jueves, 3 de septiembre de 2015

La muerte es sólo una transición

El alma se enferma, polvorienta y fugaz embellece las distancias y sucumbe la estrecha relación entre el objeto y el sujeto, cuando éste último torna-se oneroso y comercializado vía imágenes por instagram.

Desde el inframundo se oye el estertor de una esencia que partió al averno siquiera antes de rendirse. Claudica con vehemencia, mudo y sordamente grita con el murmurar de sus vagos recuerdos de algo de lo que ni siquiera estuvo segura.

Sin embargo a paso constante se dirige hacia el final del juego, desahuciado escindido de sí mismo con el manual de reglas bajo el brazo que con sus últimas fuerzas carga cuesta arriba sin terminar de comprender que el libro lo escribió alguien más.

Signada ya por la virulencia de sus tormentos matinales decide echar un último vistazo a su detrás.

Se precipita solemne con sus ensangrentadas manos por el rasguñar del ataúd del que nunca supo escapar, porque nunca comprendió que los límites yacen en la mente de cada quien, y se sonroja del pudor ante falsos aplausos que emergen de las alcantarillas de su frágil y marchito ego.

Cristales funden un arcoíris en las sombras donde se auto flagela con esquirlas de una bomba de tiempo que cargó todo este tiempo. Los últimos granos de arena decantan del reloj poniendo fin a algo que ni siquiera tuvo origen. Un paso doble de malambo arrancado de la fiesta pagana del egoísmo.

Se estremecen los nudillos mutilados y abatidos por querer arrancar de cuajo los hierros que preservan su corazón donde sólo encontró una nota suicida redactada por su finada subconsciencia, auto ejecutada por la negación y la ceguera que los espejos de colores le propinó.

Y sin embargo continua su marcha, el libro ya se esfumó cuando dio vuelta su última página para encontrar recién el prólogo de algo que nunca fue. Era un juego y no supo jugar, confundió el reglamento como un novato crupier que desafía al diablo por viejo más no por sabio.

Redunda en los confines de un algoritmo que nunca resolvió, una encrucijada existencial que perdió por abandono frente a la sombra que lo persiguió tan solo para decirle que su mejor espejo siempre fue una ventana cuyos postigos desvencijados rechinaron por última vez en la tormenta perfecta de su insegura esencia.

Creyó creer estar creyendo en una creencia que le susurraron al oído mientras dormía en los aposentos del lupanar donde vio prostituir su coraje por un puñado de esperanzas en un cheque diferido de tiempo y espacio.


Finalmente llega al abismo y con inusitada gracia acomoda su cabello hacia un lado, frota las palmas y en una escala pentatónica se lanza vacío al mismo vacío donde no quiso mirar desde el momento en que confundió el sueño de su realidad.


martes, 1 de septiembre de 2015

La inseguridad existencial. El arte de atacarse en defensa propia.

Sucumbe ante la gravedad una escarlata gota de sangre en las paredes internas de la mente, y se refleja un haz de luz tenue que contrasta el frío gris de un alma atormentada por sí misma.

Casi como fotones de oscuridad se vislumbran en el seco rostro que solloza por los rincones de su soledad, juzgando cada espejo donde suele verse reflejado, aunque esos ojos sean las ventanas del alma que ya no está.

Los seres humanos se repliegan ocupando la vista periférica mitigando la incertidumbre de verse y encontrarse solos consigo mismos, aunque quizás una perspectiva más lejana los ilustre como especies individuales encontrados por sentimientos sórdidos que los disipan de sí mismos.

Es un caleidoscopio que repite la misma imagen en un sinfín de perspectivas que tan solo reflejan al mismo objeto, ya que no obstante de ello, quien observa no deja de percibirse triste y sólo.

El libre albedrío es quién atenta contra la frágil estructura de naipes donde yacen las relaciones por conveniencia. Sí…conviene preservar aquella relación, pero el lazo endeble que la une la torna enfermiza y carece de genuinidad al entender que no es propietario sino un mero socio en contrato de adhesión mutua.

