jueves, 15 de diciembre de 2016

El Sexo tabú



Testosterona y estrógeno, dos simples y complejas hormonas que definen la supervivencia del ser humano como otro animal más en este des-reino de especies y subespecies.

La musculatura y las aptitudes físicas que trascienden a los individuos y este caso específico al mamífero, sucumben ante los interrogantes más simplistas que anidan en el escollo visceral del ser humano.

Por caso los dilemas irresolubles para la humanidad redundan siempre y por siempre en las inmediaciones de la sexualidad como el eslabón perdido que tiene a la evolución como sujeto torturado en el Guantánamo de la providencia.

Digamos que toda actitud humana se encuentra atravesada por un trasfondo sexual, en definitiva, aquella actividad que permite la supervivencia de cualquier especie siempre en medio de la adaptabilidad al cambiante ambiente que le hace de sustento bajo sus pies.

Es decir que la clave es adaptación, y como subsiguiente la recolección de información que se desarrolla como código fuente en el genoma humano.
Sólo el más apto sobrevive. Parece el principio vector de la supervivencia en general.

Si todo comportamiento humano se direcciona con un sinfín de variables que convergen siempre en el fin último de la reproducción: ¿por qué entonces el sexo es un tabú?

La respuesta subyace en el párrafo y enunciado reciente.
Simplemente porque para reproducirse, el cerebro humano debe realizar el arduo trabajo de recopilar información, analizar la antecesora que dio conformación a su actual vida, y proyectar sobre el cambio especulable que el medio le condiciona.

Una vez compaginada la información genética entre los escenarios posibles, la oferta feromonal es echada al aire como la moneda en una subasta que tiene al ser humano como objeto mercancía, muy por detrás de los preceptos socio-culturales que dictaminan la conducta humana en el contexto que lo tiene como rehén.

El sexo se torna un tabú entonces, porque solo cuando cierran los números en el cerebro, instruido el subconsciente e interpretado por la consciencia es cuando la sexualidad es liberada en plaza donde el cuerpo y aquello otro que hace al a supervivencia y que permita una proyección de su descendencia, libera la animalidad humana en los andamios del ajetreo que rechina en una cama o en la mesa del comedor en un frenesí salvaje ya no pudoroso.

Cuando menos tendríamos que pensar racionalmente que todo aquello que nos produzca placeres mundanos, físicos y al alcance de la percepción sensorial debieran interpretarse como información que va y viene como respuesta entre el cerebro y la consciencia.

Por último, cuando nuestra sexualidad se encuentra plena, en un ser humano adulto y maduro, debemos entender que nuestros genes estarán aptos para reproducirse con aquel otro ser humano que nos dilata las pupilas y nos muestra las cartas en una partida entre la mente y la subconsciencia.



viernes, 16 de septiembre de 2016

Jaque



Sola en un bar ella estaba, sentada de costado con una leve inclinación en señal de derrota, cabizbaja no comprendía, o tal vez lo hacía pero se resistía a entender…

Una pausa indeterminada, era eso, se encontraba detenida mientras todo giraba en derredor, el mundo continuaba y nada importaba, nadie existía para ella mientras sollozaba su alma como en una profunda eternidad…era un sueño surrealista sin principio ni final

Muecas de resignación, suspiraba en vano, bufaba mirando la mesa donde se acodaba con su mejilla apisonada por el puño que la sostenía mientras observaba sin comprender un tablero donde no había nada, sólo líneas verticales y horizontales donde suele jugarse el ajedrez

La fuerza la dejaba como un amor no correspondido que se diluye por las rendijas de lo indefectible, era irreversible solo mutaba el paso del tiempo donde nada pasaba para ella mientras observaba con atención el tablero donde solía jugar ajedrez

Por el rabillo de un ojo que nítida veía la sombra de la suerte que la vino a buscar, impaciente la sujetaba del brazo con virulencia incomodando al entorno con una escena de regaños tirando la taza de té, derramándose fría por la ajada madera de aquella vieja mesa de bar donde solía jugar sola al ajedrez

Con un fuerte jalón logró divorciar la silla de la incertidumbre quien derrotada se encontraba en jaque con el peor castigo de los infiernos que ni el propio Dante imaginó, reteniendo su sentencia a la pausa de un mate que no llegaría jamás, ahora rebufaba, ya nada quedaba para ella, la esperanza la traicionó y le soltó la mano que la ataba al tablero de ajedrez ahora recostada sobre el sucio piso de granito de aquel bar de mala muerte

