miércoles, 16 de diciembre de 2020

La integración a cualquier precio, a cualquier sangre


Si algo destaca como constante respecto del comportamiento de los mercaderes, es la del afán por acaparar todo lo posible, repartiendo pérdidas y trasladando responsabilidades a los fines de reducir al mínimo posible aquella relación entre el riesgo asumido y las rentabilidades esperadas.

Entre 1347 y 1353 ocurrió un hecho en el mundo que testifica en términos metafóricos la implicancia de los efectos en cadena y sus inevitables consecuencias como un efecto sociológico que al mismo tiempo reviste de base de comportamiento sobre la actividad económica cualquiera fuera su naturaleza. Así las cosas, mientras la ciudadanía se congregaba en iglesias implorando y aferrándose a su fe como pedido de socorro ante algún poder superior que viniera a dar protección frente a una epidemia que terminaría cargándose a más de 100 millones de personas en todo el mundo. Al parecer, la xenopsylla cheopis (una pulga) portaba una bacteria que cuando mataba a las ratas negras buscaba otro anfitrión, que fue ningún otro más que el ser humano, y cuando mataba a éste, la colonia de parásitos criada a base de la sangre humana terminaba infectado a otras ratas nuevamente.

Casi como una ironía aquello a lo que se aferraba la fe de las personas era lo que los terminaba matando, puesto que el portador de la enfermedad mataba a propios y extraños, algo así como aquellos que portan un mensaje por creencia —ya que no es legitimada por la razón- que terminan esparciendo y propiciando los efectos negativos que ignora y que terminan perjudicando al portador, como por ejemplo quienes pregonan el neoliberalismo ignorando las consecuencias sobre sí, aferrándose a una creencia que renace como el fénix a cada momento pese a su evidencia.

Otro capítulo merece aquello de que la peste negra haya sido descubierta en la India a principios de siglo XX cuando era aún una colonia británica —aquí sostengo que mientras haya voz y voto en un directorio de una potencia mundial, el colonialismo se mantendrá intacto- mediante la creación de una “Comisión de la India para la investigación de la peste” que se implementó en 1905. Años antes, en 1894, el gobierno francés envió a dos médicos bacteriólogos, uno franco-suizo y otro japonés, a la colonia británica de Hong Kong para enfrentar una epidemia que había llegado a la Provincia de Cantón (Guangdong), cuya mortalidad alcanzaba el 80% de los chinos infectados. El temor ante una propagación de un virus tan letal no tardaría en hacerse notar en los comportamientos financieros, ya que se encendieron las alarmas occidentales poniendo en riesgo la actividad comercial mundial.

Respecto del origen, Gabriel de Mussis, un notario público de la ciudad de Plasencia(1) constata con precisión el lugar exacto de la propagación de la plaga al nombrar a la ciudad de Caffa(2) narrando un episodio de la historia donde según los ejércitos mongoles que asediaron este enclave genovés(3) lanzaban cadáveres infectados con catapultas dentro de la ciudad para propagar la enfermedad y acelerar su caída. Parece ser que la práctica de debilitar un gobierno o Estado lanzando enfermos para propagar una enfermedad no es cosa actual de los grandes medios de comunicación que alientan marchas opositoras en el medio de una pandemia mundial.

En lo que refiere al comercio internacional y la integración casi como un eslogan a cualquier precio —a cualquier sangre- implica que al implementarlo sin garantizar un marco propicio para el mismo, termina provocando desequilibrios donde “vender más” reviste de un concepto cargado de inconsistencias y de falacias de patología conceptual donde se ignora la elasticidad de los precios de exportación y donde se ignora el reparto de aquellas rentabilidades obtenidas cuando vender más cantidad en la mayoría de los casos implique reducir salarios para abaratarse y competir en ese esquema, o bien a expensas de la extinción de una rama de actividad que no puede competir ante el abaratamiento de los precios de su competidor extinguiendo toda competencia. La lógica ex -post nos lleva a determinar que “vender más” no necesariamente se traduzca en mayores beneficios a toda una comunidad, sino a una pequeña parte de ella a costas de la gran mayoría. Esto es lo que sucede cuando se alienta a integrarse sin barreras arancelarias ni paraarancelarias entre dos economías que presentan asimetrías socio-económicas.

El filibusterismo es una táctica que se emplea en las asambleas políticas u otros cuerpos deliberantes para retardar o impedir los acuerdos aprovechando cualquier oportunidad que ofrezca el procedimiento necesario para ello. El término filibustero comenzó a usarse a partir de la segunda mitad del siglo XIX para referirse a hombres que iniciaban guerras con ejércitos privados sin autorización oficial de un gobierno legítimo, como el caso de William Walker que fue médico, abogado, periodista, político y mercenario estadounidense, por caso el más reconocido de los filibusteros del siglo XIX, que como fruto de esta práctica logró erigirse Presidente de Nicaragua en 1856. Fue allí donde arribó un año antes seducido por una Guerra Civil que le movilizaría como negocio que resultó beneficioso haciéndose de la presidencia con una elección de la que un corresponsal del New York Times mencionó: “Ustedes sin duda han visto el resultado de las elecciones publicadas por El Nicaragüense… ¡en algunas poblaciones le dan a Walker más votos que el cuádruple de los habitantes, contando a todos los hombres, mujeres, niños y bestias!”.

Si algo nos queda claro del reconocimiento internacional a los procesos democráticos es que dependerá siempre de los intereses de las grandes potencias y cómo la subjetividad en función de la voluntad de éstos se doblará con un contorsionismo que mereciera una disciplina olímpica propia, ya que ante una “América para los americanos” como cita la doctrina Monroe mancomunada con la Doctrina del “Destino manifiesto(4)” permitiría el dominio norteamericano a lo largo y ancho del continente americano en sus hemisferios justificándose cualquier irregular práctica incluso por el mismo Walker: “Lo que por ignorancia llaman filibusterismo no es el producto de una pasión o de un deseo desmedido; es el fruto de los instintos seguros e infalibles que obran de acuerdo con leyes tan antiguas como la creación”.

Justificar las intervenciones y la intromisión en asuntos extranjeros como injerencia directa —el caso “Braden o Perón” es ejemplo de ello- o invisible a través del filibusterismo o el apoyo financiero, económico, militar y de propaganda a través de los medios de comunicación que permitieron los gobiernos militares en américa latina en todo el siglo XX, en la que no sólo no rechazaron la legitimidad de los gobiernos de facto sino que muy por el contrario respaldaron aquello de la década infame de 1930 y el golpe cívico-militar contra Hipólito Yrigoyen justificando el “fraude patriótico” por parte de “La Concordancia”(5) argentina: […] las mayorías argentinas, por su reciente incorporación al país, no se han consustanciado con la esencia de la nacionalidad, viven una minoría de edad, son arrastradas por los demagogos, no analizan suficientemente los deberes inherentes a ese derecho que se les ha otorgado y necesitan de una tutela; El fraude... impide el regreso de las masas entregadas a la demagogia y el poderío indiscriminado del número”.

Un nítido ejemplo de la indignación selectiva de los pregoneros de la democracia, la transparencia, la ética y moral de las Naciones Unidas ante el reconocimiento o no de los diferentes Estados/Naciones en el mundo fue el caso de la fallida “República de Rodesia” cuyo estado autoproclamado existió en el sur de África entre 1965 y 1979, en la actual República de Zimbabue. Tras la disolución de la Federación de Rodesia y Nyasalandia, en 1963, el gobierno de la minoría blanca, que representaba un 5% de la población de la colonia para ese entonces liderado por Ian Smith, en un esfuerzo por retrasar una transición inmediata a un gobierno de la mayoría negra, declaró unilateralmente su independencia el 11 de noviembre de 1965.

La Administración solicitó inicialmente el reconocimiento como Reino de la Mancomunidad Británica de Naciones con Isabel II del Reino Unido como jefe de estado bajo el título Reina de Rodesia, que en un fallido intento de reconocimiento internacional en 1970 se declaró la República de Rodesia, con un presidente como jefe de estado y un Primer Ministro como jefe de gobierno que desató una brutal guerra de guerrillas entre el gobierno de Rodesia y las organizaciones nacionalistas comunistas africanas en la que Ian Smith aceptaría una “democracia birracial” en 1978 con un gobierno provisional acompañado del moderado Abel Muzorewa (6) —siempre con un cipayo como aliado- quien falló en apaciguar las críticas internacionales y en detener el derramamiento de sangre. El 12 de diciembre de 1979, el gobierno rodesiano devolvió la administración al Reino Unido en lo que se celebraban elecciones democráticas bajo sufragio universal, que tras la victoria del ZANU, el gobierno británico reconoció la independencia de la colonia bajo el nombre de República de Zimbabue.

