lunes, 20 de julio de 2020

Patriotismo imaginario o nacionalismo adimensional: las caras de una moneda fiduciaria

El violento hervor que se acumula y compresiona dentro de una olla a presión erosiona a su paso como aquella teoría celeste que dicta que cuando dos cuerpos colisionan generan una energía de clase colateral. Así nuestras emociones mal canalizadas se comportan de similar manera cuando el “sentido común” oficia de comisario bajo criterios impertinentes engendrando una bestia incontenible que es lanzada a una sociedad alimentada por el influjo de estímulos hostiles donde la borrasca confunde a propios y extraños.

Los berserker eran guerreros vikingos que semidesnudos y a medio tapar por pieles entraban en combate bajo cierto trance de perfil psicótico prácticamente insensibilizados al propio dolor, tal como describieron Angus Sommerville y Andrew McDonald en su obra “La era de los vikingos” del 2010. Tanto así podemos graficar distintos comportamientos y razonamientos incluso en relajados intercambios entre personas de alta formación académica a la hora de desnudar sus conceptos e indagar sobre las premisas que enquistadas yacen en las paredes del raciocinio que a los vientos pregonan cual heraldos romanos en la que congregaban al pueblo para poner en autos sobre asuntos de interés que impartía el Feudo. Así las cosas la distorsión de la realidad difumada se presenta sobre el prisma desde el que proyectan el mundo.

Común no es el sentido per se, sino que el rebaño del que se guarecen recrean una serie de normas y creencias de corto alcance que les brinda protección de un mundo que no comprenden en demasía y del que temerariamente arriesgan su diagnósticos desde una rigurosidad científica que bien podría compararse con el procedimiento que pone sobre la tabla un catequista que razona dentro de límites dogmáticos tal como lo realizan los economistas “modernos” que se aferran a preceptos y premisas que nacieron muertas de teoremas que nunca encajaron en ninguna realidad ni consumada ni a proyectarse. Curiosa es la energía que se empeña en “separar la iglesia del Estado” pero la base científica de la que desandan sus inquietudes parecieran alinearse más hacia un resguardo psicológico que uno razonable en base a lo empírico.

La economía en general que deambula desorientada sobre las banquinas de rutas de fibra óptica pareciera estar buscando un sitio donde fenecer, mediado esto por estocadas mortales desangrantes a un cuerpo enteléquico del que se idealiza por encima de las consideraciones lógicas y prácticas arrulladas en posición fetal perdiendo la noción de contexto actual e histórico en la que sobradas experiencias carecieran de valor alguno para los autoproclamados pensadores, aunque éste último concepto se aleje a paso lento y constante de su etimología conforme pasa el tiempo desde que la moneda de cambio universal, el dólar, carece de respaldo tangible y/o genuino alguno esfumándose de entre los brazos del sistema productivo que requiere todavía más proteínas que antes, y donde el mundo redsocializado pareciera ignorar y sumirlo a un segundo plano tras el elixir informático de la tecnología, la economía del conocimiento y otras yerbas.

Ser duro con el problema y blando con las personas nos lleva indefectiblemente a tirar de la punta de ovillo y desnudar la inocencia de los planteos que arropados por preceptos de plano idílico de cuento de hadas la competencia es perfecta, los costos logísticos nulos y las personas se comportan como autómatas y pasan a ser simples códigos binarios como una especie que yace vegetativamente, cuando lo único predecible es el comportamiento irracional y la única certeza reinante es la estupidez humana que tan frágil se resguarda sobre los hombros de otros tantos pares que detrás de un domo de cristal se congregan para reflexionar el mundo no sin antes refrendar sus argumentos basados en el empirismo cotejado en Netflix 24 x 7. Si la preocupación de ciertos círculos pensantes es el abuso de doctrinas francesas, suecas, inglesas y alemanas en las áreas de la ciencia social, imagínese usted cuando todo esto es reemplazado por los guiones de las producciones hollywoodenses.