La incertidumbre supo que el momento llegó y hasta la ejecución de su proceder se encontraba en un intervalo de eternidades, el juego había terminado y solo podía aferrarse a la frustración que ansiosa la aguardaba tras el escritorio de una oficina pública para derivarla con un superior que no existía, confinada a aguardar tras el turnero que no indicaba números ni nada, era la próxima pero eso nunca ocurriría

Bien supo la incertidumbre que no había ya alternativa, no había categoría ni juicio de valor que le asesorara una salida, la letra chica del contrato solo decía “buena suerte” mientras observaba su reloj de muñeca donde veía las manecillas moverse mientras nada más lo hacía a su alrededor, porque en aquella partida de ajedrez estaba sola jugando contra su propia culpa, mientras todos pasaban y ella se diluía en el cotidiano azar que nos observa detrás del mostrador.


lunes, 23 de mayo de 2016

La traición

Como bien expresó el filósofo Arthur Schopenhauer, de algunas personas vale más ser traicionado que desconfiar.

Algunos pensadores se pronuncian sobre la traición como algo consumado desde el momento de su contemplación.

El ser humano es una especie como cualquier otra que manifiesta mensajes casi imperceptibles desde la postura, la gesticulación facial y otrora vicisitud aterida al lenguaje corporal.

Los estados emocionales como producto de las contiendas pírricas entre la mente y aquello otro románticamente socavado como corazón, redundan en virtud de la necesidad de quien arremete, empero sosegada la culpa con rebuscados conceptos y preceptos abortados de la moral con la que de por sí, ya el concubinato les resulta insoportable.

Las aptitudes físicas y mentales por momentos aparentan reñir los recursos que anidan en el mapa genético del ser humano del cual se termina perfilando una proporción cuya configuración salta a la vista como una pintura de arte abstracto.

Sin embargo, la lectura implica la capacidad de comprensión ya que todo aquello que escapa al espectro sensorial de una persona en pos de interactuar, recae en la creencia y por momentos el simbolismo que se diluye por las cloacas de lo anecdótico.

De marras, la preservación del equilibrio emocional pendula con virulencia en los nebulosos valles de la soledad, que simbióticamente se aferra a la suerte de un individuo que confunde su estreñimiento cognitivo con una debilidad fáctica de supervivencia gregaria, del que no logra apropiarse de recursos que anhela y/o necesita.

Ante la encrucijada y la rendición a los laberintos que la competencia lo sume, rendido y entregado a sucumbir ante el recurso mas elemental de cualquier especie en este planeta, se remite a la agresión. En este caso, incendia el laberinto consigo mismo, a sabiendas de las consecuencias ineludibles de apelar a tamaña treta.

Puesto que el ser humano se diferencia de otros mamíferos por la marejada de su consciencia, no encuentra mejor alternativa que apelar al primo hermano de la traición, a saber: el engaño.

Si no se puede convencer, hay que confundir, suele citarse en la jerga de la supervivencia social, casi coqueteando con la sociopatía manifiesta e inefable que la debilidad mental incuba como cláusula de garantía.

Después de todo, la moral y la ética son inventos del ser humano para convivir y sobrevivir entre los demás frente a recursos escasos. Los tabúes irresolubles de la moral son tan amplios como las opciones de fingir una sonrisa adosada a un halago que revisten del terciopelo de la funda de un puñal.


jueves, 14 de enero de 2016

Soldaditos de plástico

Sera quizás la condición humana o tal vez el resultado de variables inherentes al genoma que la proyección del yo sobre los que nos rodean nos siente en una butaca presenciando un acto de nuestras vidas que no concluyó.

Los seres humanos, o el arquetipo de eso que vemos y palpamos es o son la expresión inocua de los estados de humor y/o gracia de una fuerza superior que juega con nosotros como soldaditos de plástico en una guerra contra la nada misma que negamos a regañadientes.

El silencio es arrojado como un naipe sobre el flagelo del ser y la angustia de ser, como en una partida amena entre crupieres que abstemios exhalan humo de tabaco producto de la ansiedad que las personas fabrican como en una tabacalera floja de papeles.

Una y otra vez nos vemos sucumbir y fenecer reencarnando en algo inexplicable pero entendible que solo un ávido esgrimista de la filosofía es capaz de autoconvencerse de jugar sin rival y hacer sombra frente al espejo de la vida.