Según el historiador Frederic Rosengarten, autor de la obra “¡Los filibusteros deben morir!”, la doctrina del Destino manifiesto se expresaba con notable racismo considerando que los habitantes estadounidenses eran superiores a los mestizos de los países limítrofes ubicados al sur de su frontera, a los que consideraban debieran de ser “regenerados”, aunque la doctrina se interpretaba de distinta manera para los intelectuales norteamericanos del norte quienes consideraban expandir su territorio junto a la institución de la esclavitud ya que sin ellos no seria suficiente la expansión de la producción. Por otra parte, el historiador Robert E. May en su obra “El Destino Manifiesto, William Walker, y el filibusterismo de los Estados Unidos en América Central en la década de 1850”, los filibusteros organizaban cuerpos militares privados, provocando guerras no autorizadas y emprendían campañas contra territorios normalmente en estado de paz con Estados Unidos. Uno de ellos fue Gaston de Raousset-Boulbon(7) quien el año 1852 se trasladó a Sonora mediante una compañía minera en búsqueda de plata, la cual era conformada en su mayor parte por un grupo de socios de origen francés, pues las leyes mexicanas prohibían a estadounidenses colonizar la zona. Sin embargo, la empresa fue relegada y los filibusteros intentaron una campaña militar para tomar la ciudad mexicana de Hermosillo que acabó en fracaso.

Parte de la avanzada cultural como método de injerencia silenciosa consta de la colocación de modismos en aras de la atomización de la ciudadanía con mensajes y campañas de propaganda mediante el uso de la semiótica a través de cada una de las usinas de comunicación habidas y por haber —con las redes sociales en laboratorio aún- debilitando los conceptos y obnubilando la razón de individuos que adoptan terminología anglosajona para conceptos que merman ahora de su carga conceptual, como por ejemplo el laxo uso de lo que se conoce como “lobby”, casi como una actividad emprendedora que junta oferta y demanda y sólo a cambio de una comisión. Bajo esta apreciación del término también podría aplicarse a un sicario, a un filibustero, a un cuatrero y hasta a un simple monotributista. Los hedgefounders que traducido al español referencia a aquellos que persiguen rentabilidades mediante “fondos de cobertura”, los que también son conocidos como “fondos buitre”. Nótese cómo cambia la carga filosófica hacia el mismo sujeto que en definitiva sólo ejecuta un cierto abanico de acciones para obtener ganancias, y el juicio de valor queda para cada quien, y para cada Estado que decide erradicarlo o no.

Cuando el análisis y proyección del comercio exterior recaen sobre los garfios del simplismo que rodea los límites de alcance de los aranceles y/o sobre las limitaciones internas a causa de una burocracia que no es ajena a ningún Gobierno, y peor aún, escapándose de la marca personal por la tangente a la que recurren los mediocres apelando a la diversificación de productos de exportación y a una diferencia de tecnologías que sólo se limita a explicar el comercio inter-industrial (con asimetrías socioeconómicas, básicamente de salarios y distribución del ingreso) entre una economía desarrollada con justicia social y otra subdesarrollada, pero que nunca terminan de explicar cómo es que se dé el comercio intra-industrial (entre dos economías similares) con diferencias tecnológicas como una que sólo provee materia prima y otra productos de alto valor agregado pero con niveles de salarios bajos y por ende, de ningún desarrollo.

La integración entre países no puede darse cuando las presiones geopolíticas no permiten el encauce de una concepción del Estado en el que haya ciudadanos de primera y de segunda. Los números sólo cierran con las personas dentro, no fuera en la propia jurisdicción desechados como de segunda, ni fuera de la misma expulsados en una diáspora irreconciliable que sólo provoca distorsiones en los países receptores que deben lidiar con la viveza del sector privado que al filo de la ley se hace de mano de obra barata frente a una población que ve amenazado su empleo cuando acciona los mecanismos legítimos por Constitución Nacional como lo es la actividad sindical mientras esta es demonizada por la propaganda cinematográfica que se cuela de las rendijas destellantes de pantallas que erosionan 24 x 24, promoviendo una falsa globalización des-culturizadora al tiempo que los capitales se fugan hacia paraísos fiscales. El paraíso de unos pocos donde del derecho internacional privado se hace lo que se quiere y donde la concentración de riquezas echan por tierra la mano invisible de un mercado que prefiere tercerizar y correr por derecha la sustitución por tecnologías a un bienestar social que se desdibuja de los preámbulos constitucionales que fueron dados a luz hace miles de años al calor de la filosofía, nervio de la guerra conceptual que hoy parece tener un claro vencedor y un derrotado cuyos términos de rendición parecieran nunca saciar la voracidad corporativa en la que tan sólo las 26 personas más ricas del mundo tienen el dinero de la mitad de la población mundial más pobre.

1 Capital de la provincia homónima en la región de Emilia-Romaña, Italia.

2 Ciudad portuaria de la península de Crimea.

3 Caffa estuvo bajo dominio de los gobiernos enfrentados Génova y Venecia entre 1204-1261 y 1296-1307.

4 Es una frase e idea que expresa la creencia en que los Estados Unidos de América es una nación elegida y destinada a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico; forma parte del llamado mito de la frontera. Esta idea es también usada por los partidarios para justificar otras adquisiciones territoriales. Los partidarios de esta ideología creen que la expansión no solo es buena, sino también obvia (manifiesta) y certera. Esta ideología podría resumirse en la frase: «Por la Autoridad Divina o de Dios.

5 La Concordancia fue una alianza política argentina formada en el año 1931 entre el Partido Demócrata Nacional (también conocido simplemente como Partido Conservador), la Unión Cívica Radical Antipersonalista y el Partido Socialista Independiente, organizada por El general Agustín P. Justo fue quien organizó la Concordancia para sostener su candidatura a presidente en 1931 y neutralizar las aspiraciones de perduración por parte de la dictadura militar del general José Félix Uriburu (1930-1932), la proscripción de los candidatos de la Unión Cívica Radical, el uso del fraude electoral masivo y de la violencia política sistemática.

6 Nació en Umtali, Rodesia de Sur (hoy Zimbabue) fue formado por la Iglesia Metodista Unida en los Estados Unidos consagrado allí como Obispo, convirtiéndose en el primer prelado metodista de raza negra en Rodesia, fue exiliado y retornó como opositor en representación de intereses foráneos bajo el ala derechista de Zimbabue.

7 Fue un filibustero francés, autor, político y teórico del colonialismo.

martes, 20 de octubre de 2020

Principios filosóficos: la universalidad y la constitución de las sociedades


El sentimiento de unidad, pertenencia y afinidad se manifiestan plenamente en aquellas sociedades que se encuentran vinculados entre sí por una historia común, eventualidades trágicas sucedidas o disposiciones geográficas que requieren de una cooperación mutua en virtud de la supervivencia frente a escenarios inhóspitos u hostiles.

En los estados modernos donde el principal desarrollador urbano es el Estado, los fondos públicos para tal fin se encuentran perdidos en la línea de tiempo, cuyo capital se esconde en alguna parte del concepto de amortización y aquello perdurable que trasciende generaciones cuyo valor abandona los criterios de comprensión actúa para formar parte de un insoslayable sobre el que transita una humanidad carente de espacio y tiempo. El altruismo o la frugalidad poco rol cumplen en estos vados de análisis donde los principios de igualdad se hunden a cada paso en estos cimientos que se mecen sobre los fangosos cimientos de la ley del más fuerte.

En el comercio exterior existen prácticas que se consideran leales y otras que no lo son, así las cosas y a espaldas de la no-ilegalidad proliferan asimetrías que dan a luz lo que será una economía de escala cuyo crecimiento habrá insumido los capitales de otros tantos que vieron sucumbir-se, como una madre que sufre el desgaste físico en beneficios de una nueva vida cuya relación de necesidad/vulnerabilidad cambiará conforme el paso del tiempo. De entre las prácticas admitidas en las relaciones comerciales se encuentra una muy poco indagada y que de marras resulta crucial en esta deconstrucción desde la punta de un ovillo que a muchos incomodará tirar. En este sentido es que aparecen los descuentos por cantidad. Capitalismo de barrio o premisa fundamental de la economía de escala.

Habitualmente los reflectores apuntan siempre sobre el poder de venta quizá como un impulso ofertista, resabio de las décadas de los setentas y ochentas. Sin embargo, el poder de compra oficia de alter ego en este juego de poder donde el juego de suma cero mundial cuya víctima es aquella que no pudo rechazar la oferta propuesta. La teoría microeconómica clásica asume en todo momento a la hora del análisis que la competencia es perfecta omitiendo o desafectando de la ponderación de variables que una empresa ejerza algún tipo de presión sobre otra, o que se imponga mediante algún mecanismo “no comercial” —por no incurrir en una acusación de deslealtad- en la que una resulte beneficiada a expensas de la otra. Para pasar en limpio el reciente concepto la cosa es muy sencilla: no existen los monopolios/oligopolios para la teoría clásica. Y como infidencia que narra quien suscribe les comento que un contador público nacional llegó a sentenciar que “no existe la especulación como tal”. Sin palabras.

Para retomar alguna senda de narrativa enhebrada bajo la confección de un ensayo metodológico de corte social, continuaremos por recuperar la iniciativa a comienzos de este artículo donde hicimos alusión a aquellos ingredientes que unen las sociedades a los fines de evocar lo que el título expresa de “principios filosóficos de universalidad”, puesto que el contrato social al que suscriben los individuos cuando erigen un soberano desistiendo en parte a la soberanía propia de algunas decisiones que delegará en aquel soberano, y al que atribuirá facultades que pudieran ir en contra de sus propios intereses eventualmente. Tal vez la última oración reciente esté tan cargada de conceptos que requiera una observación o dos en virtud del entendimiento común. Veamos.

Los recursos son limitados en este mundo que nos rige, y en la medida que el ser humano demande más recursos que los utilizables y que esta demanda implique coartar las necesidades de otro que quedará insatisfecho, la administración y racionalidad será indispensable en la medida que la solución no recaiga sobre la práctica más longeva de todas, a saber: la violencia.

