martes, 19 de mayo de 2020

La hambruna de Bengala

"Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende"

Churchill y la hambruna de Bengala: la especulación de siempre, el hambre de ayer y hoy

El economista y Premio Nobel Amartya Sen afirmó que no había escasez global de arroz en Bengala en 1943: la disponibilidad era algo mayor que en 1941, cuando no había hambre.​ En parte fue esto lo que condicionó la lenta respuesta oficial al desastre, ya que no habiendo pérdidas de cosechas, el hambre era inesperada. Una de sus causas fundamentales, sostiene Sen, estaba en los rumores de la escasez que provocaron el acaparamiento y la inflación de los precios causada por la rápida demanda en tiempo de guerra que hizo que las partidas de arroz fueran una excelente inversión (los precios ya se habían duplicado respecto al año anterior).

En la interpretación de Sen, mientras que los campesinos propietarios de tierras en donde creció el arroz y los que trabajaban en las industrias de las zonas urbanas y en los muelles vieron cómo sus salarios se elevaban, se condujo a un cambio desastroso en los derechos de intercambio de grupos como los campesinos sin tierra, pescadores, barberos, descascarilladores de arroz y otros grupos que encuentran que el valor real de sus salarios había sido recortado por dos tercios desde 1940. Churchill impidió aliviar la carga a la india, y la aumentó, las industrias indias fueron reconvertidas para ayudar en la manufactura de armas y uniformes a las tropas en África y la frontera con Japón. Esto dejó sin industrias de primera necesidad a las grandes ciudades Indias, lo que sumado a un aumento en los envíos de granos, provocó el colapso. Al estar las fábricas ocupadas en armamentos, bienes como herramientas agrícolas y ganaderas estaban en escasez. Esto contrajo la producción agrícola y al no poder entregar la cantidad de granos que los Británicos pedían producir, los terratenientes indios entregaron los almacenes de comida locales. Al haber menos granos disponibles en los comercios, el precio se duplicó mientras los sueldos con el esfuerzo de guerra se congelaron por 5 años. Esto causó que en 1943 murieran 2 millones de personas en la peor hambruna de la india del siglo XX. En pocas palabras, a pesar de que en Bengala había suficiente arroz y otros granos para alimentarse, la gente no tenía suficiente dinero para comprar.

jueves, 14 de mayo de 2020

Destetar o detestarse


Según el psicoanálisis, El destete se define como un período de tiempo en la vida del niño y de la madre que comienza con la introducción de alimentos diferentes de la leche materna en la alimentación del niño y termina con el abandono total de la lactancia. Es un proceso gradual, no se produce de forma súbita y requiere de un periodo de tiempo para culminarse. El inicio del destete tendría una fecha de inicio general que es el comienzo de la introducción de los alimentos complementarios a la dieta del bebé. Y si bien todos los niños abandonan la lactancia materna de modo natural, la madre puede decidir contribuir a la aceleración del proceso natural del destete.

Hay una paradoja en la vida que a la deriva naufraga perdido en los mares de su consciencia, casi una dicotomía sustancial que impide el desarrollo individual sin la contención de su álter ego por naturaleza, que en sociedades lactadas por las comunicaciones, recrea un hermano gemelo en cada uno de los individuos al que adhiere gregariamente y le concede el descanso emocional que implica abandonar a su madre. Esto nunca llega, es parasitario y crónico, y en algunos casos toma un revólver matando a su opresor para quedarse sometido a su recuerdo por el resto de sus días. Mata la enfermedad suicidándose emocional y cognitivamente. El destete nunca se da. Negocios.

La concepción que los seres humanos le dan como forma intangible para comprender el mundo que los contiene y los rodea les implica establecer un compendio de significados y significantes para los objetos inanimados como para las sensaciones, emociones y fenómenos que escapan al tacto y sobre aquellos conceptos construir las estructuras que necesitan para desarrollarse. El sentido común dicta que si la materia prima falla y se alcanza noción de ello, pues la materia prima debe sustituirse por una que reúna las características adecuadas en virtud de su propósito. Lo ilógico es aferrarse al equívoco esperando de aquello algo que nunca obtendrá. Y lo curioso es que de los locos, o mentalmente enfermos se espera comportamiento absolutamente racional cuando del ser humano cuerdo se espera comportamiento irracional e ilógico. Paradojas nada más.

Si como proceso de adaptación y proliferación de las especies, los organismos a prueba y error recaban y procesan esa información para que su descendencia cuente con aquella certeza y evolucione, ¿cómo es posible que el ser humano pierda aquella conexión filosofal que todo niño desanda cuando ve lastimarse una y otra vez al compás del regaño constante de sus progenitores? Pues si el problema se detecta en un punto específico de la línea de tiempo evolutiva de determinados seres, se me ocurre pensar que Sócrates hace más de 2400 años estaba en lo cierto entendiendo que los seres humanos en ese periodo debieran de estar protegidos de la mala información, de la mala educación y al carecer de sentido de disociación del bien y del mal, simplemente debe no estar expuesto a las fauces de poetas y fabuladores que mal interpelan a los Dioses. Educar al educador, es lo que el filósofo griego concluyó cuando pensaba en la formación de los soldados como artesanos y vitales para el desarrollo de una sana sociedad. Todos somos soldados.