La carrera armamentística y la coquetería entre las potencias mundiales respecto del avance tecnológico o la capacidad de patentamiento son simples piezas de un rompecabezas que sólo requieren de una mesa adecuada que contenga las dimensiones de semejante ilustración de fuerzas que ni el cielo mismo alcanzaría si cada jugador pusiera las fichas sobre la mesa de una última guerra mundial en puerta mientras el espectador pasa el tiempo en determinar si el líder chino levantó más o menos una ceja cuando le respondía a su par norteamericano en una supuesta contienda comercial de la que la periferia somos víctimas y de donde nuestros cipayos locales nos incitan a enamorarnos como síndrome de Estocolmo de nuestros verdugos foráneos que desangran nuestros recursos y capacidades por las venas fluviales de nuestro Paraná que ve en primera persona pasar mercadería mal pagada a cambio de espejitos de colores. Aquello de que el dólar no va más porque se deprecia o puede depreciarse nos lleva al periodo 1970-1978 donde como consecuencia de la crisis del petróleo y la disputa financiera de los países árabes al sistema monetario internacional llevó a depreciar la moneda estadounidense en un 33%, en otro 33% entre 1985-1988, y un 28% entre el 2002 y el 2011. El portal canadiense Global Research calcula unos 20 millones de muertos por Estados Unidos desde la Segunda Guerra mundial de forma directa e indirecta a lo largo de la Guerra Fría, y las de oriente hasta la actualidad. Claro, sostener un sistema así no se logra mediante el “diálogo” liso y llano, y no en vano se harán las demostraciones de fuerza cuando vemos lanzarse misiles “de prueba” de cada lado del planeta.

Pretender que una depreciación del dólar signifique el principio del fin de la hegemonía norteamericana es no haber comprendido el párrafo reciente o al menos relativizar los posibles efectos colaterales de un cruce beligerante imaginando quizá resultar ilesos por posición geográfica, para lo que también además implicaría no entender las más mínimas lecciones de la estrategia militar y de dominio que a través de la injerencia silenciosa las potencias han mantenido con sus ex colonias a través de la presencia de sus gerentes en los parlamentos, o sus gerentes directamente en las cómodas butacas de las multinacionales que esparcidas capilarmente se ubican tácticamente en diferentes nodos productivos del que fluye la mercadería a granel y la de alto valor agregado, claro, el valor se lo quedan ellos mientras los lacayos distraen con falsas teorías de que vendiendo barato a expensas del bajo salario se termina vendiendo más. Vale recordar que cuando Inglaterra llegó a la India en el siglo XVIII ambas naciones representaban cada una alrededor del 20% del PBI mundial (es decir, un 40 y pico porciento entre ambas naciones). Cuando el Viceroy de la Corona inglesa Louis Francis Albert Victor Nicholas Mountbatten le entrega el mando a Mahatma Gandhi, la India representaba el 2% del PBI mundial. El precio de la “civilización”.

Es extraño suponer que el patriotismo signifique cantar con más o menos fuerza el himno nacional, o que el nacionalismo sea oligopolizado por un puñado de personas que comen seguido y se congregan en plazas agitando banderitas proclamando alguna idea de “libertad” clamando por la mano invisible de Smith. Quizá algún día comencemos por el principio y como en cualquier clase seria de cualquier ciencia social se empiece por ponernos de acuerdo con los términos y conceptos a desandar en el aprendizaje y tal vez allí podamos redefinir los alcances del dominio, de la injerencia, y saber qué significa tener “voz y voto” en un directorio empresarial y saber que si el capital no tiene nacionalidad, que una empresa esté radicada en un país no signifique necesariamente que las decisiones se correspondan con los intereses nacionales del mismo.

jueves, 9 de julio de 2020

Acumulación de capitales y la concentración en Estados no-Nación: la nacionalidad del capital


Difícilmente pueda llevarse a cabo la premisa de la acumulación del capital cuando la voluntad de su tenedor se antepone como derecho humano por sobre la lógica de la preservación de la salud de la comunidad en su conjunto. Cualquier planteo socioeconómico fundamentalista entra en jaque dentro de un embrollo que no tiene punta de dónde tirar.

Los estándares que movilizan las decisiones individuales son promovidas incluso por la creencia del mismo individuo que propaga una noción sobre las cosas que lo terminan sujetando a la suerte de su propia acción, casi como la profecía autocumplida que cada vez retorna con mayor velocidad dado las herramientas informáticas comunicacionales que imposibilitan repetir aquello de las palomas que proveyeron de la fortuna de los Rothschild.

