jueves, 22 de marzo de 2018

La complicidad, la connivencia


Conquistar tierras mediante el conflicto bélico, la toma por la fuerza y la invasión se constatan como el vetusto manual de imperialismo que aun en tiempos de Sun Tzu resultaría arcaico si el mismo tuviera twitter y la fusión de Cablevisión-Telecom.

Lo cierto es que el asedio audiovisual se ha perfeccionado desde la Segunda Guerra Mundial como herramienta de disuasión y convencimiento y toma de partido por parte del ciudadano de a pie en cada rincón del universo. No por nada, en aras de la reconstrucción europea y su subsiguiente consolidación, una de sus más acertadas reformas fue justamente la regulación de los Medios Audiovisuales como medida de prevención de la falaz “libertad de prensa (privada)” respaldada en la creación de la Sociedad Interamericana de Prensa en la colonizada Cuba de 1943.

Si entendemos como definición de la economía como aquella ciencia que estudia el comportamiento del ser humano frente a recursos escasos, bien podemos deducir que deriva de una ciencia de corte social donde la psique del ser humano en forma colectiva dinamiza los efectos generales de la economía. Pues, si a lo reciente le agregamos como variable el hecho de la supremacía audiovisual del imperio a través de sus complejas redes de acciones, grupos societarios y sociedades anónimas donde el dueño es siempre el mismo interesado, podemos comprender lo tendencioso que puede resultar siempre cada movimiento que el “periodismo independiente” realiza frente a la luz roja de led que le indica estar “al aire”.

El fin primario y único del imperialismo, el capitalismo y sus derivaciones es siempre la siguiente: someter a los otros y trabajar para uno. Y si no es posible que lo haga gratis (como en China), que lo haga lo más barato posible. Entro en un país, altero su política, abarato su mano de obra, y me traigo sus recursos mientras los entretengo con netflix y algún que otro comediante de turno que habla de la política “actual” ridiculizando y banalizando todo como para desactivar cualquier intento de movilización ciudadana.

Si a estos magros resultados del imperio de abaratar nuestro trabajo y disminuir el potencial cognitivo de la sociedad resumido al grado “millennial” le inoculamos una reducción de exigencia y calidad educativa en cada uno de sus niveles para “adaptarse a los tiempos” a sabiendas del estrepitoso resultado generacional, pues el cuenco está servido y sólo falta que nos instalen la cultura de comer arrodillados a una mesa ratona.
 

jueves, 22 de febrero de 2018

Raigambre

Entendamoslo, sin su pasado no será nada ni nadie.

Es difícil avanzar cuando la cinta caminadora sobre la que nos desplazamos siempre permanece en el mismo sitio, y así nos resulta todo cuando desde pequeños mamamos diversos códigos que se nos impregnan y hacen metástasis por toda nuestra matriz de construcción de pensamiento y la misma que permite comprender al universo.

Así todo, la contradicción de quien nos ametralla con preceptos y ética moralista de dudosa singularidad lo hace a sabiendas de su ambigüedad, lo que nos mantiene suspendidos en un limbo cognitivo haciéndonos dudar permanentemente sobre el avanzar o licuar las culpas primero, mientras nuestro adversario carente de toda culpabilidad avanza a paso redoblado por sobre nuestros intereses más inmediatos y aquellos que anhelamos en algún remoto futuro posible.

¿Será quizá entonces que parte de nuestro subdesarrollo se deba al dubitar como una constante en nuestra caminadora que imaginamos como 'vida'?

Los interrogantes se repliegan sobre todo el frente de batalla del que solemos abandonar con recurrencia porque el miedo a la soledad nos abruma y se cierne sobre nuestras socavadas espaldas, permitiendo abstraernos de nuestro horizonte y sumirnos en la horizontalidad donde yace y se mece nuestro rebaño.

Cuando aprendemos a caminar nuestro enemigo espera que podamos sostenerlo en sus espaldas, es sólo especulación y aprovechamiento del esfuerzo ajeno, mientras nos endulza el oído con meritocracias encontradas, en un mundo de criterios perdidos y de lógicas ultrajadas...porque cuando nos cae la ficha del qué está pasando nos encontramos nuevamente ante un dilema instalado por la opinión publicada.

Mientras tanto la brecha se extiende como una pandemia en las entrañas de nuestra mente, dividiéndonos entre los pares perdiendo nuestro tiempo en nimiedades que a fin de cuenta sólo logra distraernos de la senda, haciéndonos parar sobre la banquina para contestar una llamada que nos hace volver porque nos olvidamos de algun papel en la oficina.