Así dadas las cosas en esta vida y en este mundo competitivo los seres humanos guerrean entre sí por recursos, y punto final. No existen otras afirmaciones, sino preguntas acertadas que realizarnos sobre el desarrollo de aquella ecuación, como por ejemplo entender qué entendemos por recursos y cuáles no, o qué prácticas conforman el concepto de guerrear, y cuándo observamos competitividad y cuando es un mero sometimiento como el que realiza un agricultor con sus especies que cultiva para ser ingeridas inexorablemente. Oh proteccionista animal que pugna por el consumo de seres a no animados como causa por el no maltrato y la no crueldad sobre animales, permítame señalar su falta de fundamentalismo y su criterio parcial y deliberado sobre el cuál hacer su máxima kantiana, porque las leyes de los mortales como las leyes de la naturaleza dictan que el criterio para las sociedades debe ser universal y por ende el fundamentalismo registra una alineación de cero grados para levantar edificios. Cultivar plantas para engullirlas es igual que criar animales para utilizarlos, a los fines estrictos de la ciencia. Sólo somos códigos y moléculas que transitamos en este mundo, sabe, porque entre no haber nacido y morir no hay diferencia alguna, y con vaga ironía expreso que incluso en la muerte el ser humano al menos en algunas medidas puede elegir acelerar el proceso o establecer lugar y contexto en el cual finar su existencia, cuando venir a la vida es compulsivo, deliberado y autoritario. ¿O acaso usted fue consultado y dio su aprobación para venir a este mundo tal y como vino? Sólo respuestas incorrectas.

Las personas que no destetan no se desarrollan, y punto. Y el destete cuando deja de ser físico pasa a ser emocional y el cordón umbilical que lo acompaña hasta la muerte lo estrangula pero no le impide respirar, no es constrictora como las serpientes que lo emplean para cazar y alimentarse, sino que lo realizan seres humanos con su descendencia de forma egoísta consciente o inconsciente para saciar o emparchar sus propias carencias, con la diferencia que el ser humano no necesariamente pone en duda los conceptos emocionales escritos en los códigos morales y éticos que yacen en la letra chica del contrato de vida, muy por el contrario incluso hasta los repite hasta el hartazgo cargado de contradicciones que arrastra hasta generarse una escoliosis cognitiva que le impide incluso advertir que le está por salir el volante mientras conduce y sube historias a Instagram como enviando botellas al mar con mensajes incoherentes e ilegibles para que las recoja alguien que interpreta lo que está esperando oír o leer para saciar su apetito de banalidad.

Cuando el ser humano no se desteta, disléxicamente se detesta, porque muy a sabiendas de lo que no quiere repetir en su vida, se aferra a un recuerdo que corrigió con el Paint y al que arrastrará a su descendencia para configurar una fotografía con destino de fondo de pantalla.

jueves, 7 de mayo de 2020

El Mercosur y la Decisión 32



En el año 2000 se emitió la “Decisión 32” desde el Consejo del Mercado Común estableciendo que los estados parte deberán negociar tratados comerciales en forma conjunta. El artículo primero establece que se negocia de forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias.

El año 2000 no fue cualquier año para el comercio internacional, por caso fue el lanzamiento por Goldman Sachs de los BRIC’s (brick en inglés significa ladrillo), bloque comercial compuesto por Brasil, Rusia, India y China, con la integración también en menor medida de Sudáfrica, como un proyecto económico y financiero proyectado a 50 años estimando que el crecimiento de mencionadas economías se daría ininterrumpidamente y afirmando a todo momento de visión ortodoxa que simplemente sumando población y PBI absoluto era motivo suficiente para alcanzar el desarrollo a fuerza de exportaciones. El 15 de septiembre del 2008 fue se firmó el acta de defunción de los BRICS con el quiebre del Lehman Brothers y el hundimiento de los commodities llevándose consigo los sueños neoclásicos de un bloque comercial nuevo y desarrollado. La restricción externa puso al descubierto la fragilidad de contentar a los capitalistas locales a fuerza de divisas por exportación presionando internamente mediante precios empujando la negativa curva del Gini de cada uno de los países del ladrillo empobreciendo sus poblaciones muriendo con las botas puestas del librecambio.