Lo cierto es que a medida que la masa de asalariados acumula pequeños ahorros y los estímulos los conducen a decisiones arriadas, el destino del volumen acumulado se termina por diluir en canales antiproductivos de ahorros que por sonidos ahuyentagolondrinas se fugan del sistema y se reclaman en ganancias financieras que sólo hacen depreciar la producción real oprimiendo sobre el stock de dólares y depreciando los precios/salarios relativos en dólares para reducir todavía más el poder adquisitivo absoluto y con esto, claro, la masa de consumo que es lo que retiene capitales extranjeros de retornar a la casa matriz de sus empresas en concepto de remesas.

Por otra parte, si desde el Estado y a través del Banco Central se opta por seducir al inversor mediante altas tasas de interés, entonces se vuelve más atractivo esperar por un retorno de tasa de interés en concepto de plazo fijo que consumirlo en productos de fabricación nacional cuando al mismo tiempo el mismo Estado no restringe el acceso de mercadería de importación obligando a competir al local vía precios pujando por la baja relativa de la carga salarial ya sea reduciendo el mismo, ya sea despidiendo o subiendo los precios nominales o todo al mismo tiempo que es lo que a cuentagotas termina ocurriendo.

Repasando, si del Producto Nacional se fuga una alta masa de dólares al mismo tiempo que se abren las importaciones, el capital nacional se esfuma desinvirtiendo en producción volcándose a las finanzas a expensas de lo que sea no importa que los instrumentos financieros impliquen apostar contra el Estado Nacional, y el capital extranjero reduce sus inversiones y gasto en divisas localmente puesto que vende menos internamente por la reducción generalizada del poder adquisitivo, volviendo menos competitiva su inversión por los costos medios que implican una inversión a escala que justifique radicarse aquí, ya que la mano de obra no se encuentra tan barata como la asiática (excepto Japón y Corea del Sur) con salarios de subsistencia, ni el poder adquisitivo es tan importante como el que se encuentra en la Europa occidental por los altos salarios, mientras la lejanía del cono sur latinoamericano encarece el traslado tanto de la materia prima que viene importada como del bien final a exportar. Aquí es donde entra en juego la primarización de la economía exportadora, ya que se vuelve más rentable apostar por la actividad primaria y a grandes volúmenes y que emplea poca mano de obra, y de donde la proporción de tributo local es relativamente menor que la actividad productiva y de la que las retenciones por convenio suscrito ante la OMC no puede exceder del 35 por ciento en calidad de retenciones.

Si del compromiso de pago de deuda externa estimando una carga relativa al Producto en el orden del 20 por ciento, asciende al 100 por ciento y cuando sincronizadamente el Estado decide reducir la recaudación de divisas por eliminación de retenciones hacia los productos de exportación, entonces la capacidad de ahorro/stock de dólares de las Reservas se ven relativamente debilitadas volviendo vulnerable las Cuentas Nacionales frente a eventualidades futuras, alterando esto las calificaciones y disparando los riesgos de default puesto que hay menos dinero para pagar más deuda (no es difícil de augurar), entonces los capitales o potenciales desistirán de invertir en una economía que enferma generando revuelo en las bolsas y comenzando el efecto dominó de desinversión donde se activa el protocolo social involuntario del “sálvese quien pueda” resucitando una y otra vez las lecciones de Lord Maynard Keynes de la Ley Psicológica Fundamental acelerando el proceso recesivo a ritmo vertiginoso.

Cuando una persona adquiere un vehículo además de la transacción monetaria debe adecuarse a una serie de lineamientos de carácter formal y fiscal, de la que obtiene documentación de dominio y reconocimiento de bienes bajo instrumento público y de la que goza de protección y garantía constitucional. Claro que en la documentación que prueba dominio se denomina al bien y al sujeto estableciéndose así el vínculo legal que acredita titularidad. Similar proceso ocurre con la adquisición de inmuebles. Sin embargo el dinero llamado también como “moneda de curso legal” consta de un papel certificado y garantizado por el Banco Central de cada país, aunque no declara mismo vínculo entre persona y cosa, pese a la probatoria de legitimidad en tanto y en cuanto la trazabilidad que sólo la bancarización permite, cuando el dinero sale a la plaza, o a la calle para ser más preciso, se convierte en un paria, huérfano sujeto a la ley del más fuerte (o del mejor protegido) frente a eventualidades de una sustracción, mediante hurto o robo que al mismo tiempo imposibilita la garantía constitucional que ostenta el vehículo o el inmueble ya que el billete tiene un código de serie que vincula con su emisor pero no vincula con la persona que dice poseerle. Es decir entonces que podemos atribuirle origen al dinero en cuanto a Institución emisor del país o bloque económico/Estado que refiera pero no encuentra restricción de movilidad internacional más que algunas impuestas por distintos Estados o Gobiernos. Como el dólar es la moneda de transacción mundial, sus tenedores buscan preservarlos donde encuentren mayor comodidad volviendo al capital apátrida sin Nación. He aquí la offshorización global.