Y la moral y la ética se pelean por twitter y se toman unas cervezas en un after-hour de retiro, porque de 9 a 18 horas somos esclavos de las mentiras de un falso matrimonio que solloza para que empaticemos con su "momento" y nos replanteemos nuestros reclamos para más adelante, porque somos cristianos éticos y morales y a fin de cuentas nuestro empleador es una persona también que no debe tener malas intenciones. Porque en algún rincón de nuestra difusa consciencia nos inculcaron que todos somos iguales y que somos presuntamente buenos y que los malos son la excepción a la regla.

Claro, nos inculcaron un universo binario que duela entre el bien y el mal, lo malo y lo bueno, lo que está bien y lo que no. Pero...¿en qué momento nos explicaron los conceptos de lo bueno y lo malo? No lo recordamos, porque si nos debemos replantear lo que está bien y lo que no, ya somos sujetos de juicio ético y moral de los demás, porque también nos metieron a patadas en el culo que existe un "sentido común", aquel mismo sentido como el que nos redactaron en un libro desde hace mas de dos mil años con un montón de reglas de vida que si no las cumplimos las sufriremos en otra posible vida luego de la muerte.

Eso sí, los bienes materiales son efímeros, por eso los ricos no lo son tanto y debemos conformarnos con lo que tenemos y creer que los ricos lo son porque se esforzaron para ello y al fin y al cabo, nos convencemos en segundo plano que el mundo se rige por la meritocracia.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Doble moral


Resuenan como chasquidos de metal y reverberan unos segundos como en un duelo de paladines que se disputan un triunfo efímero, tan sólo para volver a repetir el duelo como en un sinfín que retorna siempre a cero.


Se difumina en el espectro sonrisas y ceños fruncidos, se colorean mejillas y se ruborizan ante la indignación proseguidos del sosiego como en un duelo de naipes entre pares que no arriesgan más que una dignidad cognitiva que ya fue cobrada y puso en bancarrota la solvencia inteligible.


Van y vienen corriendo descabezados dentro de un laberinto que es tan complejo como una pista de NASCAR, porque lo que importa no es el tiempo en que se vulnera la habilidad del adversario, sino tan sólo gozar del vuelque y otrora colisión para un puñado de espectadores de pocas pretensiones.


Con tazas como testigos forzados aún vaporan aromas, vestigios de un ameno tiempo compartido entre individuos que incluso en una cama de una plaza los separa un océano de por medio…y no porque sean especiales, sino porque no empatizan porque se entienden como adversarios en esta escalera de la vida donde le pisan los dedos al que viene debajo para estar menos lejos del que está más arriba, al que sólo le mira el culo.


Y los postulados hartan el denso y viciado aire que se respira en esas oficinas, en ese comedor al que asisten como condenados a algún singular infierno como los que se encuentran en el Dante.


Lo llamativo es verlos repetir las secuencias, parecen esos dibujos animados donde sólo les cambian el fondo y se los ven correr, como si estuvieran sobre una cinta caminadora anclados siempre en el mismo sitio. Y no difiere en demasía. Incluso me atrevo a aseverar que si cerramos los ojos nunca nos fuimos y nunca nos iremos de esa habitación. Porque lo que se encuentra detenido es la matriz desde la que elaboran sus enunciados, están programados como bajo un código fuente simple, y encadenados como desde una jaula donde se encuentra su subconsciencia que ya no puede gritar por haberse dañado sus cuerdas vocales de gritar clemencia.


Los códigos y mandatos éticos y morales que les-incorporaron desde niños someten fuerza mediante a lo que el ser humano es por naturaleza, un animal con raciocinio que ha sido suplido por lo que Erich Fromm señaló como “racionalización del pensamiento”, es decir una parte de la consciencia que razona intransigente e indoblegable una temática en particular cuando al mismo tiempo se termina por  contradecir cuando el razonamiento comienza desde otras áreas y confluyen en un “valor” que de vez en cuando se los olvidan en sus casas antes de salir.


Robar es malo, pero si robo un poquito y entre amigos, no pasa nada.


jueves, 26 de octubre de 2017

Fichas

Cuando la ira se apodera de una estéril voluntad se producen implosiones donde el autoestima se estrangula creyendo estar dándose placer, sólo mueren unas neuronas y con ellas, la persona.