Ahí van de la mano, o algo parecido, de un lazo quizás revestido de alguna carátula que reduzca al entorno al mínimo, gregario y sectario…un manojo de seres contados con los dedos de una mano donde caminar en círculos, cuya palma nos albergue en el seno del confort y protegidos de la soledad que tanto tememos.

Pero a fin de cuentas, estamos atravesados por un interés transitorio, que transita conforme pasa el tiempo y nuestro mundo gire sobre su eje ubicándonos en tiempo y espacio. Un contexto poco favorable para los vaivenes de un alma que deambula en pena por los pasillos de la inseguridad existencial.


lunes, 24 de agosto de 2015

La amistad: falsa esperanza de una proyección que no está

Teléfono descompuesto. Una conversación entre locos, una escondida con un amigo imaginario que le hace daño con sus propias uñas.

El miedo a la soledad no es tan abrumador como el miedo hacia uno mismo. Es la caja de pandora que inhibe hasta a la propia curiosidad.

Sin embargo, pensar que esconderse y perderse entre la multitud pudiera despistar a la parca que subyace en la consciencia –también es juez y verdugo en la subconsciencia- peca de tanta inocencia que hasta un infante agacha la cabeza en signo de sumisión frente a las hormigas sosteniendo la lupa de la vida.

Tal es el caso del miedo hacia uno mismo de reconocerse, que los espejos resultan equivalentes a las cruces para los poseídos, no los pueden ver, les provocan dolor, con la diferencia que estos últimos saben bien el por qué, mientras que los primeros se rinden a la especulación. Hay mas qué perder que de ganar. Esto último sí lo tienen en claro.

La autoestima de estos seres carentes de amistad, lo son porque por principio no se quieren ni confían en sí mismos y se asemeja a la precariedad de un lupanar, donde las prostitutas son su propia dignidad  y donde existe una sola cortina que es el propio velo que cae de su cabizbaja frente ya marchita por la soledad.

El frio no cede y el otoño le hace una finta cósmica a la venida sanadora, aquel placebo que reside en la angustia oral y los placeres mundanos que sólo la alta sabe anfitriar. Charolas que rechinan y bellos ocasos que se funden en las grietas de cielo que un hermoso nogal nos convida, tatuando el prolijo césped con triviales muecas de pop-art en el country de nuestra penada alma.

De continuar con la función hasta la sonrisa del tristemente célebre payaso se desdibuja y la lágrima dibujada se vuelve cada vez más real, porque cuando el telón caiga se oirán sordos aplausos en una consagración sórdida donde el único espectador es la propia subconsciencia, que aburrida le saca filo a su guadaña para ganar unos segundos a pesar de prescindir de tiempo…ya que como juez del infierno, perdurará por siempre tanto como el olvido que este payaso engendra mentira a mentira.


Ya azorado por la triste realidad, decide levantarse temprano fingiendo disfrutar la mañana para mentirse a sí mismo y hacerle un guiño al espejo donde no ve a nadie esperándolo con un mate.


viernes, 17 de abril de 2015

La psicópata del caniche toy

Un espejo dentro de una pecera. Esto equivale a verse y proyectado a sí mismo dentro de un cubo de vidrio. Casi una metáfora de la vida misma, entendiendo que nuestro límite y única certeza es la muerte.

Sin embargo, el miedo es un mecanismo natural de los seres vivos cuando presienten el peligro y la exposición de su vida cuando el genoma está configurado para sobrevivir de cualquier manera.

Entonces, entendemos que la monotonía conlleva indefectiblemente al vacío existencial que todos albergamos y que cada uno con sus distintos caminos intentan mitigar. De hecho, el entretenimiento es una forma de disuasión del pensamiento auto-indagatorio que nos confina a sufrir por las malas decisiones, por la soledad, incubándose así una enfermedad mental que crece día a día.

Soportar tanto flagelo no es para cualquier mente. No todas resisten.