Si por otra parte no replanteamos los conceptos inter-nacionales hablando estrictamente del relacionamiento entre las Naciones por los intereses respectivos, estaremos firmando pactos leoninos puesto que desde siempre prima la doctrina Washington de “intereses con todos, amistad con nadie”, reconociendo que las relaciones sólo deben darse cuando la pérdida es relativamente menor que con otro y siempre y cuando no exista un sustituto que nos provenga de resultados más ventajosos. Puesto que el dólar no tiene nacionalidad, da igual si proviene de Arabia Saudita, de la India, de Canadá o de Surinam en tanto y en cuanto el egreso de los mismos no nos resulte a largo plazo un deterioro de nuestras arcas nacionales. En efecto, las viejas conquistas se daban entre tantas razones por expansión territorial, por prevención ante un avasallamiento, para la obtención de recursos de otras latitudes, o por simple juego de dominio, entre tantos otros que desde que la Banca se institucionalizó desde pasado el doceavo siglo posterior a Cristo el intercambio de dinero (en cualquiera de sus formas) implica el traslado de los recursos (a través del comercio) y la sumisión de compromisos a futuro (a través de empréstitos y deuda) por lo que la soberanía se termina lavando a través de solemnes actos protocolares y de supino glamor que pone de rodillas a una de las partes de forma pacífica, no beligerante.

Endeudarse supone sumisión, y vender a precio irrisorio implica ceder recursos en detrimento de uno a favor del otro (puesto que suma cero) y lo demás es verso. Así las cosas, la independencia se firma con la autonomía, la autarquía, el consumo a cambio de menos y la sustentabilidad a largo plazo, y todo aquello inversamente a esta dirección es, pues, colonialismo.

martes, 19 de mayo de 2020

La hambruna de Bengala

"Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende"

Churchill y la hambruna de Bengala: la especulación de siempre, el hambre de ayer y hoy

El economista y Premio Nobel Amartya Sen afirmó que no había escasez global de arroz en Bengala en 1943: la disponibilidad era algo mayor que en 1941, cuando no había hambre.​ En parte fue esto lo que condicionó la lenta respuesta oficial al desastre, ya que no habiendo pérdidas de cosechas, el hambre era inesperada. Una de sus causas fundamentales, sostiene Sen, estaba en los rumores de la escasez que provocaron el acaparamiento y la inflación de los precios causada por la rápida demanda en tiempo de guerra que hizo que las partidas de arroz fueran una excelente inversión (los precios ya se habían duplicado respecto al año anterior).

En la interpretación de Sen, mientras que los campesinos propietarios de tierras en donde creció el arroz y los que trabajaban en las industrias de las zonas urbanas y en los muelles vieron cómo sus salarios se elevaban, se condujo a un cambio desastroso en los derechos de intercambio de grupos como los campesinos sin tierra, pescadores, barberos, descascarilladores de arroz y otros grupos que encuentran que el valor real de sus salarios había sido recortado por dos tercios desde 1940. Churchill impidió aliviar la carga a la india, y la aumentó, las industrias indias fueron reconvertidas para ayudar en la manufactura de armas y uniformes a las tropas en África y la frontera con Japón. Esto dejó sin industrias de primera necesidad a las grandes ciudades Indias, lo que sumado a un aumento en los envíos de granos, provocó el colapso. Al estar las fábricas ocupadas en armamentos, bienes como herramientas agrícolas y ganaderas estaban en escasez. Esto contrajo la producción agrícola y al no poder entregar la cantidad de granos que los Británicos pedían producir, los terratenientes indios entregaron los almacenes de comida locales. Al haber menos granos disponibles en los comercios, el precio se duplicó mientras los sueldos con el esfuerzo de guerra se congelaron por 5 años. Esto causó que en 1943 murieran 2 millones de personas en la peor hambruna de la india del siglo XX. En pocas palabras, a pesar de que en Bengala había suficiente arroz y otros granos para alimentarse, la gente no tenía suficiente dinero para comprar.