En la actualidad la obtención de los recursos de otro sitio no conlleva a las potencias a la invasión, sometimiento y colonización como tal porque a fin de cuentas embarcarse en la empresa de sostener una conquista implican costos que a los fines contables los imputamos por adelantado o al vencimiento en cuyo caso es un costo al fin y al cabo por lo que en el saldo resultante como costo de oportunidad, es más rentable invertir en abaratar el precio de compra de los recursos para lo que se activan los mecanismos de injerencia de todo tipo de aquellos Estados potencias mediante la diplomacia, o la paradiplomacia empresarial que de facto se ejerce con la amenaza de la desinversión y el coste social que ello acarrea. “Vender más barato para vender más” parece ser la regla primaria del pregón de las doctrinas económicas, nunca sin antes intentar bajo todas las posibilidades existentes la de evitar la repregunta o la rendición de examen que dé cuenta de los resultados que se presumen se obtendrán. Nunca sucedió esto sin dejar de la contabilidad a un puñado de personas afuera del sistema, y sino pensemos en Perú que ha sido una muestra de estabilidad fiscal, de precios y política que estalló por los aires con la pandemia del coronavirus que desenmascaró que el 80 % de su población se encontraba precarizado.

Así como la nula influencia de una empresa mayor a otra, bajo el concepto clásico, encontramos también una definición respecto de las posiciones dominantes de las firmas en la que el prisma se detiene solo a observar los aspectos de venta. En este caso encontramos así como la falsa premisa de la competencia perfecta, una consideración de las relaciones comerciales donde una empresa oligopólica no puede al mismo tiempo ser oligopsónica, término este último que significa el poder de compra repartido en un manojo de empresas. En la argentina se da el claro ejemplo de ambas características fácticas en el sector de la leche, ya que una gran empresa láctea que tiene posición dominante en las góndolas argentinas, también ejerce la misma presión a la hora de comprar la producción cruda de leche a los tamberos, presionando con el uso del tiempo para que los productores deban vender sí o sí en límites de vencimientos a precios irrisorios que luego crece exponencialmente hasta llegar al supermercado.

¿por qué titular esta publicación como principios filosóficos de universalidad entonces? Pues, porque los seres humanos se han asociado desde tiempos inmemoriales con la condición de someterse por igual a la cesión de soberanía en función de un tercero que administre por todos. Este principio rige las leyes, las conductas, la cultura y el sentido común. No obstante, alguna vez dijo un pensador argentino: “Las zonceras de que voy a tratar consisten en principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia – y en dosis para adultos – con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido”. Los axiomas son proposiciones o enunciados tan evidentes que se considera que no requieran demostración, por lo tanto, como alguna vez expresé por estos lados, los discursos morales tienen prerrogativa discursiva: no admiten dudas.

John Maynard Keynes definió al interés financiero como un premio por no atesorar el dinero, una recompensa por transferir la disposición sobre la riqueza en su forma líquida. Así las cosas, las Constituciones como acuerdo de reglas de convivencia y una forma de pacto político y social significa —para quien postula- un acuerdo de paz entre sectores que tensionan la cuerda por intereses propios en la que como todo acto bélico que culmina con una rendición y un vencedor, el mismo finaliza con la aceptación de la renuncia con determinados recursos que acuerdan ceder de uno hacia el otro, de lo contrario la paz no sería garantizada. En efecto, los principios de universalidad se arquean hacia un lado siempre, y como toda función decreciente presente encada comportamiento cuantificable sobre un eje de ordenadas, en algún punto la curva desciende y ahí se activan los mecanismos garantistas hacia uno en detrimento del otro.

Los grandes capitales son seducidos con incentivos que se perciben y/o traducen en alguna forma onerosa de beneficios, y utilizando el concepto keynesiano del interés se los termina premiando para que transfieran la disposición de su riqueza para diversos fines. Entonces, en términos absolutos es muy probable que los tributos al Estado por parte de los grandes grupos económicos resulten muy por encima de los que aportan un número idéntico de individuos tomando uno a uno, un rico y un no-rico. Sin embargo, en términos proporcionales los aportes de los grandes capitales resultan irrisorios comparados con los que tributa un asalariado promedio. Como el capital fluye bastante libre entre las naciones, y no se estanca como idealizó David Ricardo, en primera instancia el gran capital hipotético que es invocado en este párrafo no es atraído por incentivos, se dejará seducir por otro que lo haga. Aquí entra el controvertido axioma zoncera de la “nivelación hacia abajo” puesto que el principio de universalidad se deshace en las húmedas fauces del sistema.

Si la Organización Mundial del Comercio que data de 1995 admite los descuentos por cantidad, entonces se distorsiona el tablero de damas sobre el que se cuece el caldo social puesto que un pequeño revendedor se verá desplazado por uno más grande que accede a precios menores ejerciendo el monopsonio u oligopsonio según el caso. La competencia no es libre, nunca lo fue ni lo será, pero el discernimiento de un axioma presentado como una verdad revelada y pregonada hasta la sordera ciudadana se volverá consuetudinario, incuestionable, irrefutable y si no lo es, pues será invisibilizado por las usinas concentradas de información y no se cumplirá ni garantizará en ninguna parte nunca el principio filosófico de la universalidad.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Estructuras, parte II: el tiempo mental

 

Sobradas extensiones de texto recubren la vasta existencia literaria respecto de la utilización de los recursos en cada orden de nuestra particular vida. La incertidumbre a la vuelta de la esquina se cierne sobre andrajosos modales que despolva el aire denso y difuso que cuadra nuestra percepción de una existencia que cada vez nos sorprende con menos, casi como esforzándose en un minimalismo sin precedentes.

La luz del alba que enceguece como la resolana del pre-ocaso nos diagrama cada uno de los días que se esfuman contrarreloj desde el momento de nuestra concepción de la que no tuvimos voz ni voto y que a destajo nos pusieron a hacer la fila en esta finita cola de banco que según los dotes y una serie de variables que resultan de un desquiciado quini 6 nos ponen en uno y otro escalafón de privilegios que nos acompañarán hasta la caída por el monte Yomotsu.

 

El Teletrabajo y el tiempo mental

La relación de aspecto entre aquello que idealizamos y lo que de facto sucede debería de reperfilarnos como una postura irrefrenable hacia la vida misma donde nuestras antenitas de vinil nos adviertan la presencia del enemigo, que en este caso se presenta como un sujeto que nos pregunta si queremos ser nuestro propio jefe.

La matemática presentada como ciencia exacta en nuestras vidas se ofrece como moderador de recursos físicos y biológicos que nos ayudan a fraccionar el tiempo disponible que nos permite diferenciar, como distintivo de los demás factores productivos, que la fuerza de trabajo es la única mercancía entre todas las demás mercancías, que al consumirse genera un valor superior al de su propio costo de producción y el efecto de su consumo se vuelven comparables donde aquella diferencia constituye la ganancia, conocido como plusvalía. Tentador es para quien recurre a la fuerza de trabajo para acrecentar su producción/ganancias referirse a la toma del servicio laboral como una generosidad, como un acto de caridad o beneficencia dejando de lado el utilitarismo que determina la inclinación por una u otra opción de costo-oportunidad en función de las variables fácticas que se encuentran al alcance.

Los esfuerzos por mantener divididas las aguas a la economía de las ciencias sociales con su respectiva carga filosófica parecen tomar cada vez mayor fuerza cuando del tamiz no se cuelan las incidencias no cuantificables ni mensurables que hacen al bienestar social, sólo aquellos que pueden ser comerciados cuando reside en nuestra conciencia pequeñas —o no tan pequeñas- cargas emocionales que atañen nuestra placidez. Muy por el contrario, la heladera y alacena completa nos deterioran dejando caminos en nuestras comisuras como erosionados formando rendijas de donde se filtra la lóbrega luz de nuestros pendientes. Trabajar por hora o por objetivos parecen dilucidarse de la borrasca laberíntica que nos mantiene alejados de nosotros mismos, y la meritocracia linkediniana hace lo suyo señalando los peldaños que ocupamos en la escalera de la vida donde le miramos el culo al que está arriba pisoteando los dedos del que viene más abajo para que no nos alcance.

Lo curioso de la promesa del progreso que aguarda en el asiento de atrás del auto de vidrios polarizados es que los avances en la tecnología se presenten para facilitarnos la vida y cuya amenaza de sustitución laboral sea mitigada con discursiva de corte adaptativo, nos envíe un sujeto que resopla una armónica presagiando notas tonales en bicicleta ofreciéndonos el servicio de afilar ambas hojas de la cuchilla que nos lastima la piel cuando nos encontramos a deshoras respondiendo mensajes con la ilusión de administrar nuestros tiempos, expresión curiosa que falta a la verdad en aquello de “nuestros”, algo que dejó de serlo desde que nos inscribieron en el registro civil de las personas.