Por otra parte en el año 2000 como propuesta de Estados Unidos, China solicita ante la OMC ingresar  como estado parte, mientras la Unión Europea calentaba sus hornos para acuñar su flamante moneda única, el “euro”. La UE fue el primer bloque comercial en poner el grito en los cielos del multilateralismo denunciando que la China comunista no se trataba de una “economía de mercado” sino una intervenida que pondría en contradicción más de un principio fundamental del libre mercado acordado en Naciones Unidas. El plan de adecuación de China a los estándares admisibles por la Organización Mundial del Comercio constó de un plazo de 15 años semi-automático de admisión en el cual China debiera de respaldar periodo tras periodo sus números contables que den cuenta de una no intervención en los precios de producción sospechados de subsidios constantemente por parte de innumerables denuncias presentadas por la Unión Europea bajo el concepto de dumping, a lo que China bajo el Protocolo de Adhesión WT/L/432 celebrado en Doha el 10 de noviembre de 2001, se sometió a exámenes periódicos de sus “precios de mercado” con los que terminó inundando de mercadería chatarra compuesto de salario esclavo con el aval de la escribanía estadounidense “Organización Mundial del Comercio”.

La idea inicial del Mercosur data de mediados de la década de 1980 por acuerdo entre Argentina y Brasil de establecer mecanismos comunes de intercambios, y una unión aduanera cuando mucho, ya que siguiendo las tendencias mundiales en 1984 entre el Consejo Europeo de Fontainebleu que estableció correcciones de equidad presupuestaria entre los estados miembros, y el Consejo Europeo de Milán de 1985 que por decisión unánime convoca una conferencia intergubernamental para estudiar las competencias institucionales para establecer un verdadero mercado común. Es decir, que en los manuales de integración económica donde parece ser que vale todo la única experiencia verosímil de aquello fue un proceso de adecuación jurídico-económico como el experimentado por el viejo continente, por lo que en 1985 se firmó la base de lo que sería luego el Mercosur entre Argentina y Brasil, estableciendo un plan de trabajo a diez años siguiendo similares pasos que Europa occidental, estudiando caso por caso y entendiendo la importancia de las asimetrías socio-económicas de ambos Estados. Algo habrá sucedido en el medio de todo, ya que el Mercosur se termina firmando en 1991 y los Estados argentino y brasileño estuvieron presididos por gobiernos neoliberales Fernando Collor de Mello como presidente del Brasil, y Carlos Saúl Ménem como presidente de la Argentina. ¿Casualidad?

El Consenso de Washington consistió en un paquete de diez fórmulas de reformas económicas a propuesta del economista John Williamson hacia países en desarrollo que estuvieran atravesando crisis financieras. Claro, para vender un producto hay que instalar una necesidad primero, es márketing puro. No obstante los métodos de persuasión y coerción de los grandes centros de poder —apátridas y sin Nación—lo sorprendente es acelerar procesos de integración como a punta de pistola, la misma pistola que desde los medios de comunicación apuntan a la cabeza del desarrollo para que mire hacia un costado mientras el neoliberalismo hace las suyas al compás de las risas agregadas a las situaciones de humor al mejor estilo “Friends”. Mirar para un costado, eso mismo hace Europa cuando utiliza el dinero de la abultada Cuenta Capital, bien nutrida de ingresos provenientes de sus colonias, de sus remesas y de todo aquello que proviene de un comercio bilateral desigual donde el déficit comercial agolpa sus consulados para tramitar visas que nunca se otorgan mientras a cuentagotas pasan los mejores recursos humanos fabricados por el tirano sistema de sustitución de importaciones que como perros tras rejas ladran encrespados a sabiendas que la ferocidad sólo aparece cuando se cuestiona la raigambre del poder cultural.

Ahora resulta que el Mercosur estuviera por romperse porque un Estado parte hace uso de un artículo emitido de hace veinte —sí, 20— años que establece que las decisiones se toman en forma conjunta, al entender que establecer libre mercado entre economías desiguales y en medio de una crisis sin precedentes como la actual por la pandemia del coronavirus. Vale mencionar que cuando Europa se dirigía hacia la firma del Acta única de 1986, la misma entró en vigencia en julio de 1987 con un retraso de seis meses porque un particular interpuso ante los tribunales irlandeses un recurso de amparo en defensa de sus intereses privados. Seguro no se lo esperaban.

martes, 31 de marzo de 2020

Obsecuentia, el arte de traicionar


La etimología establece a la obsecuencia como originario del término latino obsequens, que para tiempos modernos y actuales bien pueden diferenciarse como atributos de determinadas personalidades, a menudo identificados con los comportamientos sociales tóxicos de personalidades tóxicas. Así las cosas, mi código fuente de razonamiento en base a mi experiencia desenvolviéndome en diversos grupos sociales y bajo determinadas estructuras jerárquicas me lleva a detectar que la obsecuencia orbita en derredor a la traición como satélite, entendiendo las señales de lenguaje corporal —y no tanto— obsecuentes que se ubican en el camino trazado por la traición. Digamos que la obsecuencia es indispensable para el interés tácito del traidor.