jueves, 14 de mayo de 2020

Destetar o detestarse


Según el psicoanálisis, El destete se define como un período de tiempo en la vida del niño y de la madre que comienza con la introducción de alimentos diferentes de la leche materna en la alimentación del niño y termina con el abandono total de la lactancia. Es un proceso gradual, no se produce de forma súbita y requiere de un periodo de tiempo para culminarse. El inicio del destete tendría una fecha de inicio general que es el comienzo de la introducción de los alimentos complementarios a la dieta del bebé. Y si bien todos los niños abandonan la lactancia materna de modo natural, la madre puede decidir contribuir a la aceleración del proceso natural del destete.

Hay una paradoja en la vida que a la deriva naufraga perdido en los mares de su consciencia, casi una dicotomía sustancial que impide el desarrollo individual sin la contención de su álter ego por naturaleza, que en sociedades lactadas por las comunicaciones, recrea un hermano gemelo en cada uno de los individuos al que adhiere gregariamente y le concede el descanso emocional que implica abandonar a su madre. Esto nunca llega, es parasitario y crónico, y en algunos casos toma un revólver matando a su opresor para quedarse sometido a su recuerdo por el resto de sus días. Mata la enfermedad suicidándose emocional y cognitivamente. El destete nunca se da. Negocios.

La concepción que los seres humanos le dan como forma intangible para comprender el mundo que los contiene y los rodea les implica establecer un compendio de significados y significantes para los objetos inanimados como para las sensaciones, emociones y fenómenos que escapan al tacto y sobre aquellos conceptos construir las estructuras que necesitan para desarrollarse. El sentido común dicta que si la materia prima falla y se alcanza noción de ello, pues la materia prima debe sustituirse por una que reúna las características adecuadas en virtud de su propósito. Lo ilógico es aferrarse al equívoco esperando de aquello algo que nunca obtendrá. Y lo curioso es que de los locos, o mentalmente enfermos se espera comportamiento absolutamente racional cuando del ser humano cuerdo se espera comportamiento irracional e ilógico. Paradojas nada más.

Si como proceso de adaptación y proliferación de las especies, los organismos a prueba y error recaban y procesan esa información para que su descendencia cuente con aquella certeza y evolucione, ¿cómo es posible que el ser humano pierda aquella conexión filosofal que todo niño desanda cuando ve lastimarse una y otra vez al compás del regaño constante de sus progenitores? Pues si el problema se detecta en un punto específico de la línea de tiempo evolutiva de determinados seres, se me ocurre pensar que Sócrates hace más de 2400 años estaba en lo cierto entendiendo que los seres humanos en ese periodo debieran de estar protegidos de la mala información, de la mala educación y al carecer de sentido de disociación del bien y del mal, simplemente debe no estar expuesto a las fauces de poetas y fabuladores que mal interpelan a los Dioses. Educar al educador, es lo que el filósofo griego concluyó cuando pensaba en la formación de los soldados como artesanos y vitales para el desarrollo de una sana sociedad. Todos somos soldados.

Así dadas las cosas en esta vida y en este mundo competitivo los seres humanos guerrean entre sí por recursos, y punto final. No existen otras afirmaciones, sino preguntas acertadas que realizarnos sobre el desarrollo de aquella ecuación, como por ejemplo entender qué entendemos por recursos y cuáles no, o qué prácticas conforman el concepto de guerrear, y cuándo observamos competitividad y cuando es un mero sometimiento como el que realiza un agricultor con sus especies que cultiva para ser ingeridas inexorablemente. Oh proteccionista animal que pugna por el consumo de seres a no animados como causa por el no maltrato y la no crueldad sobre animales, permítame señalar su falta de fundamentalismo y su criterio parcial y deliberado sobre el cuál hacer su máxima kantiana, porque las leyes de los mortales como las leyes de la naturaleza dictan que el criterio para las sociedades debe ser universal y por ende el fundamentalismo registra una alineación de cero grados para levantar edificios. Cultivar plantas para engullirlas es igual que criar animales para utilizarlos, a los fines estrictos de la ciencia. Sólo somos códigos y moléculas que transitamos en este mundo, sabe, porque entre no haber nacido y morir no hay diferencia alguna, y con vaga ironía expreso que incluso en la muerte el ser humano al menos en algunas medidas puede elegir acelerar el proceso o establecer lugar y contexto en el cual finar su existencia, cuando venir a la vida es compulsivo, deliberado y autoritario. ¿O acaso usted fue consultado y dio su aprobación para venir a este mundo tal y como vino? Sólo respuestas incorrectas.