La frustración por no verse reflejado en esa pecera como uno quisiera, conlleva a determinados individuos a escurrirse por la tangente. Por un lado, echar culpas ajenas por la acción o inacción –que para el caso, ambas son decisiones- y por otro, evadirse y proyectar lo que no somos en un tercer ser/objeto.

La soledad emocional es en parte una carencia de la inteligencia social que no todos los seres logran desarrollar, dicho sea de paso, no se desarrolla por una inacción envuelta en desidia, o por un problema neurológico que es absolutamente ajeno a la responsabilidad de ese ser.

En lo que concierne a la disuasión o auto-evasión, algunas personas recurren a la idealización que coquetea con lo absurdo exponiéndose así mismo a la humillación y la extroversión social arriesgando la integridad que culmina por repeler a los demás, donde la soledad solo decanta en un tamiz social, aglomerando las personas como el ser gregario que es.


En este rebaño marginal, se aglutinan por una fantasía a la que se inducen en una versión metafórica del coma farmacológico, al mismo tiempo que su enfermedad mental incubada ya disputa una parte importante de la subconsciencia que a su vez engendra odio y resentimiento por no poder salir a la luz.

Imagínense que este sujeto interno rebosado de odio y desdén tiene que soportar escuchar a Axel o Arjona mientras lo hacen pasear y hablarle con voz de pito a un caniche toy.


martes, 14 de abril de 2015

De la timidez infante a la desnudez cognitiva

Dícese del verborrágico como aquel individuo desbocado, abiertamente desinhibido a la oratoria y que lo realiza con frecuencia.

En tal caso, la verborragia en sí misma coadyuve la realización del ordenamiento mental del mensaje que ha de confabular con las partículas de aire, en pos de una melodía sustanciosamente digerible por el interlocutor de turno.

Digamos entonces, que en aquella singularidad de la sinapsis se vanagloria ipso facto, la luminosidad que un ser soberbiamente ostenta, quizás también, empapado por el rocío del ego.

Por otro lado, la inconsistencia del ser y el divorcio entre la inteligencia y la timidez, se torna fugaz en virtud de la sapiencia que un ex-joven  supo horadar conforme su desarrollo socio-empático.

Tal es la desdicha que arremete contra el pudor mismo al momento en que tal individuo se expone así, abiertamente frente a una multitud sólo cuantificable en los más apócrifos rincones de su propia borrascosa imaginación.

El micrófono, la lente y un sujeto bien parecido con buen parecer, ofician de medio para condecorar un acto solemne entre el monarca y su súbdito más soez.

¿Es acaso el ojo que todo lo ve, con su índice que todo lo juzga detrás de una entelequia estructural que la sociedad económicamente establece, confundido en parte por los modos y por otro lado por la letra chica –no tan chica- que establece las reglas de juego donde unos son amos y los otros esclavos?

Sin dudas, es aquella mínima expresión del ser que pudorosamente se desenvuelve en su infancia, casualmente comunicados por pequeños gestos corporales devenidos de la supervivencia social dentro de un rebaño ajeno y novedoso, que aun no toma dimensión del salto cualitativo al vacío que le depara.
Tal vez la pubertad golpee las puertas de la subconsciencia pidiendo limosna para comprar dignidad y para intercambiarla luego por un puñado de seguidores de Twitter.

La hora de la verdad ha llegado, el reo está listo para la conversión a siervo. El Imperio abre el libro de actas para darle la bienvenida a otro afiliado a su gremio –patronal, claro- que con luces neón y la fantasía del pertenecer, abrirá una cuenta corriente para endeudar su futuro mental con cuotas de falso protagonismo en una no-sociedad confundible por la aglomeración de individualidades coincidentes, que visto en perspectiva cosmos, parece un tumulto inter-relacionados entre sí.

La vergüenza se engendra en los suspiros cóncavos que exhala una maniatada personalidad, por caso prisionero de su consciencia que le obliga a encajar a cualquier precio. No es cualquier precio, es accesible y en cómodas cuotas ad infinitum.