Como mencioné en mi artículo “La traición” (https://estertormental.blogspot.com/2016/05/la-traicion.html) “[…] Después de todo, la moral y la ética son inventos del ser humano para convivir y sobrevivir entre los demás frente a recursos escasos…las opciones de fingir una sonrisa adosada a un halago revisten del terciopelo de la funda de un puñal […]”. Es imprescindible no encerrarnos en dilemas que oscilan entre los límites de la legalidad de los códigos de conducta acordados por las distintas sociedades que dan entidad —cuando pueden— a un compendio de cláusulas identitarias. Veamos.

En lo que respecta a la etimología, "identidad" proviene del latín "identitas", y este de "idem", que dio lugar a "ídem" y significa "lo mismo". Desde un punto de vista morfológico no implica anomalías, ya que está claramente formado a partir del morfema "ident", fácilmente reconocible en el sustantivo "identidad". Si bien la R.A.E. no oficializa aun su adopción, la raíz de la expresión no presenta conflicto conceptual por lo que no es rechazado de plano en su utilización frecuente en las ciencias sociales.

Las leyes se sancionan en el Congreso, el que se compone por los soberanos a quienes el pueblo empodera y en quienes depositan el velar por sus intereses, y que, tomando como referencia a Hobbes: “…una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos, realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno como autor, al objeto de que pueda utilizar la fortaleza y medios de todos, como lo juzgue oportuno, para asegurar la paz y defensa común. El titular de esta persona se denomina SOBERANO, y se dice que tiene poder soberano; cada uno de los que le rodean es SÚBDITO suyo…

Sócrates, en su diálogo con Polo, correspondiente a uno de los diálogos de Platón (entre 388 a. C. y 385 a. C.) tratando sobre la retórica, Sócrates le concede al joven discípulo de Gorgias una definición acerca de la retórica haciéndole ver que el mismo no es en sí un arte, sino una capacidad basada en la experiencia cuyo fin es el de producir agrado y placer, lo que esto último confunde al joven ya que lo asocia a lo positivo, mientras el sabio Sócrates le señala que la retórica se asemeja al arte culinario, al menos en que no son más que formas de la adulación.

Digamos que en la carrera de construcción de Poder el pueblo legitima explícita e implícitamente las acciones de su soberano, o bien lo realiza al momento de erigirlo mediante su voto o también mediante su silencio e inacción cuando aquél toma decisiones en detrimento de las mayorías. En efecto, los mecanismos de convencimiento de las masas cuando estos no violaran la legalidad, se constituirán como legítimos a menos que la comunidad organizada se pronunciara y exhortara al soberano a tomar medida contra ello. En esta última oración reside la incógnita a despejar en la ecuación que define el pasado, presente y futuro de las sociedades. La adulación como instrumento de convencimiento fue advertido por Sócrates como perjudicial para la construcción sana de la sociedad, y como elemento anómalo para la generación de las buenas leyes que indicaba Hobbes.

La condescendencia entendida como una conducta de adaptación al gusto de sometimiento a la voluntad de un tercero parece quedar a mitad del lago de fuego donde las medias tintes que, como patrón hartamente repetido en vidas repetidas, se manifiesta abiertamente en los lazos de amistad que el ser humano tiende para su propia supervivencia física como metafísica. En esta dirección bien podemos diferenciar pasos erráticos que sólo redundan sobre sí, de aquellos dados en la obsecuencia que se ubican, como mencioné antes, sobre la senda delineada de un destino de interés planificado por la traición. Si bien la inocencia de la condescendencia observada en los círculos de amistad difiere del pragmatismo que denota la obsecuencia, se funden en una danza nebulosa plausible de ser socializado vía Instagram.

Por consiguiente el interés por conservar y preservar una amistad muchas veces entra en conflicto por aquél desinterés propio de arriesgar una amistad con la ejecución de acciones que un ser considera su par debe atender, cuando éste último pudiera reaccionar negativamente ante su negación, rechazo o simplemente la ofensa. Aquí entra en juego la entereza, la autoestima y la determinación de uno y otro por quebrantar la ruidosa melodía de la paz que muchas veces sólo reverbera para tapar la incomodidad de un silencio que sólo puede echar luz sobre el andrajoso camino de la depuración emocional de un individuo. El manipulador conoce bien los naipes, e incluso los marca en su dorso casi imperceptiblemente para llevar siempre un paso adelante y llevar así adelante su plan de acción.

Por cuestionada, polémica, discutible y endeble que pueda resultar, el psicoanálisis como cualquier ejercicio científico debiera y debe de considerarse y apreciarse por sobre los consejos que el “sentido común” susurra desde usinas transportadoras de mensajes que por momentos parecieran representar lo que entiendo como “el efecto cucaracha” (https://estertormental.blogspot.com/2018/11/el-efecto-cucaracha.html), y pecar de verdugo por omisión a cambio de 33 monedas de amistad que utilizará a futuro para su beneficio propio. Cualquiera que ejerza la metodología científica estará más cerca de la verdad que aquél que no lo hace, y punto.