Sin embargo las pesquisas de aquello que nos avergüenza juega un rol clave en el guión que virtuosos interpretamos en un precario taller de teatro resurgido en el san telmo de nuestra alma.

Penada y finada nuestra esencia vaporamos en los recuerdos de quienes nos complementan y quienes recapitularán la densa selva que nos depara nuestro peculiar destino de incertidumbres y dudosas certezas, mientras se trazan sobre nuestros avejentados rostros caminos que la vida nos invita a recorrer, mientras nuestra mente nos hace tomar partido en el pelotón de un niño que enojado con sus padres nos proyecta en la vereda de sus miedos.


martes, 29 de diciembre de 2015

Irse

Acá estoy, y cuando recibas el mensaje ya estaré en otra parte. Tal vez físicamente esté ahí pero mi mente como bien sabes, vuela, y estará surcando los confines del infinito.

Tal vez sientas al pasar un aroma a misterio, a algo inconcluso, unos puntos suspensivos en tu historia que te acompañará a lo largo de tu vida, ese no se qué que te atormentará cuando te sientes a pensar y pensarte.

Sin embargo el mientras tanto es hostil, es vago e inalcanzablemente indiferente que te exaspera, porque aunque puedas vivir sin controlarlo todo, el todo mismo o la nada tienen su límite. Queremos ser libres pero no tener límites marcados y definidos nos vuelve vulnerables. Este es el dilema que subyuga al ser humano, y lo que mas te perturba es que este ser lo haya resuelto por decreto.

En el ahora querés correr lejos pero con elegancia, querés aceptar el miedo pero sin que te avergüence, y ya es tarde, porque como al principio dije, cuando recibís el mensaje ya es tarde, ya voló lejos.

Y lo que hoy te enfurece cada situación, cada momento de despotismo y arrogancia se desglosan en un sinfín de variables que son estadísticamente improbables, no obstante convergieron por el arte del azar y conformó un aura mística en derredor de este ser inalcanzable que te atrapó cuando se fue de tu vida.

Dejó migajas de pan en el frondoso bosque donde estas perdida, donde no hay caminos delimitados porque querés ser libre, pero también te vuelve vulnerable. Lloras a escondidas por los rincones de tu mente, necesitas el aplomo pero lo incierto tiene su precio.


Tu mente bien sabrá a fin de cuentas cuando redactes el prólogo de tu vida, que algo te marcó para siempre, un felino rígido, indoblegable, espurio, inflexible y autoritario, dócil pero momentáneo, que se va y no deja de irse de sí mismo antes que hacerlo de vos. Pero es inolvidable, que purga las vicisitudes previas, las anula a cero y te fascina desde que despierta a tu lado con las sabanas tatuando temporalmente su piel y su musculatura, hasta que te ve cerrar tus ojos mientras pensás que ahí está físicamente pero su alma ya voló lejos.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Su ciervo: el confortable aplomo del subyugar

Síndrome de Estocolmo, temor/amor al amo, un juego de palabras y un vano recuento de pavores sellados por la saliva inquieta en el cuarto oscuro de su escueto designio.

De costado en un reducto se bambolea una afrenta a la indulgencia que arrecia sobre sopesados escritorios en alineación geométrica a esas cajas donde viven y mueren de 9 a 18 horas.

Un altibajo tapial que divide las aguas en su micro-universo, cuya distancia de franqueza media entre las cejas y el contorno de sus bocas cuya línea se arquea coqueteando con la debilidad emocional que los invade.

El reflujo de la falsedad los azota en el galeón sobre rechinantes ruedas sobre cual se narra una épica cruzada existencial por el santo grial cuyo elixir vaporea reducido en cafeína.

Abrazados al péndulo del reloj se sienten confortados y resguardados, fundidos en un maternal abrazo y fraternal despojo de sí mismos, susurrando clemencia a la incertidumbre del afuera donde espera el banquillo de los acusados, donde no hay jurado ni sentencia mas nunca verán la luz del sol menguando en el ocaso de su espíritu.

La subconsciencia y el habla, un divorcio irrevocable y una estéril esperanza vacua que se repliega en armoniosa relación de aspecto como los ladrillos de un muro sobre el que escalan para des-encontrarse consigo mismos y refrendar aquella sombra que persiguen aguardando alguna respuesta a una pregunta que nunca lograrán formular.