Ceños fruncidos y vellones que la escoba se lleva consigo atestiguan la letra chica del contrato que las comunicaciones nos ofrecen a punta de pistola y esparcen la polvareda escamada del ajetreo que el home office nos inflige a cambio de unos posteos instagrameros que nos ubica heroicamente como un emprendedor. Emprendedor que contra las inclemencias de las injusticias fiscales de un Estado voraz y recaudador nos sume y empuja a la informalidad de la economía que nos habilita a justificar la evasión impositiva de una sociedad de la que estamos escindidos y que el pan que vendemos no lo paga el salario del barrio sino una entidad inefable, una entelequia del más allá cuyo poder adquisitivo según las premisas liberales sólo son producto del ‘libre juego de oferta y demanda’. Así como este último desangre cognitivo ensucia cualquier planteo razonable se propaga haciendo metástasis en los códigos fuente que nos programa la percepción de una realidad que no comprendemos, como un enemigo invisible que nos golpea desde la oscuridad.

El tiempo mental es aquel del que disponemos, cuando nuestra mente se encuentra libre de sus opresiones para concentrarnos y focalizarnos en nuestras tareas, pasiones, desaires, y placeres…un tiempo mental que en términos nominales parece mucho o suficiente, pero en términos reales es poco y nada porque la vorágine de la vida al que las reglas de juego nos desafía nos quita no sólo el tiempo físico de trasnochar para completar lo pendiente del mismo día sino que también nos quita tiempo de tranquilidad mental porque la incertidumbre a la que nos conduce el poder económico concentrado nos obliga a producir todavía más para obtener cada vez menos, nunca sin sugerirnos que el problema son los de abajo a través de la infinidad de usinas que a su disposición lanzan panfletos propagandísticos con lemas de meritocracia desde los aviones culturales en esta guerra de la que no podemos escapar, ni mucho menos ganar.

No es difícil entender que con un par de gráficos que dan cuenta de que la distribución de los ingresos empeora año tras año donde hoy por hoy las 27 personas más ricas del mundo tienen el dinero de las 3.800 millones de personas más pobres del mundo. El análisis es muy simple, la propiedad privada y las ‘seguridad jurídica’ que el mundo offshore les provee hace que cada vez más personas se disputen cada vez menos recursos, ya que desde que el mundo es mundo los recursos son limitados y la suma cero implica que lo que uno tiene otro ya no lo tendrá, y también que cuando uno gana el otro indefectiblemente pierde. Pero la atención nunca recae sobre ellos en primer término, no, cuando dos personas extrañas se nos presentan en la que una denuncia que la otra le quiere vulnerar, instintivamente le creemos más al primero que al segundo, cuando ambos son perfectos extraños, y tan así es el sentido común al que nos han inducido que hoy por hoy ni siquiera le conocemos el rostro a nuestro enemigo, son intangibles, imperceptibles, reposan allí arriba.

La estructura es sólo para ellos, pero la necesitamos todos, porque la desfragmentación que sufrimos encuadra perfectamente en una pintura de Picasso.

Continuará…

sábado, 29 de agosto de 2020

El hombre de la granada


El tiempo se detuvo en aquel bar donde viejas tablas abatidas por el acodo verían quizá por última vez los lamentos de un hombre que llevaría a cabo por fin la acción de sus incógnitas. Un cantinero prisionero de sus limitaciones sin herramientas más que el pedido de clemencia y una expresión en su rostro que a gritos suplicaba lo que su tartamudear no podía, algo que fuera de contexto se malinterpretaría como un acto de altruismo en este caso revestido de supervivencia.

Las palabras saturaban el denso y contaminado aire que sopesaba sobre tal vez el último de los momentos que compartiría aquel sujeto que por fin lograría romper las cadenas sociales que lo ataba a la vida, aquello del contrato social al que uno es sometido a punta de birome como esa oferta que no se puede rechazar. Así las cosas embestir de frente contra una vitrina de cristales esparciría una borrasca de prismas encandilados por la tenue luz de bajo consumo que todos en derredor dejarían de oír zumbar al fragor de un punto y aparte de este libro de la vida.

Sobrados argumentos desordenados, una monserga de final abierto que dejaría grabado en piedra como vestigios de una escena dramática donde el protagonista es la anécdota de la que otros se servirán en inefables tertulias que sólo avergüenzan el confort de los silencios que incomodan a quienes sus consciencias no dejan de atormentar, mostrando el torvo rostro de lo que realmente somos cuando se nos presenta la hora de tomar decisiones de las que nadie quiere asumir las consecuencias en la medida que el cordón umbilical de la sociedad los salve una y otra vez arrullándolos bajo el calor materno del cinismo que tan bien le sienta a la sociedad.

La inmortalidad del alma y aferrarse a la carne repasaban aquel tablón lustrando lo único pulcro que residualmente y con modesta ironía atestiguaría los momentos decisivos que pondría en boca de todos…esos que con secuelas de toda índole contarían cuando la sordera se disipe y la polvareda mengüe, en aquella conmoción que las esquirlas se encargarían de testimoniar a deshoras momento donde el ser humano es despojado de preceptos que le vieron nacer y donde la reflexión sólo le propone más interrogantes a dicotomías que laberintan los erráticos caminos que la ciudadanía le susurra al oído social donde todos piden la palabra y ninguno escucha.

Cómo hacerle entender a aquel individuo que el derecho natural que proclamaba le significaba coartar el de sus prójimos que por conveniencia apelaban, entre la nebulosa de nicotina que flotara en los escondrijos de aquel antro donde un hombre jugaba con el seguro de una granada a la que le concedió los últimos momentos de su suerte que girando en el aire determinaría el albur de sus pares que por primera vez en aquellas vidas y quizá también por última lograrían alcanzar el consenso sobre el concepto de una libertad que ya no podrían contar cuando los segundos consuman los últimos lapsos de aquel hombre que decidió terminar con su vida con una granada rodeado de personas, acodado en la barra de un bar.

lunes, 10 de agosto de 2020

La logia Lautarina y la hazaña a la virgen del Carmen

La gran Reunión Americana, también conocida como Logia de los Caballeros Racionales, fue fundada por el caudillo venezolano Francisco de Miranda en el año 1797 en Londres. El apelativo de Logia Lautarina o Logia de Lautaro se debe a los relatos que contó Bernardo O’Higgins a Miranda sobre las hazañas en contra de la dominación española del héroe mapuche Lautaro, quien en 1546 se dejó capturar por las fuerzas conquistadoras de Pedro de Valdivia, para así ganarse la confianza de los invasores y aprender de sus fortalezas y debilidades, lo que luego usó para iniciar una guerra contra el avance hispano. Miranda y O’Higgins educaron a los “hermanos lautaristas” en la idea de que ellos también debían convertirse en “enemigos internos, supuestamente aliados” para sus adversarios. El objetivo fundamental de esta logia era lograr la independencia de América, estableciendo un sistema republicano unitario y un gobierno confederado. Se habló incluso de una monarquía criolla, idea que defendió hasta su muerte el hermano José de San Martín.

Aunque nació y se desarrolló principalmente en Argentina, su influencia se extendió por otros países sudamericanos como Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y Uruguay. Dado su carácter de organización secreta, ayudó a coordinar y establecer contactos entre muchos de los líderes de la independencia hispanoamericana, como Bernardo O’Higgins, Simón Bolívar, Andrés Bello, Antonio Sucre, José de San Martín y otros tantos, incluso algunos que traicionaron y fueron traicionados por la organización, como es el caso del chileno José Miguel Carrera, por lejos la figura más trágica relacionada con la historia de esta conspiración.

De acuerdo a lo que sostiene el historiador chileno Jaime Eyzaguirre (1908-1968) en la introducción a su ensayo La Logia Lautarina y otros estudios sobre la independencia, “en la formación y estímulo del proceso de la independencia hispanoamericana jugó un papel importante una sociedad secreta, conocida con el nombre de Logia Lautarina, que se ramificó en diversos sitios del continente y que después de la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, tuvo por varios años un papel decisivo en la política chilena y argentina”. Sostiene Eyzaguirre que sobre el origen de la logia abundan más las conjeturas que los documentos realmente comprobados. Sin embargo, hay más o menos consenso entre los historiadores —y estudiosos- en apuntar que este grupo secreto emerge de una logia masónica instituida en Londres por el venezolano Francisco de Miranda y esparcida luego a España y a las colonias de América del Sur.

¿Pero puede hablarse de ellos como reales exponentes de la masonería? El historiador español y experto en sectas y grupos religiosos, Manuel Prado, es contrario a la idea. “Creo que la relación más directa entre esta logia y la masonería se da en la figura del primer presidente de Chile, don Manuel Blanco Encalada, quien fue miembro del grupo y luego fundó la masonería chilena en 1827. Por otra parte, debe tomarse en cuenta que muchos miembros de la Lautarina eran fervientes católicos, como el sacerdote José Cortés Madariaga, algo imposible de imaginar dentro de una sociedad de masones”.

Pero indudablemente la Logia Lautarina compartía elementos con la masonería, sobre todo en cuanto a su carácter iniciático y secreto. Bernardo O’Higgins usaba en su correspondencia cierto lenguaje fácil de identificar como masón: referencias l Gran Hacedor, al Gran Dispensador de los Favores, al Señor de la Luz, a la Estrella Solitaria, al género humano como La Obra, etc. Por supuesto este tipo de sustantivos y adjetivos eran bastante comunes en el siglo XVIII que, después de la Ilustración, trataba de alejarse lo más posible de ideas y preceptos vinculados con la religión, especialmente del catolicismo.