Así las cosas, la realidad se torna al calor del entorno que establece una simultánea de eventualidades y bajo patrones que definen como “normales” y bajo ese domo coexisten y hasta se multiplican como cualquiera logia de la que se tenga noción, el juicio de valor emitido sobre tal quedará sujeta a subjetividades y objetividades cuando exista un plexo normativo acordado por la comunidad.

En la amistad se incuban falsas verdades bajo caracteres embanderados de amor, en tanto que las patologías crecen conforme la distracción del auto-juicio al que nuestra consciencia nos somete de tanto en cuanto como válvula de alivio y evitar así las implosiones emocionales cuando el verdadero amor incurriría en el riesgo de resultar expulsado por introducir un reflejo que vendría a alterar el orden establecido, amén del interés genuino de provocar un bien en su prójimo. Aquí entra la dicotomía de guarecerse en la mentira confortable y la disuasión amena de las vanidades, o el tedio del silencio fúnebre de la indagación ante el lóbrego estrado que nos mira con desdén. En mi experiencia personal, muchos han vuelto a mí al cabo de tiempos de diversos plazos, quizá luego de desandar caminos equívocos y andrajosos a oscuras y enceguecidos por falaces consejos tibios y carentes de carácter lo suficientemente crudos para cortar el cordón umbilical que los estrangula y no les permite desarrollarse. Sean bienvenidos, sin rencores.

Y re-citando a Arthur Schopenhauer: "de algunas personas vale más ser traicionados que desconfiar"

Continuará...

jueves, 26 de marzo de 2020

El comercio internacional y las teorías importadas


“La experiencia ha demostrado que la inseguridad real o imaginaria del capital, cuando éste no está bajo control inmediato de su dueño, aunada a la natural renuencia que siente cada persona a abandonar su país de origen y sus relaciones, confiándose a un gobierno extraño, con nuevas leyes, detienen la emigración del capital. Estos sentimientos, que lamentaría ver debilitados, son los de que muchos capitalistas se den por satisfechos con una tasa de utilidades baja en su propio país, en vez de buscar un empleo más ventajoso de su riqueza en países extraños” (Ricardo, Principios, Cap. VII. 1817)

La ciencia es objeto de vejación conceptual con frecuencia puesto que la semiótica al servicio del poder corporativo enquistado en las modernas formas de Estado-Nación —esto último podrá discutirse— se constituye como el Sable de Londres de las cruzadas de un sector de la élite que ha alcanzado un grado de concentración de riquezas que incluso demanda ser gravado para preservar su statu-quo —esto quedará como misterio tabú para los libertarios hasta el fin de sus días.

He de advertir al lector que se esmere en preservar lo menester de sostener a las ciencias económicas como gajo de las ciencias sociales y no una autónoma, muy a pesar de la corriente marina que propulsa los reactores que suministran la energía de nuestro día a día, ya que como consecuencia de la no-comprensión y el infradimensionamiento de sus alcances debemos debatirnos a vanos duelos contra una progresía que reniega de la economía y se resguarda en los confortables brazos culposos de padres separados que retienen a sus vástagos con la sociología como convitio que decanta en pubertario o progres como consecuencia de una falta de autoridad paternal.

Lo curioso de desempolvar viejos manuales de economía es que exaspera al millennial por acuciar una atemporalidad en función de su subdesarrollada personalidad, la que es atañida por la estampida audiovisual de la Guerra fría cuyo individuo es sumido por el miedo a la soledad como producto de una desestructurada crianza producto de la concentración de riquezas acelerada desde el abandono del patrón oro, allá por el 15 de agosto de 1971, obligando a los padres a salir del hogar y ceder la silla de la cabecera familiar a un Estado-Nación en el que aquel mencionado plutócrata es accionista mayoritario también.

Dadas las circunstancias descritas la sociología pareciera emerger casi como por artilugio de la prestidigitación cuya ejecución aparentara haber tomado lecciones de algún instituto de prestigio internacional, aquellos donde suelen figurar los patrocinadores que, mención merece, suelen ser las multinacionales que ramifican sus acciones capilarmente en un entramado accionario que más bien se parece a una metástasis social donde toma decisiones el que pone más plata. Así de simple.

El comercio exterior pareciera inmiscuirse entre las ciencias como una sietemesina que fue dada a luz con problemas cognitivos de donde sus intérpretes razonaran a medias, tal como describió Erich Fromm con su “racionalización del pensamiento” en el que la lógica sólo se presentara para dar explicación y justificación sólo cuando las variables y estadísticas pueden probar pequeños teoremas que no calificarían para ningún ensayo científico serio dada la insuficiencia de representatividad como muestra, y que, muy por el contrario aquel razonamiento se disocia en el mismo individuo cuando se le presenta en su contra, y aquí la observación de Fromm realizada con militantes intestinos de distintas causas allí por el interludio de la Segunda Guerra Mundial y posguerra.