La autoestima enseña su cuello en mensaje de sumisión y rendición, como una presa rendida a las fauces de su predador clamando piedad. El despotismo del imperio se engalana con tonos azules y fondo blanco dando un “me gusta” a tal demostración suicida del orgullo que involuciona conforme postean su minuto a minuto expresado en imágenes y falsas tesis sobre el vacío existencial que lo aqueja.

La dignidad aguarda con sus ojos vendados frente a la ejecución que la comunicación le aguarde. Sin siquiera imaginar que exista el afuera, sollozando cual alegoría de las cavernas con la clara diferencia del anhelo en cuya mente ya no respira. Es un cuerpo tibio, en estado vegetativo.


lunes, 9 de marzo de 2015

La lluvia y la “a-negación”

La lluvia trae consigo aquel sudor producto de la laboriosa e impávida acción de la desidia colectiva.

Casi como un espectro que recorre las puertas de cada hogar, encuentra el candado de la negación como código de encriptación, susurrando por la mirilla de la puerta: "pienso distinto".

¿Es acaso la lluvia motivo suficiente como entristecedor pro-natura?

O quizá es per se, que la inteligencia de quien vende paraguas y películas vía cine, una mente brillante para los negocios.

Sea como fuere, la lluvia como aquella galerna que rocía su materia acuosa, trae consigo a-negación. Y tal vez ese guión que separa en dos palabras sea la clave.

A lo mejor, aquella negación le impide a los infelices flagelar aun mas la desventura que le depara su inconsciencia, mientras los desposeídos -de cuajo- padecen las carencias propias de un mundo partido en centro y periferia.

Por consiguiente nos vemos obligados a confluir esta vertiente de razonamientos sobre el último eslabón sucintado en las peripecias de la suerte cognitiva a la que los seres metafísicamente muertos son confinados.

Será que es la propia mente humana la fragmentada en un centro y una periferia desde los zigzagueos iniciales con pañales bien puestos y elegidos por una publicidad de "huggies".

En efecto, la mente como una persona de dos caras nos destina a adaptarnos al entorno y relegar nuestra conciencia como un rol social que enmarca una mueca de empatía, mientras detrás de ella yace otra de tristeza y reclusión como indisimulable aspecto de nuestra verdadera sensación que el inconsciente nos revela.


Bastará entonces asumirmos felices por entretenernos en este fenómeno natural que nos lleva a deprimir nuestra efímera presencia de tiempo y espacio, aceptando las reglas de juego del 'centro' que nos impulsa a abultar la caja del Cine Village, a-negándonos a bailar felices bajo la lluvia que trae consigo la negación cultural.