A propósito de Bernardo O’Higgins, no debe olvidarse que el prócer tuvo una fuerte influencia tanto religiosa como filosófica en su formación educacional. Para él fue especialmente importante la Carta de la tolerancia de John Locke, que sumada a la influencia de Miranda hicieron del hijo del Virrey del Perú un humanista con ideas muy ilustradas, más de lo que muchos piensan. En el aspecto religioso, por ejemplo, tenía una  visión extremadamente racional, inclinada hacia la teología natural en lugar de la teología sagrada, es decir, hacia probar y demostrar la existencia de Dios más por el criterio de la razón humana que por la fe.

No obstante, no es menor el dato del desprecio que O’Higgins sentía de niño hacia las autoridades eclesiásticas que por años lo trataron como un ciudadano de segunda clase, ultrajando su origen como hijo de una madre soltera y primogénito no reconocido del virrey del Perú. Sabía el futuro padre de la patria de Chile que el apelativo “huacho” se había originado en los pasillos de parroquias, conventos y escuelas, amparados por la Iglesia Católica, y de ahí se había difundido entre sus iguales, primero y enemigos políticos después. Aunque jamás habló de venganza hacia los curas, era bien sabido entre sus pares el deseo de O’Higgins de bajarle los humos a los portadores de sotanas. Fue precisamente su mentor, Francisco de Miranda, quien le enseñó que lo mejor no era un ataque directo, sino usar su propio dogma y tradiciones para espolonear donde más les doliera a los obispos, “como Lautaro con Pedro de Valdivia”, le habría recordado. El dato de que a su muerte, como se piensa, un acto de humildad y acercamiento a la fe cristiana, sino una derecha burla hacia esa orden católica, la misma que lo educó, despreció y burló de niño en su natal Chillán.

A la hora de buscar antecedentes de la Logia Lautarina en Chile y Argentina, ha de retrocederse a 1811. Ese año los hermanos Carrera, que habían regresado de España, se tomaron el poder en Santiago. José Miguel ocupó el cargo de Director Supremo de Chile, iniciando la formación del ejército patriota. Instaló además el alumbrado público, compró una imprenta y publicó La Aurora de Chile, el primer periódico del continente. Todo como parte de un plan de manipulación de masas ideado por su amigo fray Camilo Henríquez, un intelectual carolino que además era hermano lautarino y quien fuera responsable de iniciar a José Miguel en este grupo, por instrucciones del propio Francisco de Miranda, con quien mantenía una constante correspondencia. El propio Bernardo O’Higgins abogó para que Carrera fuera aceptado en la logia, sin imaginar lo que ello acarrearía. Este primer gobierno instauró además la primera bandera chilena y comenzó la planificación de un nuevo Congreso.

Pero a poco andar el régimen, José Miguel Carrera dejó de ser un hermano activo dentro de la Lautarina, nombrando a los componentes de su gobierno sin consultar a la logia y sin hacerla partícipe. Mucho molestó a Miranda que en lugar de Camilo Henríquez fuera Manuel Rodríguez —amigo de infancia de los Carrera- convocado como secretario de Gobierno, y que se le diera activa participación como ideóloga a Javiera, la hermana del clan, ya que era sabido que uno de los preceptos más inquebrantables de la Lautarina era la negación a que mujeres participaran en asuntos relacionados con sus intereses. Esto fue visto como una traición por José de San Martín, quien convocó a su "hermano" Bernardo O'Higgins —miembro fundador de la logia y quien en 1811 participaba en el gobierno como congresista representante de la ciudad de Concepción- a que derrocara el gobierno.

Obediente a sus maestros y camaradas, en agosto de 1814, O'Higgins formó un ejército privado y avanzó desde Concepción hacia Santiago. Quiso la casualidad que esto sucediera al mismo tiempo en que desembarcaron en Valparaíso y Coquimbo tropas realistas enviadas para reconquistar Chile. Carrera le hizo ver a O'Higgins que debían unirse para atacar a los españoles. Sin embargo, O'Higgins solo deseaba ocupar la dirección del país y que Carrera dejara el mando de las fuerzas armadas.

Finalmente se produjo el choque entre ambos caudillos, al tiempo que los españoles alcanzaban a las tropas de O'Higgins y las atacaban.

Al ver esto, el hijo del virrey se unió a Carrera, compartiendo el mando del ejército. Las fuerzas chilenas estaban compuestas por mil trescientos soldados, aunque solo algunos eran profesionales, en tanto que las españolas estaban formadas por más de cinco mil, todos aguerridos. Es lo que se conoce en la historia de Chile como el Desastre de Rancagua, sucedido el 2 de octubre de 1814 y que termina con el gobierno de Carrera, iniciando así el proceso político bautizado como Reconquista española. Es también uno de los instantes más controvertidos en la carrera militar de O'Higgins, cuando en medio de la batalla y al ver que sus tropas estaban perdidas, reúne a sus oficiales y realiza una “carga” que fue en realidad una manera de escapar con la frente en alto. El dejar a sus hombres en medio de una carnicería seria el precio que el hijo del virrey, a pesar del apoyo incondicional de la Logia Lautarina, jamás lograría saldar.

Lo que quedaba de las tropas chilenas debió huir a Mendoza. El primero en llegar fue O'Higgins, quien de inmediato fue acogido por José de San Martín, quien de inmediato lo nombró segundo al mando. Dos meses después arribó José Miguel Carrera, a quien de golpe se le quitó el mando del ejército chileno, se le dejó reconocer como Director Supremo y se le encarceló por cargos de desobediencia, todo por orden de los miembros de la logia.

Para nadie es un secreto que la francmasonería  alcanzó un gran desarrollo en las clases altas y cultas de la Europa del siglo XVIII. Aunque hay indicios de su existencia en Inglaterra desde al menos un par de siglos antes, su orientación definitiva data de 1717, año que coincide con la fundación de la capital británica de una gran logia que recibió los principios racionalistas en boga, contrarios, en su mayoría, a las religiones positivistas, particularmente la católica. Tras su aparición en las islas británicas, el movimiento se extendió por Alemania, Francia, Italia y España. Desde un inicio, el Vaticano advirtió con preocupación su influencia, que estimó antagónica a sus principios. Sucesivamente, los papas Clemente XII y Benedicto XIV condenaron esta organización secreta y prohibieron bajo severas penas canónicas afiliarse a ella. Ser católico practicante y francmasón resultaron incompatibles para la Santa Sede. Y así lo aceptó el rey Fernando VI de España, quien en 1751, mandó a redactar un decreto contra la masonería, bajo pena de excomunión papal. Sus súbditos de la península y América quedaron de esta forma advertidos.

Entonces ¿Cuál fue el vínculo inicial entre Francisco de Miranda, mentor de la Logia Lautarina, y la francmasonería?  A inicios del siglo XX, el historiador norteamericano William Spence Robertson, en su ensayo La vida de Miranda (1929), aporta más sombras que luces al misterio. Literalmente: “Aunque manifestó interés por los establecimientos masónicos en el curso de sus viajes por Europa, el examen de sus papeles inéditos nada releva y prueba que perteneciera a la orden masónica, ni que fuese un gran maestro de esta”.

Sobre lo anterior, el libro de Eyzaguirre subraya que las investigaciones de Spence Robertson no excluyen el afán proselitista de Miranda en pro del ideario de la emancipación, cosa que señala, en particular, al referirse a sus relaciones con el joven Bernardo O'Higgins. Sobre el caso, es necesario apuntar que O'Higgins guardó como recuerdo unas instrucciones del venezolano en las que se leían consejos acerca de la relación con la Iglesia: “es un error creer que cada hombre, que es un tonsurado o canónigo (sacerdotes, diáconos y clérigos), es un fanático intolerante y un enemigo decidido de los derechos del hombre. Conozco por experiencia que en esta clase existen los hombres más ilustrados y liberales de Sudamérica, pero la dificultad está en descubrirlos. El temor a los graves castigos los hacía disimular sus ideas”. No hubo, como puede leerse, en su persona una aversión completa hacia los hombres de fe.

Por supuesto lo anterior es lo que podemos definir como la versión oficial de las historia de la logia y su particular mentor, Francisco de Miranda; bajo la superficie el relato crece y se extiende en una geografía donde los limites no solo son difíciles de definir, sino que derechamente no existen. Miranda nació en Caracas en 1750 en el seno de la familia de un rico comerciante que de inmediato educó a su hijo en las artes de la ilustración y la lectura, haciendo del muchacho un temprano intelectual cuya curiosidad y necesidad de conocimiento propició que, en plena adolescencia, consultara textos y filosofías  que no eran precisamente del gusto de su familia y, sobre, de sus educadores religiosos. Sacerdotes católicos advirtieron al padre de Miranda que el joven estaba buscando la compañía de pensadores peligrosos y leyendo textos contrarios al a educación cristiana.

A los 14 años, Francisco de Miranda sufrió la primera quema de libros, un dolor que, sin embargo, fue curado por la seguridad de que lo aprendido en esos textos ya habitaba en su cabeza. Tres años después fue enviado a España a terminar su instrucción militar, donde se graduó con maestría en esgrima, ciencias de la guerra y grado de capitán, cargo con el cual el ejército del rey lo envió a Pensacola, Estados Unidos, como parte de las fuerzas hispanas que apoyaban al general George Washington en la guerra de Independencia contra los ingleses. Es aquí cuando surge en el joven oficial la idea de convertir Sudamérica en un espejo del proyecto de Washington, unos Estados Unidos del sur, libres de la corona española. Sin embargo, pronto cae en la atención de la Inquisición, que lo investiga por su lectura y colección de textos prohibidos y por su fascinación por dibujar desnudos femeninos, que lo llevan a ser acusado de promover obscenidades. En 1782 llega la orden de apresarlo y regresarlo a España, pero él escapa y se refugia en Filadelfia.