Desde la reorganización global y su pertinente Nuevo Orden Mundial —el de 1945— la Sociedad de las Naciones, o mejor dicho las Naciones Unidas fueron reorientando el Derecho Internacional hacia un enfoque en el cual los Estados se reconocen desde sus individuos y no sobre una concepción rígida en el que el Republicanismo deje afuera la demanda de sus grandes y no tan grandes minorías, casi como aseverando que los Estados son de sus pueblos, y no cautivos de su propio reglamento. Así las cosas resultaron muy mal para Palestina y para la Argentina con el caso Malvinas y la “autodeterminación” que pareciera no aplicar en determinados casos.

El comercio queda allí como ariete de las políticas de dominio que, invocando a Carl Von Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política mediante la fuerza...” puedo y me atrevo a inferir que es más costoso iniciar una campaña expansiva y de ocupación para extraer sus recursos que simplemente dominarlos, hacerles venderlos a precios irrisorios a cambio de productos sobrevalorados a penas con una inversión mínima en cada silla de directorio empresarial, o de concejo deliberante, de consejo superior, de algún congreso provincial o nacional, y así en cada organización cuya estructura organizacional implique un sistema tal como ¿el de la democracia? pues claro, eso mismo. Se dice en la historia oficial y no tanto que el acuerdo para extender el Plan Marshall a Japón luego de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki para su recuperación económica fue la de modificar su sistema monárquico, eliminar la figura del Emperador y sustituir éste por el de un sistema democrático. Un lindo gesto ante los ojos de la progresía que no nota cuando le roban el volante mientras va manejando.

Un sinfín de teoremas de bella poética dialéctica se presentan como modernas, incluso los viejos teoremas de Linder, el de Marshall, y toda la música ejecutada por la tecnocracia así como las “nuevas geografías económicas” que no hacen más que explicar lo que están viendo y sin saber incluso que están citando viejas melodías del trío Oli Heckscher, Bertil Ohlin y Paul Samuelson apelando al vetusto e impertinente teorema de la dotación de factores haciéndonos creer que Australia es desarrollado por su dotación de factores y la relación habitantes/tierra/capital cuando la Argentina ha transitado una distribución similar siendo que para 1870/1890 tanto Australia como Gran Bretaña, Alemania y otros tantos comenzaron a encarecer la tierra ociosa mediante el aumento de impuestos redirigiendo los capitales hacia la inversión productiva impulsado por el desarrollo industrial pesado y aquí por estos lares todavía se sigue enredando en estériles discusiones sobre las libertades individuales y que el Estado confisca las ganancias y todo aquello. Pura progresía. En fin, si debiéramos de validar la teoría de la dotación de factores para explicar el desarrollo Australiano dejando las ciencias políticas de lado mediante el esquema de Heckscher-Ohlin-Samuelson, el planteo quedaría trunco al introducir la Argentina como parte de la ecuación. Y aquí está el quid de la cuestión.

Continuará.

domingo, 1 de marzo de 2020

Estructuras (parte 1)



Han pasado poco más de seis mil años desde el descubrimiento de la estructura de sustento mediante arcos en el que durante su construcción se utiliza una estructura auxiliar que lo sostiene provisionalmente, conocido esto como “cimbra”.

Las sociedades basan su sostenibilidad y proliferación en base a determinadas estructuras organizacionales que por lógica bien podríamos desglosar en conjuntos y ordenarlos por relevancia e imprescindibilidad. Va de suyo que este último concepto el mismo que ha de ser considerarse para sí, como el de ser cuidado en el mismo orden de relevancia, puesto que hablando de sociedades, la conquista y el sometimiento del prójimo es condición intrínseca del ser humano y por ende, la conducta referida a ello implica un flanco el que atacar y proteger.

Sencillo es imaginar siguiendo la línea de razonamiento propuesta en el párrafo precedente, que los suministros vitales son ordenadores y pilares de la estructura social propuesta al principio, por lo que preservar la reserva de agua dulce, como las fuentes de calor para sobrevivir al frío presupone al mismo tiempo un blanco el cual no perder de vista. Tal como expresó Colmar von der Goltz en 1883, la nación debe movilizar todos sus recursos humanos, económicos e ideológicos para poder imponerse en un enfrentamiento bélico moderno, entendiendo que en los momentos de presunta paz, las naciones deben estar preparándose para la guerra.