viernes, 31 de octubre de 2014

Los BRIC's y la Falacia del Desarrollo

Fabricar robots o exportar materias primas no es el dilema.
Los años dorados de la globalización han encontrado la especialización y la división internacional del trabajo como un punto de inflexión en la desventura que le depara a la distribución consecuente de los ingresos.
Dícese de la industrialización como el faro inexorable al desarrollo. Sin embargo, al permearse en la tela de juicio qué es lo que entendemos por “desarrollo”, nos vemos obligados a confluir en una vertiente de falacias y dicotomías que los sectores sociales vulnerables terminan por percibir en el fondo de sus bolsillos.
Tal es el punto de la disonancia lingüística, que incluso quienes son considerados por la heterodoxia como aptos para explicar y predicar un modelo de desarrollo económico con inclusión social, recaen en tabúes que difícilmente puedan sortear.
Distribuir o no distribuir las riquezas es el dilema.
Por otro lado, la conformación del precio local como internacional parece llevarse consigo al averno océanos de tinta vertidos en las cloacas de textos y ensayos devenidos en pasquines con olor a espíritu adolescente que peca de ingenuidad per se.
Las bases de razonamiento cuya génesis reside en la microeconomía neoclásica, condicionan el desenlace de una ecuación económica despejando una equis errada de concepto.
Recaer en la explicación del precio como un valor nominable implica aceptar de cuajo la máxima de los teóricos de la escuela clásica de la institucionalización que no pudo salir ni el mismo Marx.
Los precios son políticos, la distribución del ingreso reside allí.
El almacenero, o el más rústico de los contadores –que para el caso son la misma persona- entiende que de su libro balance o cuaderno, todos los costos son medios –es un dato dado- a excepción del salario y su ganancia.
Si entendemos que el dinero es un papel rectangular cuyo valor viene dado por la creencia y confianza en su garante –el Banco Central-, deducimos que es poder de compra a tiempo indefinido, lo que lo diferencia de una letra o un bono.
Por consiguiente, el dinero es un papel que las personas dicen valer por una equis cantidad de bienes. Si sospechamos que los productos se componen de mano de obra y otros productos –materias primas, por ejemplo- la ganancia del empleador viene a ubicarse entre medio de ambas cosas.
Si se comprende que la materia prima o insumo de un producto compuesto, es también otro producto donde intervino la mano de obra, se deduce entonces que los productos en general, se componen sólo de capital y trabajo.
De aquellas anotaciones del almacenero inferimos que la proporción entre salario y su ganancia no es otra cosa que una correlación de fuerzas, donde existe una garantía constitucional que avala la acumulación de capital pero en ningún lugar parece pronunciarse de la misma manera hacia la preservación del salario. El primero está preestablecido y el segundo se re-configura de paritaria a paritaria. Hay un desfasaje de tiempo y espacio que mantiene en vilo a la sociedad. Se lo conoce como statu quo y no se entiende su mecanismo.
Un precio internacional viene dado, y un precio local es parido como un embrión que no necesariamente fue concebido como fruto del amor.
Cuando este precio local siente curiosidad por cruzar la frontera se convierte en un precio internacional, y así debe comprenderse un precio internacional que viene dado. Es decir, como una consecuencia en una correlación de fuerzas entre el salario y la ganancia.
Aquella porción que se corresponde como salario implica una capacidad de compra también identificada como poder adquisitivo de bienes y servicios locales como bienes extranjeros. Esta composición de salario/ganancias es la pata de la sota del desarrollo socio-económico de un determinado país.
Si tomamos el espíritu del mercantilismo de buscar el excedente exportando más que importando, llegaríamos a la conclusión de los clásicos que el mundo se quedaría sin excedentes cuando todos buscasen lo mismo cuando la verdadera riqueza de las naciones es la producción de bienes. Si a este último razonamiento le adosamos que los países entienden la ganancia del comercio internacional como el superávit comercial, enviaríamos más productos que los que consumiríamos.
Tanto los mercantilistas como los clásicos de la revolución industrial coincidían en salarios mínimos de subsistencia para desincentivar la importación. El propio marx introdujo el “elemento moral e histórico” en la noción de los medios de subsistencia, sin repudiar la base biológica sino tan sólo explicando cómo se formó.
Si la máxima de los ideólogos de la revolución industrial consta de la riqueza de las naciones en la producción y por deducción la exportación de los mismos, la acumulación de capital viene entendida por estratos sociales, castas, linaje, statu quo. Los trabajadores o asalariados no parecen encastrar en la concepción de “nación” ya que resultan confinados a la pobreza y la mínima subsistencia.
Nada parece haber cambiado con los BRIC’s si encontramos que son todos ellos, por caso, Brasil, Rusia, India y China, atravesados por una deficiente distribución de ingresos que en proporción resultan, de marras, de poco poder adquisitivo.

Sin embargo, los BRIC’s fabrican robots y también exportan materias primas, pero sus clases asalariadas se encuentran más próximos al mínimo de subsistencia muy lejos de identificarse esto como arropados por el concepto de “desarrollo” siempre y cuando culmine allí y no se especifique a qué tipo de desarrollo se refiere.