En 1783, Thomas Jefferson, amigo muy cercano de Miranda, se encargó de iniciarlo en la masonería y lo invitó a ser parte de una orden aún más secreta, de la cual formaban parte el general Washington y otros intelectuales estadounidenses como John Adams y Benjamín Franklin, los cuales eran llamados Illuminati del Nuevo Orden o del Nuevo Mundo; es en ese contexto donde comienza a fraguar su sueño iniciático de un “gran señor de la luz”. Miranda es, además, el secreto impulsor de la carrera presidencia de Washington, a quien bautiza en lo que el venezolano llama “Rito del poder”, del cual el general estadounidense era el único que podría ser parte, dado su origen vinculado a la nobleza criolla estadounidense.

En 1785 Miranda regresa a España, nación que lo declara proscrito y ordena su detención. Escapa e inicia una aventura por Holanda Prusia, Italia, Francia, Turquía y Rusia, donde es considerado ciudadano protegido por el Príncipe Potemkin. En este periodo es invitado a Baviera por Adam Weishaupt, fundador de los Illuminati europeos, quien había creado el movimiento como respuesta a los norteamericanos para así garantizar el control de la economía del Viejo Mundo. De Weishaupt, el venezolano abraza la idea de que la iluminación no solo es intelectual, sino también política, y sobre todo, económica. Es así que recurre al primer ministro inglés para presentarle el proyecto de la Nueva Colombia ofreciéndole —a cambio de su ayuda contra la corona española- el monopolio del comercio en la nueva nación federada que iba a surgir en el Nuevo Mundo. El plan es finalmente desechado, por lo cual Francisco vuelve a recorrer Europa, refugiándose en Francia, donde acaba apresado en el proceso de la Revolución Francesa, compartiendo celda con un joven Napoleón y salvándose de la guillotina gracias a una oportuna confusión de nombres. Tras arrancar de Francia, Miranda viaja al norte de Italia donde encuentra a su “señor de luz” —su Lucifer privado- en los relatos de la aparición de un ser de luz cerca de Palermo, el cual según un culto local era espejo de la señora luminosa que había aparecido por primera vez en el cerro de Al-Karem en Israel y a la que la Iglesia Católica había cristianizado como Virgen del Carmen.

Hacia 1798, Francisco de Miranda regresa a Londres como profesor de estrategias de guerra y esgrima en la academia Richmond, donde empieza a tomar contacto con jóvenes criollos latinoamericanos como Bernardo O'Higgins, José de San Martín y su amigo Simón bolívar. Recordando la experiencia de los Illuminati de Jefferson, el venezolano une a su pupilos en su propia versión de este grupo al cual, para diferenciarlos, llama Caballeros Racionales o Brillantes, bautizando luego a la logia como la Gran Reunión Americana y finalmente, tras los relatos del chileno Bernardo O'Higgins sobre la guerra de Arauco, como Logia Lautarina o Logia de Lautaro. Y son estos jóvenes caudillos, más otros que fueron sumándose con el paso de los años, tanto en Londres como en Cádiz, y Buenos Aires, los que concretaron el sueño del venezolano universal: dar libertad a Hispanoamérica y consagrar la hazaña a la devoción del Señor de la Luz de la Iluminación, o como se ha conocido desde entonces: la virgen del Carmen. Traicionado por su propio hermano, Simón Bolívar, Francisco de Miranda fallecería en San Fernando, España, en 1816, un año antes de que sus pupilos más queridos —Bernardo O'Higgins y José de San Martín- cruzaran los Andes en un rito iniciático dedicado a la Señora del Carmen. El plan para la Gran Colombia o a los Estados Unidos de Sudamérica fue tomado posteriormente por Simón bolívar, pero su rivalidad con los hermanos Sucre, San Martin y O'Higgins impidió que el gran proyecto del fundador de la logia se concretara, limitándose a una nación federal fundada en 1821 y que unió a Panamá, Ecuador, Colombia y Venezuela durante una década. Luego, los celos internos levantaron las fronteras y cada país participante continuo su carrera como nación independiente y soberana.

Aunque no hay consenso absoluto sobre los miembros de este grupo, en listas e investigaciones suelen repetirse los siguientes nombres: Francisco de Miranda, José Antonio Sucre, Santiago Mariño, Andrés Bello, Luis López Méndez, José cortes de Madariaga, francisco Isnardi y Simón bolívar, de Venezuela; José María caro, de México; Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera, ramón Freire, camilo Henríquez, Manuel blanco encalada, de Chile; Juan Pablo Fretes de Paraguay; y José de san Martin, José Matías Zapiola, Carlos de Alvear, Bernardo de Monteagudo, Gervasio posadas, domingo French, Tomás Godoy cruz y tomas Guido, de argentina.

(Ensayo del escritor chileno Francisco Ortega, publicado en su novela "Logia", 2014)

lunes, 20 de julio de 2020

Patriotismo imaginario o nacionalismo adimensional: las caras de una moneda fiduciaria

El violento hervor que se acumula y compresiona dentro de una olla a presión erosiona a su paso como aquella teoría celeste que dicta que cuando dos cuerpos colisionan generan una energía de clase colateral. Así nuestras emociones mal canalizadas se comportan de similar manera cuando el “sentido común” oficia de comisario bajo criterios impertinentes engendrando una bestia incontenible que es lanzada a una sociedad alimentada por el influjo de estímulos hostiles donde la borrasca confunde a propios y extraños.

Los berserker eran guerreros vikingos que semidesnudos y a medio tapar por pieles entraban en combate bajo cierto trance de perfil psicótico prácticamente insensibilizados al propio dolor, tal como describieron Angus Sommerville y Andrew McDonald en su obra “La era de los vikingos” del 2010. Tanto así podemos graficar distintos comportamientos y razonamientos incluso en relajados intercambios entre personas de alta formación académica a la hora de desnudar sus conceptos e indagar sobre las premisas que enquistadas yacen en las paredes del raciocinio que a los vientos pregonan cual heraldos romanos en la que congregaban al pueblo para poner en autos sobre asuntos de interés que impartía el Feudo. Así las cosas la distorsión de la realidad difumada se presenta sobre el prisma desde el que proyectan el mundo.

Común no es el sentido per se, sino que el rebaño del que se guarecen recrean una serie de normas y creencias de corto alcance que les brinda protección de un mundo que no comprenden en demasía y del que temerariamente arriesgan su diagnósticos desde una rigurosidad científica que bien podría compararse con el procedimiento que pone sobre la tabla un catequista que razona dentro de límites dogmáticos tal como lo realizan los economistas “modernos” que se aferran a preceptos y premisas que nacieron muertas de teoremas que nunca encajaron en ninguna realidad ni consumada ni a proyectarse. Curiosa es la energía que se empeña en “separar la iglesia del Estado” pero la base científica de la que desandan sus inquietudes parecieran alinearse más hacia un resguardo psicológico que uno razonable en base a lo empírico.

La economía en general que deambula desorientada sobre las banquinas de rutas de fibra óptica pareciera estar buscando un sitio donde fenecer, mediado esto por estocadas mortales desangrantes a un cuerpo enteléquico del que se idealiza por encima de las consideraciones lógicas y prácticas arrulladas en posición fetal perdiendo la noción de contexto actual e histórico en la que sobradas experiencias carecieran de valor alguno para los autoproclamados pensadores, aunque éste último concepto se aleje a paso lento y constante de su etimología conforme pasa el tiempo desde que la moneda de cambio universal, el dólar, carece de respaldo tangible y/o genuino alguno esfumándose de entre los brazos del sistema productivo que requiere todavía más proteínas que antes, y donde el mundo redsocializado pareciera ignorar y sumirlo a un segundo plano tras el elixir informático de la tecnología, la economía del conocimiento y otras yerbas.

Ser duro con el problema y blando con las personas nos lleva indefectiblemente a tirar de la punta de ovillo y desnudar la inocencia de los planteos que arropados por preceptos de plano idílico de cuento de hadas la competencia es perfecta, los costos logísticos nulos y las personas se comportan como autómatas y pasan a ser simples códigos binarios como una especie que yace vegetativamente, cuando lo único predecible es el comportamiento irracional y la única certeza reinante es la estupidez humana que tan frágil se resguarda sobre los hombros de otros tantos pares que detrás de un domo de cristal se congregan para reflexionar el mundo no sin antes refrendar sus argumentos basados en el empirismo cotejado en Netflix 24 x 7. Si la preocupación de ciertos círculos pensantes es el abuso de doctrinas francesas, suecas, inglesas y alemanas en las áreas de la ciencia social, imagínese usted cuando todo esto es reemplazado por los guiones de las producciones hollywoodenses.