Así todo, la conquista implica distintas fases en distintos plazos, de corto, mediano y largo, por lo que la inmediatez resultara fácilmente advertible, la de mediano tan sólo visible para los analistas serios y los de largo plazo quizá para un puñado de personas que son señalados como conspiracionistas por los del primer grupo, y desestimados por los del segundo y no es de extrañar esta última situación ya que en este caso hablo desde el tercer mundo donde la propaganda imperialista hace mella justamente donde no puede ser advertido —en el corto plazo mediante los destellos de las pantallas a través de Netflix 24 x 24—, donde es puesto en duda en un laberinto de análisis progresista —diezmando las estructuras bibliográficas de la academia—y donde sólo los que tradicionalmente han sido capaces de leer las señales del gran TEG mundial por lo general han sido asesinados en la argentina desde 1955.

En el mundo, mientras la riqueza se concentra en menos personas como nunca antes ha sucedido —gracias a la maldita globalización— ya que en la actualidad se estima que 26 personas poseen más riqueza que 3.800 millones en el mundo, las clases que están debajo de la elite se pelean por la distribución de esos recursos restantes —ya que el statu quo no se toca—, donde se pone en duda en la actualidad sobre la estructura de activos/pasivos de los trabajadores y esto bajo un filtro de Instagram con forma de “la tecnología que reemplaza al ser humano” y otras formas como “la expectativa de vida del hombre es cada vez mayor…” y otras pelotudeces de esas que exasperan ver historias tras historias en las redes sociales.

El imperio no tiene nación, sólo tiene seguridad jurídica de su dinero legitimado por los Estados y su propiedad privada, por lo que esto último es el nervio de la guerra, y por lógica de conquista, es lo que uno atacaría para defenderse, como por ejemplo hacer lobby sobre las estructuras que dan soporte a la jerarquía jurídica de un país que garantice ad finitum la intangibilidad de esta condición. Si fuera parte de este imperio, invertiría en las Facultades de derecho, en los Colegios de Abogados, en la Justicia, en el Poder Ejecutivo y en el Poder Legislativo, lógicamente ya que mediante el abrigo dialéctico progresista de la democracia permitiría bajo simples lineamientos preservarnos y sostenernos mientras los medios de comunicación custodian con la espada de Damocles en vaina.

Así las cosas, inerme resisten las sociedades que adquieren dinámicas de organismos vivos en las que proliferan sus enfermedades y se activan sus mecanismos de defensa, en tanto y en cuanto esto sea entendido de esta manera nuestro adversario sabrá hábilmente subirnos o bajarnos la temperatura ambiente lo suficiente y de manera sigilosa para que mientras no nos demos cuenta no esté suministrando paracetamol a toda vez que la fiebre se presente, sin darnos cuenta que también la factura de la electricidad del aire acondicionado nos la hace pagar a nosotros, de marras quizá, a través de la sumisión perpetua de la deuda externa, su consecuente necesidad de proveer más productos que los adquiridos, es decir mediante un superávit comercial que interpretado por los voceros del falso mesías progresista y por su dialéctica de sofista pasará siempre como sano desempeño macroeconómico.

Todo remite a la estructura, ya sea de nuestra cotidianeidad que demanda organización, como aquella estructura emocional que de ambos lados del mostrador se vuelve causa y consecuencia ante desfasaje del nivel de burbuja cuando factores exógenos alteran nuestra estabilidad y que ante imposibilidad de resolución nos postra a sucumbir de rodillas a financista de lengua bífida que en cómodas cuotas hasta la muerte nos ofrece una oferta que no podremos rechazar, haciéndonos correr la coneja desde atrás como siempre sucede, y culpándonos de no alcanzarla nunca porque no nos esforzamos lo suficiente y claro…desde el palco apostando sobre nosotros y aguardando que la plusvalía del azar se ajuste automáticamente en función de los recursos disponibles que hayamos generado los peones de este ajedrez.
Continuará.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Fe y amor, la migración de huida



Se dice que los animales perciben una eventualidad de inestabilidad que les hace escapar de sus lugares hacia quién sabe dónde porque aún no se ha determinado que como protocolo de escape tengan algún criterio de norte y en función de qué se hace esta elección —si existe tal.

De momento los animales perciben temblores, cambios erráticos de temperatura ambiente, o tal vez leen comportamientos de otras especies que les indica que algo no está bien y que para preservar su especie entiende su genoma que debe retirarse de allí y emprender otro destino de emergencia hasta tanto se reordene su hábitat. Y aquí viene en cuestión otra especie que ante determinados estímulos de su hábitat entiende que es momento de partir, o de quedarse a defender su guarida, según.

El ser humano huye o se queda a enfrentar aquello que entiende desfavorable para su inmediato presente, es decir, su futuro próximo.

Todo acto con una expectativa de presente no inmediato implica un acto de fe, que el mismo bien puede ser disgregado en especulación en función de intereses propios y con esto me refiero a los del individuo y/o de su familia. En la antigüedad el pueblo luchaba a sabiendas de su indefectible muerte en batalla o ejecución porque depositaba en su fe, un futuro prometedor para la generación futura de su comunidad, y claro, porque el arraigo social daba lugar a una identidad que hoy y gracias a la maldita globalización carece de una propia, al menos donde el libertinaje empresario mediático echó riendas sueltas a su natural apetito expansivo.