Colgados del cinto que presenció en primera persona el azote, los imbéciles son marcados en la piel como animales de descarte, como peones de un ajedrez que nunca comprenderán ya que los movimientos quedan sujetos a merced de una mano invisible que entre turneros los mueven hacia la muerte, tanto como un proyectil cuyo destino nació resuelto.

Las carencias tanto afectivas como como de seguridad y amor propio se recrudecen y somatizan en los demás, como si el mundo fuera un gran caleidoscopio o un cuarto de espejos del que no quieren escapar, porque el miedo al más allá es más fuerte cuando desde pequeños se les inculcó depender de algo, de alguien, no se conocen a sí mismos, son un ovillo de lana sin puntas. Un rollo de cinta que no tiene principio ni final.

El odio habla por megáfono, los filtros sociales y los ficticios “valores” a los que suelen recurrir en sus expresiones como clichés se revierten a deshoras entre improperios y exabruptos que se deslizan de sus úlceras, tomando partido por batallas que no entienden y de la que no obtienen beneficio alguno.

Mientras más apelan a los valores, más se monetizan porque todos tenemos un precio y mientras menos se sienten por dentro, más creen valer y es cuando los naipes se dan vuelta y el adversario se anticipa a la jugada.

Sólo son fichas sobre una manta del azar, echadas al aire sin valor alguno más que el que el mercado les establece…y como cada vez son más, pues….cada vez valen menos. Simple juego de oferta y demanda.


jueves, 19 de octubre de 2017

Puntos

Por caso, la negación a ultranza de las obviedades que como bien expresó Sherlock Holmes alguna vez: es tan evidente que no lo nota la gente.

Lo más difícil es perdonarse a uno mismo, esa batalla imperante e imperiosa entre la consciencia y la sub donde la persona es juzgada así misma cuando el rocío de la quietud se apodera de los sórdidos minutos a solas cuando el ser humano civilizado se encuentra al caer la noche, y con ella, la jornada.

Segundos mas, segundos menos la calma arrecia con virulencia sobre las huestes de la desolación, aquella que se abre paso de entre los individuos que coexisten en mismo establecimiento físico al mismo tiempo que en la metafísica propia se encuentran arrullados sollozando por los rincones de su propia existencia como un niño desconsolado que acaba de perder a sus seres queridos por un trágico accidente que ni siquiera le dejó un culpable con quien desquitarse, sólo interrogantes vanos y estériles que nada harán por él.

Sin embargo, la negación que sojuzga la mente a perpetuidad lo revira y radicaliza a premisas que coquetean con los umbrales del desquicie, amuchados todos estos entre sí para arroparse en una falsa sensación de certeza como fanáticos que son absorbidos por el papel del libreto que les dejan bajo la puerta cada mañana, como un pasquín instructivo moralista.

Lo irónico de todo esto, es que mientras más repiten enunciados de libertad individual, más los apretuja el cadalso…mientras más proclaman pensar diferente, más creencia se apodera de sus enunciados.

Esta claro que el enemigo del poder establecido es la organización, sin vueltas. La moda hace su parte cuando les hace creer al soberano que el resto impone la tendencia mientras corren descabezados hacia el matadero de su espíritu, juntándolos cada vez mas, pero aislándolos al punto de repelerse como la misma polarización. De lejos parecen una masa uniforme y de cerca no son más que puntos separados y que nunca se unirán.

Mientras tanto y con algarabía el poder descansa plácidamente en forma de tinta sobre papiros cuya caducidad se expresa en el letargo que aprisiona al soberano mientras pululan en un bucle repitiendo la historia una y otra vez.


jueves, 15 de diciembre de 2016

El Sexo tabú



Testosterona y estrógeno, dos simples y complejas hormonas que definen la supervivencia del ser humano como otro animal más en este des-reino de especies y subespecies.

La musculatura y las aptitudes físicas que trascienden a los individuos y este caso específico al mamífero, sucumben ante los interrogantes más simplistas que anidan en el escollo visceral del ser humano.

Por caso los dilemas irresolubles para la humanidad redundan siempre y por siempre en las inmediaciones de la sexualidad como el eslabón perdido que tiene a la evolución como sujeto torturado en el Guantánamo de la providencia.

Digamos que toda actitud humana se encuentra atravesada por un trasfondo sexual, en definitiva, aquella actividad que permite la supervivencia de cualquier especie siempre en medio de la adaptabilidad al cambiante ambiente que le hace de sustento bajo sus pies.