Escozor, el sinsabor y el acre gusto del óxido que resurge de una forzosa empatía de camaradería  asintiendo al escupir acordes en ofensa al silencio que algunas sépticas y mortecinas mentes profanan con entusiasmo, mientras sus contorneados cuerpos dibujan una finta a escasos metros del galeón donde viven y mueren de 9 a 18 horas.

El tiempo no transcurre para ellos porque los cuerpos inertes gravitan en derredor a la línea de tiempo y espacio donde interactúan como por arte de lo circunstancial, siguiendo y cumpliendo a rajatablas el mandato moral sobre el que moran y pernoctan indefinidamente mientras aguardan impasibles el rancio beso que los despertará de aquel sueño y resurgir sobre el cenicero de su alma.

Rutilantes, el yugo los contiene de la pena por vivir y verse cara a cara con sus miserias, pero ahí van, a distancia simétrica, cerca pero lo suficientemente distantes entre sí como para no recaer en lo vulgar del pertenecer, porque bien entienden al creer ser diferentes, imprescindibles, irreemplazables, consortes de la soledad emocional hacen mella en los confines de la trena que los depara.

Sojuzgan, aman y odian-se, supuran y enconan arremetiendo contra lo que son una y otra vez, hasta el hartazgo, se vanaglorian frente a sí, y huelen las nítidas flores en dos dimensiones donde viven y mueren, de 9 a 18 horas, hasta sucumbir sus baterías y entender que otro día los acerca a la hora de la verdad.


La hora de emprender el retorno hacia la nada, abandonar la rutina del ser, y sollozar en la penumbra, revolviendo lo que les trae la marejada, a orillas de la ausencia, lejos ya del galeón donde narran sus líricas desventuras de la jornada, empapados del relente que avizora el tata dios en altiva afrenta de mansedumbre existencial.


lunes, 23 de noviembre de 2015

El caleidoscopio

De la expresión del horror facial a la sonrisa social, solo hay un paso…o dos.

Esa turbia agua en estado de ebullición latente que es el ser humano y su mente como una olla a presión constante fuerza la válvula de alivio con una arritmia emocional a la vera del destello de una pantalla que ilumina la poca vida que reside en ese individuo.

Prisioneros de su abismo con un pie en la demencia y el otro en una zona wi-fi, caminan erguidos por el sostén virtual de una interesante vida cual nunca tendrán.

Encerrados en un caleidoscopio van y ven sus reflejos pasar, cada persona que acontece sus diminutas anécdotas que llevan por espíritu se re-proyectan en un vacío donde sólo ven una pequeña parte de sí mismas, sobre quienes expresan ese horror o esa sonrisa social.

Autoestima frágil como un castillo de naipes son capaces de torturar por conseguir una caricia al ego constantemente, sabiendo que a oscuras y con el físico cansado y abatido por la rutina, los aguarda uno de los 3 jueces del infierno con quienes conviven a diario. Su consciencia.

¿Qué hiciste hoy con tu vida?... ¿por qué? Fundamente su respuesta. Es el cuestionario que todo burgués prefiere evitar. Se reportan enfermos, enferman, se enferman, no se presentan a rendir, buscan otra mesa…pero a fin de cuentas, quien toma examen es su misma mente. De eso nadie escapa.

Estrategias por sobrevivir a sí mismos, deambulan perdidos en un sinfín, no son más que materia orgánica, un sinnúmero de microorganismos coincididos y confabulados para dar origen a lo que se conoce como vida, nada más que eso. Un montón de partículas que se ven las caras por obligación y comparten un reducido espacio y tiempo, que vistos en perspectiva parecen un todo.

En realidad no son nada, no son nadie, sólo son un montón de individuos que de lejos parecen algo colectivo, sólo miran su ombligo y cuando no hay nada allí, apelan a una sonrisa facial frente a otros pares de los cuales se terminan rodeando…pero claro, hasta que aparezca otro cristal en ese gran caleidoscopio donde ven que también son mucho menos que eso, u otra cosa que socialmente es políticamente incorrecta, pero a fin de cuentas solo ven una proyección de sí en otra perspectiva, sobre la cual expresan horror.


Sólo son átomos, están de paso en esta era, pero todos están distanciados y a distancia parecen un todo, parecen algo colectivo, pero no lo son, nunca lo serán. Hasta que, claro, deban aparentarlo.