñado perversamente por los prejuicios inculcados en el desarrollo y realización del ser humano desde su niñez, propende a incubar en la auténtica integridad individual, una imagen y una matriz lógica que no se condice con los resultados del simple ejercicio de la auto-cuestión. La lógica propia se torna antagónica con ese falso sistema de razonamiento.
Decimos que el sistema de razonamiento es falso, porque es impuesto a la fuerza, desplazando la genuina capacidad razonadora.
Al momento en que el ser humano constata que no existe correlación entre la verdad que le pretenden hacer creer, con la verdad que él mismo es capaz de elaborar. Por tal, ante el perverso castigo con el que es sometido cada individuo en la sociedad, es decir, el “prejuicio”, esto último es el principal impedimento hacia la realización espiritual del ser humano.
Así como las creencias que se instauran en la sociedad, cada intento por ignorarlas y desafiarlas, resultan de “rebelión” ante el rebaño. La persona, como ser gregario, es quien debe ser sometido –o lo someten- al juicio para con el resto de la comunidad, hasta tanto sus conceptos sean aceptados por el resto, independientemente del ejercicio individual y auténtico de cada ser que conforma “el resto” por sentar a rigor científico, cada creencia que le vino dada.
Digamos entonces, que el “sentido común” carece de comprobación empírica que aproxime a una “verdad” más convincente, si se basa en creencias.
Retomamos entonces, que el ser humano para convivir en sociedad, debe encuadrarse en los preceptos del huso común, aun así cuando su propio pensamiento contraste directamente con lo estipulado.
Es decir, que la persona por la simple necesidad de “encajar” se ve obligada a interpretar y asumir un papel y rol que carece de pertinencia con su propia integridad, lo cual emocionalmente terminará por implotar. Esta eclosión interna, de plano existencial, es lo que somatizará –como citamos al comienzo- si no es apaciguado por la voluntad de imponer una nueva verdad: su verdad.
De todas formas, si la respuesta recibida ante el cuestionamiento de las “verdades” en materia de ciencia social, digamos, preguntando “¿por qué?” al individuo que porta dicha “verdad”, es: “porque sí” entonces no quedará más remedio que librar una batalla, no por imponer nuestra propia verdad, sino por lograr que este portador de supuestas verdades, deje de lado la creencia –racionalización del pensamiento- y de paso a un tortuoso ejercicio de pensamiento puro y de plano empírico.
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