La carrera armamentística y la coquetería entre las potencias mundiales respecto del avance tecnológico o la capacidad de patentamiento son simples piezas de un rompecabezas que sólo requieren de una mesa adecuada que contenga las dimensiones de semejante ilustración de fuerzas que ni el cielo mismo alcanzaría si cada jugador pusiera las fichas sobre la mesa de una última guerra mundial en puerta mientras el espectador pasa el tiempo en determinar si el líder chino levantó más o menos una ceja cuando le respondía a su par norteamericano en una supuesta contienda comercial de la que la periferia somos víctimas y de donde nuestros cipayos locales nos incitan a enamorarnos como síndrome de Estocolmo de nuestros verdugos foráneos que desangran nuestros recursos y capacidades por las venas fluviales de nuestro Paraná que ve en primera persona pasar mercadería mal pagada a cambio de espejitos de colores. Aquello de que el dólar no va más porque se deprecia o puede depreciarse nos lleva al periodo 1970-1978 donde como consecuencia de la crisis del petróleo y la disputa financiera de los países árabes al sistema monetario internacional llevó a depreciar la moneda estadounidense en un 33%, en otro 33% entre 1985-1988, y un 28% entre el 2002 y el 2011. El portal canadiense Global Research calcula unos 20 millones de muertos por Estados Unidos desde la Segunda Guerra mundial de forma directa e indirecta a lo largo de la Guerra Fría, y las de oriente hasta la actualidad. Claro, sostener un sistema así no se logra mediante el “diálogo” liso y llano, y no en vano se harán las demostraciones de fuerza cuando vemos lanzarse misiles “de prueba” de cada lado del planeta.

Pretender que una depreciación del dólar signifique el principio del fin de la hegemonía norteamericana es no haber comprendido el párrafo reciente o al menos relativizar los posibles efectos colaterales de un cruce beligerante imaginando quizá resultar ilesos por posición geográfica, para lo que también además implicaría no entender las más mínimas lecciones de la estrategia militar y de dominio que a través de la injerencia silenciosa las potencias han mantenido con sus ex colonias a través de la presencia de sus gerentes en los parlamentos, o sus gerentes directamente en las cómodas butacas de las multinacionales que esparcidas capilarmente se ubican tácticamente en diferentes nodos productivos del que fluye la mercadería a granel y la de alto valor agregado, claro, el valor se lo quedan ellos mientras los lacayos distraen con falsas teorías de que vendiendo barato a expensas del bajo salario se termina vendiendo más. Vale recordar que cuando Inglaterra llegó a la India en el siglo XVIII ambas naciones representaban cada una alrededor del 20% del PBI mundial (es decir, un 40 y pico porciento entre ambas naciones). Cuando el Viceroy de la Corona inglesa Louis Francis Albert Victor Nicholas Mountbatten le entrega el mando a Mahatma Gandhi, la India representaba el 2% del PBI mundial. El precio de la “civilización”.

Es extraño suponer que el patriotismo signifique cantar con más o menos fuerza el himno nacional, o que el nacionalismo sea oligopolizado por un puñado de personas que comen seguido y se congregan en plazas agitando banderitas proclamando alguna idea de “libertad” clamando por la mano invisible de Smith. Quizá algún día comencemos por el principio y como en cualquier clase seria de cualquier ciencia social se empiece por ponernos de acuerdo con los términos y conceptos a desandar en el aprendizaje y tal vez allí podamos redefinir los alcances del dominio, de la injerencia, y saber qué significa tener “voz y voto” en un directorio empresarial y saber que si el capital no tiene nacionalidad, que una empresa esté radicada en un país no signifique necesariamente que las decisiones se correspondan con los intereses nacionales del mismo.

jueves, 9 de julio de 2020

Acumulación de capitales y la concentración en Estados no-Nación: la nacionalidad del capital


Difícilmente pueda llevarse a cabo la premisa de la acumulación del capital cuando la voluntad de su tenedor se antepone como derecho humano por sobre la lógica de la preservación de la salud de la comunidad en su conjunto. Cualquier planteo socioeconómico fundamentalista entra en jaque dentro de un embrollo que no tiene punta de dónde tirar.

Los estándares que movilizan las decisiones individuales son promovidas incluso por la creencia del mismo individuo que propaga una noción sobre las cosas que lo terminan sujetando a la suerte de su propia acción, casi como la profecía autocumplida que cada vez retorna con mayor velocidad dado las herramientas informáticas comunicacionales que imposibilitan repetir aquello de las palomas que proveyeron de la fortuna de los Rothschild.

Lo cierto es que a medida que la masa de asalariados acumula pequeños ahorros y los estímulos los conducen a decisiones arriadas, el destino del volumen acumulado se termina por diluir en canales antiproductivos de ahorros que por sonidos ahuyentagolondrinas se fugan del sistema y se reclaman en ganancias financieras que sólo hacen depreciar la producción real oprimiendo sobre el stock de dólares y depreciando los precios/salarios relativos en dólares para reducir todavía más el poder adquisitivo absoluto y con esto, claro, la masa de consumo que es lo que retiene capitales extranjeros de retornar a la casa matriz de sus empresas en concepto de remesas.

Por otra parte, si desde el Estado y a través del Banco Central se opta por seducir al inversor mediante altas tasas de interés, entonces se vuelve más atractivo esperar por un retorno de tasa de interés en concepto de plazo fijo que consumirlo en productos de fabricación nacional cuando al mismo tiempo el mismo Estado no restringe el acceso de mercadería de importación obligando a competir al local vía precios pujando por la baja relativa de la carga salarial ya sea reduciendo el mismo, ya sea despidiendo o subiendo los precios nominales o todo al mismo tiempo que es lo que a cuentagotas termina ocurriendo.

Repasando, si del Producto Nacional se fuga una alta masa de dólares al mismo tiempo que se abren las importaciones, el capital nacional se esfuma desinvirtiendo en producción volcándose a las finanzas a expensas de lo que sea no importa que los instrumentos financieros impliquen apostar contra el Estado Nacional, y el capital extranjero reduce sus inversiones y gasto en divisas localmente puesto que vende menos internamente por la reducción generalizada del poder adquisitivo, volviendo menos competitiva su inversión por los costos medios que implican una inversión a escala que justifique radicarse aquí, ya que la mano de obra no se encuentra tan barata como la asiática (excepto Japón y Corea del Sur) con salarios de subsistencia, ni el poder adquisitivo es tan importante como el que se encuentra en la Europa occidental por los altos salarios, mientras la lejanía del cono sur latinoamericano encarece el traslado tanto de la materia prima que viene importada como del bien final a exportar. Aquí es donde entra en juego la primarización de la economía exportadora, ya que se vuelve más rentable apostar por la actividad primaria y a grandes volúmenes y que emplea poca mano de obra, y de donde la proporción de tributo local es relativamente menor que la actividad productiva y de la que las retenciones por convenio suscrito ante la OMC no puede exceder del 35 por ciento en calidad de retenciones.

Si del compromiso de pago de deuda externa estimando una carga relativa al Producto en el orden del 20 por ciento, asciende al 100 por ciento y cuando sincronizadamente el Estado decide reducir la recaudación de divisas por eliminación de retenciones hacia los productos de exportación, entonces la capacidad de ahorro/stock de dólares de las Reservas se ven relativamente debilitadas volviendo vulnerable las Cuentas Nacionales frente a eventualidades futuras, alterando esto las calificaciones y disparando los riesgos de default puesto que hay menos dinero para pagar más deuda (no es difícil de augurar), entonces los capitales o potenciales desistirán de invertir en una economía que enferma generando revuelo en las bolsas y comenzando el efecto dominó de desinversión donde se activa el protocolo social involuntario del “sálvese quien pueda” resucitando una y otra vez las lecciones de Lord Maynard Keynes de la Ley Psicológica Fundamental acelerando el proceso recesivo a ritmo vertiginoso.

Cuando una persona adquiere un vehículo además de la transacción monetaria debe adecuarse a una serie de lineamientos de carácter formal y fiscal, de la que obtiene documentación de dominio y reconocimiento de bienes bajo instrumento público y de la que goza de protección y garantía constitucional. Claro que en la documentación que prueba dominio se denomina al bien y al sujeto estableciéndose así el vínculo legal que acredita titularidad. Similar proceso ocurre con la adquisición de inmuebles. Sin embargo el dinero llamado también como “moneda de curso legal” consta de un papel certificado y garantizado por el Banco Central de cada país, aunque no declara mismo vínculo entre persona y cosa, pese a la probatoria de legitimidad en tanto y en cuanto la trazabilidad que sólo la bancarización permite, cuando el dinero sale a la plaza, o a la calle para ser más preciso, se convierte en un paria, huérfano sujeto a la ley del más fuerte (o del mejor protegido) frente a eventualidades de una sustracción, mediante hurto o robo que al mismo tiempo imposibilita la garantía constitucional que ostenta el vehículo o el inmueble ya que el billete tiene un código de serie que vincula con su emisor pero no vincula con la persona que dice poseerle. Es decir entonces que podemos atribuirle origen al dinero en cuanto a Institución emisor del país o bloque económico/Estado que refiera pero no encuentra restricción de movilidad internacional más que algunas impuestas por distintos Estados o Gobiernos. Como el dólar es la moneda de transacción mundial, sus tenedores buscan preservarlos donde encuentren mayor comodidad volviendo al capital apátrida sin Nación. He aquí la offshorización global.