Es decir que la clave es adaptación, y como subsiguiente la recolección de información que se desarrolla como código fuente en el genoma humano.
Sólo el más apto sobrevive. Parece el principio vector de la supervivencia en general.

Si todo comportamiento humano se direcciona con un sinfín de variables que convergen siempre en el fin último de la reproducción: ¿por qué entonces el sexo es un tabú?

La respuesta subyace en el párrafo y enunciado reciente.
Simplemente porque para reproducirse, el cerebro humano debe realizar el arduo trabajo de recopilar información, analizar la antecesora que dio conformación a su actual vida, y proyectar sobre el cambio especulable que el medio le condiciona.

Una vez compaginada la información genética entre los escenarios posibles, la oferta feromonal es echada al aire como la moneda en una subasta que tiene al ser humano como objeto mercancía, muy por detrás de los preceptos socio-culturales que dictaminan la conducta humana en el contexto que lo tiene como rehén.

El sexo se torna un tabú entonces, porque solo cuando cierran los números en el cerebro, instruido el subconsciente e interpretado por la consciencia es cuando la sexualidad es liberada en plaza donde el cuerpo y aquello otro que hace al a supervivencia y que permita una proyección de su descendencia, libera la animalidad humana en los andamios del ajetreo que rechina en una cama o en la mesa del comedor en un frenesí salvaje ya no pudoroso.

Cuando menos tendríamos que pensar racionalmente que todo aquello que nos produzca placeres mundanos, físicos y al alcance de la percepción sensorial debieran interpretarse como información que va y viene como respuesta entre el cerebro y la consciencia.

Por último, cuando nuestra sexualidad se encuentra plena, en un ser humano adulto y maduro, debemos entender que nuestros genes estarán aptos para reproducirse con aquel otro ser humano que nos dilata las pupilas y nos muestra las cartas en una partida entre la mente y la subconsciencia.



viernes, 16 de septiembre de 2016

Jaque



Sola en un bar ella estaba, sentada de costado con una leve inclinación en señal de derrota, cabizbaja no comprendía, o tal vez lo hacía pero se resistía a entender…

Una pausa indeterminada, era eso, se encontraba detenida mientras todo giraba en derredor, el mundo continuaba y nada importaba, nadie existía para ella mientras sollozaba su alma como en una profunda eternidad…era un sueño surrealista sin principio ni final

Muecas de resignación, suspiraba en vano, bufaba mirando la mesa donde se acodaba con su mejilla apisonada por el puño que la sostenía mientras observaba sin comprender un tablero donde no había nada, sólo líneas verticales y horizontales donde suele jugarse el ajedrez

La fuerza la dejaba como un amor no correspondido que se diluye por las rendijas de lo indefectible, era irreversible solo mutaba el paso del tiempo donde nada pasaba para ella mientras observaba con atención el tablero donde solía jugar ajedrez

Por el rabillo de un ojo que nítida veía la sombra de la suerte que la vino a buscar, impaciente la sujetaba del brazo con virulencia incomodando al entorno con una escena de regaños tirando la taza de té, derramándose fría por la ajada madera de aquella vieja mesa de bar donde solía jugar sola al ajedrez

Con un fuerte jalón logró divorciar la silla de la incertidumbre quien derrotada se encontraba en jaque con el peor castigo de los infiernos que ni el propio Dante imaginó, reteniendo su sentencia a la pausa de un mate que no llegaría jamás, ahora rebufaba, ya nada quedaba para ella, la esperanza la traicionó y le soltó la mano que la ataba al tablero de ajedrez ahora recostada sobre el sucio piso de granito de aquel bar de mala muerte

La incertidumbre supo que el momento llegó y hasta la ejecución de su proceder se encontraba en un intervalo de eternidades, el juego había terminado y solo podía aferrarse a la frustración que ansiosa la aguardaba tras el escritorio de una oficina pública para derivarla con un superior que no existía, confinada a aguardar tras el turnero que no indicaba números ni nada, era la próxima pero eso nunca ocurriría

Bien supo la incertidumbre que no había ya alternativa, no había categoría ni juicio de valor que le asesorara una salida, la letra chica del contrato solo decía “buena suerte” mientras observaba su reloj de muñeca donde veía las manecillas moverse mientras nada más lo hacía a su alrededor, porque en aquella partida de ajedrez estaba sola jugando contra su propia culpa, mientras todos pasaban y ella se diluía en el cotidiano azar que nos observa detrás del mostrador.