El gran movilizador de la vida humana misma es el amor, porque su atributo de indefinible, de abstracto y subjetivo le vuelve un enigma para cada quién, si es que se puede aceptar la individualidad de los seres humanos, que por más que prediquen su vida como propia y auténtica la gran mayoría, sino casi la totalidad de ella, terminan siendo subproductos de la televisión cuyas personalidades se ven tan repetidas y predecibles como saliendo de una cinta de producción en serie.

El amor, casi como un eslogan marquetinero impuesto a los empujones en los segundos publicitarios audiovisuales destellantes, al límite de la epilepsia fotosensible -como las publicidades de Claro-, nos introduce algo que perseguir sin siquiera ponernos de acuerdo en algún significante y que se presenta como dolor fantasma en los albores de nuestras emociones.

La contención de la incertidumbre por la muerte biológica del ser humano nos ha mantenido con cierto grado de estabilidad por miles de años, siendo que ante un juego de posi/proba-bilidades nuestra constancia emocional se ve más/menos alterado por aquello mismo de no poder vivir un presente, es decir, un trastorno de ansiedad que nos conlleve a mitigarlo mediante alguna conducta derivada de ella, a saber, el entretenimiento, ya que o bien depositamos la creencia de la inmortalidad del alma, una vida más allá, la perpetuidad mediante la descendencia o el nihilismo de entender nuestro paso como efímero e insignificante.

Lo cierto es que las corporaciones, o bien el resultado de sus decisiones como correlación de fuerzas deriva en la actualidad en el cuestionamiento hacia los preceptos eclesiásticos como nunca antes haya sido visto, mancomunado con una concentración de riquezas mundiales arrinconando al humano promedio en la desigualdad social donde éste no encuentra contención y se entrega a mercaderes de falsas religiones que los recluta hábilmente como actores políticos que irónicamente predican la no-política dejando al individuo así, individualizado cual oveja vulnerable.

Mi mente no puede evitar conformar un identikit sobre los estándares estéticos que las corporaciones elaboran como productos en góndolas que debieran de decir “combo revolucionario”; “combo feminista”; “combo evangélico”; “combo apolítico”; etcétera, donde la metodología de investigación como de relevamiento de datos para estudio sociológico, o ya sea éste para una mera investigación de mercados nos lleva indefectiblemente a buscar patrones de conducta con la subsiguiente aglomeración de resultados por determinadas variables de segmentación.

Platón aseveró que “la ciencia es un juicio verdadero acompañado de razón”, donde el campo de las verdades cruzado con el campo de las creencias sobre una base de premisas dan a luz el conocimiento —epistemología— sobre el que la humanidad prolifera, siendo el mensaje elaborado por un ser pensante, y transportado por una persona que sólo lo propaga sin legitimarlo cognitivamente constituyéndolo a éste último como un mero creyente. Es decir, que cuando encuentro frases repetidas sin ninguna reversión ni metaforizada me da a entender que se trata de otro creyente cuyo mensaje que predica viene cargado de un determinado interés de alguien más. En este caso puntual, cuando veo seres repetidos hasta estéticamente, me da que pensar que son subproductos de las corporaciones también, que dicho sea de paso, son quienes venden la tinta para tatuajes, tijeras para cortes de pelo, el material de sus piercings y por supuesto las telas para la moda/no-moda, o a-moda tal como sucedió con la “generación x” y el movimiento grunge, que no eran otra cosa que aquellos caídos del sistema por injusticia social de los nacidos en el famoso “baby-boom” de los años 60.

Las corporaciones están en todo, nos venden las herramientas para hacer la revolución también, al mejor estilo James Moriarty, el archienemigo de Sherlock Holmes.

Como ya dije “todo acto con una expectativa de presente no inmediato implica un acto de fe” por lo que vivir en la incertidumbre, como a algunos patrones les gusta y lo manifiestan públicamente, les implica mayores ventas de entretenimiento y de ansiolíticos también, porque ellos tienen acciones de todo el espectro productivo/especulativo/productivo por lo que sólo deben de alterar nuestro estado emocional, o bien convenciéndonos de que no importa nada, o que lo que nos importa son las causas que instalan sólo para vendernos algo en el medio, tal como Edward Bernays homologó utilizando causas sociales para colocar productos hace 80 años exactamente.

¿Quieren hacer una revolución? Retomemos la lectura y el estudio, volvamos a la filosofía, y entendamos que el mundo pelea por la distribución de la riqueza, porque limpio de polvo y paja no es otra cosa que trabajar para alguien a cambio de nada, o tal vez a cambio de un pago en moneda que sólo representa trabajo pasado y trabajo a futuro, es decir, otro acto de fe.