Si por otra parte no replanteamos los conceptos inter-nacionales hablando estrictamente del relacionamiento entre las Naciones por los intereses respectivos, estaremos firmando pactos leoninos puesto que desde siempre prima la doctrina Washington de “intereses con todos, amistad con nadie”, reconociendo que las relaciones sólo deben darse cuando la pérdida es relativamente menor que con otro y siempre y cuando no exista un sustituto que nos provenga de resultados más ventajosos. Puesto que el dólar no tiene nacionalidad, da igual si proviene de Arabia Saudita, de la India, de Canadá o de Surinam en tanto y en cuanto el egreso de los mismos no nos resulte a largo plazo un deterioro de nuestras arcas nacionales. En efecto, las viejas conquistas se daban entre tantas razones por expansión territorial, por prevención ante un avasallamiento, para la obtención de recursos de otras latitudes, o por simple juego de dominio, entre tantos otros que desde que la Banca se institucionalizó desde pasado el doceavo siglo posterior a Cristo el intercambio de dinero (en cualquiera de sus formas) implica el traslado de los recursos (a través del comercio) y la sumisión de compromisos a futuro (a través de empréstitos y deuda) por lo que la soberanía se termina lavando a través de solemnes actos protocolares y de supino glamor que pone de rodillas a una de las partes de forma pacífica, no beligerante.

Endeudarse supone sumisión, y vender a precio irrisorio implica ceder recursos en detrimento de uno a favor del otro (puesto que suma cero) y lo demás es verso. Así las cosas, la independencia se firma con la autonomía, la autarquía, el consumo a cambio de menos y la sustentabilidad a largo plazo, y todo aquello inversamente a esta dirección es, pues, colonialismo.

martes, 19 de mayo de 2020

La hambruna de Bengala

"Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende"

Churchill y la hambruna de Bengala: la especulación de siempre, el hambre de ayer y hoy

El economista y Premio Nobel Amartya Sen afirmó que no había escasez global de arroz en Bengala en 1943: la disponibilidad era algo mayor que en 1941, cuando no había hambre.​ En parte fue esto lo que condicionó la lenta respuesta oficial al desastre, ya que no habiendo pérdidas de cosechas, el hambre era inesperada. Una de sus causas fundamentales, sostiene Sen, estaba en los rumores de la escasez que provocaron el acaparamiento y la inflación de los precios causada por la rápida demanda en tiempo de guerra que hizo que las partidas de arroz fueran una excelente inversión (los precios ya se habían duplicado respecto al año anterior).

En la interpretación de Sen, mientras que los campesinos propietarios de tierras en donde creció el arroz y los que trabajaban en las industrias de las zonas urbanas y en los muelles vieron cómo sus salarios se elevaban, se condujo a un cambio desastroso en los derechos de intercambio de grupos como los campesinos sin tierra, pescadores, barberos, descascarilladores de arroz y otros grupos que encuentran que el valor real de sus salarios había sido recortado por dos tercios desde 1940. Churchill impidió aliviar la carga a la india, y la aumentó, las industrias indias fueron reconvertidas para ayudar en la manufactura de armas y uniformes a las tropas en África y la frontera con Japón. Esto dejó sin industrias de primera necesidad a las grandes ciudades Indias, lo que sumado a un aumento en los envíos de granos, provocó el colapso. Al estar las fábricas ocupadas en armamentos, bienes como herramientas agrícolas y ganaderas estaban en escasez. Esto contrajo la producción agrícola y al no poder entregar la cantidad de granos que los Británicos pedían producir, los terratenientes indios entregaron los almacenes de comida locales. Al haber menos granos disponibles en los comercios, el precio se duplicó mientras los sueldos con el esfuerzo de guerra se congelaron por 5 años. Esto causó que en 1943 murieran 2 millones de personas en la peor hambruna de la india del siglo XX. En pocas palabras, a pesar de que en Bengala había suficiente arroz y otros granos para alimentarse, la gente no tenía suficiente dinero para comprar.

jueves, 14 de mayo de 2020

Destetar o detestarse


Según el psicoanálisis, El destete se define como un período de tiempo en la vida del niño y de la madre que comienza con la introducción de alimentos diferentes de la leche materna en la alimentación del niño y termina con el abandono total de la lactancia. Es un proceso gradual, no se produce de forma súbita y requiere de un periodo de tiempo para culminarse. El inicio del destete tendría una fecha de inicio general que es el comienzo de la introducción de los alimentos complementarios a la dieta del bebé. Y si bien todos los niños abandonan la lactancia materna de modo natural, la madre puede decidir contribuir a la aceleración del proceso natural del destete.

Hay una paradoja en la vida que a la deriva naufraga perdido en los mares de su consciencia, casi una dicotomía sustancial que impide el desarrollo individual sin la contención de su álter ego por naturaleza, que en sociedades lactadas por las comunicaciones, recrea un hermano gemelo en cada uno de los individuos al que adhiere gregariamente y le concede el descanso emocional que implica abandonar a su madre. Esto nunca llega, es parasitario y crónico, y en algunos casos toma un revólver matando a su opresor para quedarse sometido a su recuerdo por el resto de sus días. Mata la enfermedad suicidándose emocional y cognitivamente. El destete nunca se da. Negocios.

La concepción que los seres humanos le dan como forma intangible para comprender el mundo que los contiene y los rodea les implica establecer un compendio de significados y significantes para los objetos inanimados como para las sensaciones, emociones y fenómenos que escapan al tacto y sobre aquellos conceptos construir las estructuras que necesitan para desarrollarse. El sentido común dicta que si la materia prima falla y se alcanza noción de ello, pues la materia prima debe sustituirse por una que reúna las características adecuadas en virtud de su propósito. Lo ilógico es aferrarse al equívoco esperando de aquello algo que nunca obtendrá. Y lo curioso es que de los locos, o mentalmente enfermos se espera comportamiento absolutamente racional cuando del ser humano cuerdo se espera comportamiento irracional e ilógico. Paradojas nada más.

Si como proceso de adaptación y proliferación de las especies, los organismos a prueba y error recaban y procesan esa información para que su descendencia cuente con aquella certeza y evolucione, ¿cómo es posible que el ser humano pierda aquella conexión filosofal que todo niño desanda cuando ve lastimarse una y otra vez al compás del regaño constante de sus progenitores? Pues si el problema se detecta en un punto específico de la línea de tiempo evolutiva de determinados seres, se me ocurre pensar que Sócrates hace más de 2400 años estaba en lo cierto entendiendo que los seres humanos en ese periodo debieran de estar protegidos de la mala información, de la mala educación y al carecer de sentido de disociación del bien y del mal, simplemente debe no estar expuesto a las fauces de poetas y fabuladores que mal interpelan a los Dioses. Educar al educador, es lo que el filósofo griego concluyó cuando pensaba en la formación de los soldados como artesanos y vitales para el desarrollo de una sana sociedad. Todos somos soldados.

Así dadas las cosas en esta vida y en este mundo competitivo los seres humanos guerrean entre sí por recursos, y punto final. No existen otras afirmaciones, sino preguntas acertadas que realizarnos sobre el desarrollo de aquella ecuación, como por ejemplo entender qué entendemos por recursos y cuáles no, o qué prácticas conforman el concepto de guerrear, y cuándo observamos competitividad y cuando es un mero sometimiento como el que realiza un agricultor con sus especies que cultiva para ser ingeridas inexorablemente. Oh proteccionista animal que pugna por el consumo de seres a no animados como causa por el no maltrato y la no crueldad sobre animales, permítame señalar su falta de fundamentalismo y su criterio parcial y deliberado sobre el cuál hacer su máxima kantiana, porque las leyes de los mortales como las leyes de la naturaleza dictan que el criterio para las sociedades debe ser universal y por ende el fundamentalismo registra una alineación de cero grados para levantar edificios. Cultivar plantas para engullirlas es igual que criar animales para utilizarlos, a los fines estrictos de la ciencia. Sólo somos códigos y moléculas que transitamos en este mundo, sabe, porque entre no haber nacido y morir no hay diferencia alguna, y con vaga ironía expreso que incluso en la muerte el ser humano al menos en algunas medidas puede elegir acelerar el proceso o establecer lugar y contexto en el cual finar su existencia, cuando venir a la vida es compulsivo, deliberado y autoritario. ¿O acaso usted fue consultado y dio su aprobación para venir a este mundo tal y como vino? Sólo respuestas incorrectas.

Las personas que no destetan no se desarrollan, y punto. Y el destete cuando deja de ser físico pasa a ser emocional y el cordón umbilical que lo acompaña hasta la muerte lo estrangula pero no le impide respirar, no es constrictora como las serpientes que lo emplean para cazar y alimentarse, sino que lo realizan seres humanos con su descendencia de forma egoísta consciente o inconsciente para saciar o emparchar sus propias carencias, con la diferencia que el ser humano no necesariamente pone en duda los conceptos emocionales escritos en los códigos morales y éticos que yacen en la letra chica del contrato de vida, muy por el contrario incluso hasta los repite hasta el hartazgo cargado de contradicciones que arrastra hasta generarse una escoliosis cognitiva que le impide incluso advertir que le está por salir el volante mientras conduce y sube historias a Instagram como enviando botellas al mar con mensajes incoherentes e ilegibles para que las recoja alguien que interpreta lo que está esperando oír o leer para saciar su apetito de banalidad.

Cuando el ser humano no se desteta, disléxicamente se detesta, porque muy a sabiendas de lo que no quiere repetir en su vida, se aferra a un recuerdo que corrigió con el Paint y al que arrastrará a su descendencia para configurar una fotografía con destino de fondo de pantalla.