Las personas que no destetan no se desarrollan, y punto. Y el destete cuando deja de ser físico pasa a ser emocional y el cordón umbilical que lo acompaña hasta la muerte lo estrangula pero no le impide respirar, no es constrictora como las serpientes que lo emplean para cazar y alimentarse, sino que lo realizan seres humanos con su descendencia de forma egoísta consciente o inconsciente para saciar o emparchar sus propias carencias, con la diferencia que el ser humano no necesariamente pone en duda los conceptos emocionales escritos en los códigos morales y éticos que yacen en la letra chica del contrato de vida, muy por el contrario incluso hasta los repite hasta el hartazgo cargado de contradicciones que arrastra hasta generarse una escoliosis cognitiva que le impide incluso advertir que le está por salir el volante mientras conduce y sube historias a Instagram como enviando botellas al mar con mensajes incoherentes e ilegibles para que las recoja alguien que interpreta lo que está esperando oír o leer para saciar su apetito de banalidad.

Cuando el ser humano no se desteta, disléxicamente se detesta, porque muy a sabiendas de lo que no quiere repetir en su vida, se aferra a un recuerdo que corrigió con el Paint y al que arrastrará a su descendencia para configurar una fotografía con destino de fondo de pantalla.

jueves, 7 de mayo de 2020

El Mercosur y la Decisión 32



En el año 2000 se emitió la “Decisión 32” desde el Consejo del Mercado Común estableciendo que los estados parte deberán negociar tratados comerciales en forma conjunta. El artículo primero establece que se negocia de forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias.

El año 2000 no fue cualquier año para el comercio internacional, por caso fue el lanzamiento por Goldman Sachs de los BRIC’s (brick en inglés significa ladrillo), bloque comercial compuesto por Brasil, Rusia, India y China, con la integración también en menor medida de Sudáfrica, como un proyecto económico y financiero proyectado a 50 años estimando que el crecimiento de mencionadas economías se daría ininterrumpidamente y afirmando a todo momento de visión ortodoxa que simplemente sumando población y PBI absoluto era motivo suficiente para alcanzar el desarrollo a fuerza de exportaciones. El 15 de septiembre del 2008 fue se firmó el acta de defunción de los BRICS con el quiebre del Lehman Brothers y el hundimiento de los commodities llevándose consigo los sueños neoclásicos de un bloque comercial nuevo y desarrollado. La restricción externa puso al descubierto la fragilidad de contentar a los capitalistas locales a fuerza de divisas por exportación presionando internamente mediante precios empujando la negativa curva del Gini de cada uno de los países del ladrillo empobreciendo sus poblaciones muriendo con las botas puestas del librecambio.

Por otra parte en el año 2000 como propuesta de Estados Unidos, China solicita ante la OMC ingresar  como estado parte, mientras la Unión Europea calentaba sus hornos para acuñar su flamante moneda única, el “euro”. La UE fue el primer bloque comercial en poner el grito en los cielos del multilateralismo denunciando que la China comunista no se trataba de una “economía de mercado” sino una intervenida que pondría en contradicción más de un principio fundamental del libre mercado acordado en Naciones Unidas. El plan de adecuación de China a los estándares admisibles por la Organización Mundial del Comercio constó de un plazo de 15 años semi-automático de admisión en el cual China debiera de respaldar periodo tras periodo sus números contables que den cuenta de una no intervención en los precios de producción sospechados de subsidios constantemente por parte de innumerables denuncias presentadas por la Unión Europea bajo el concepto de dumping, a lo que China bajo el Protocolo de Adhesión WT/L/432 celebrado en Doha el 10 de noviembre de 2001, se sometió a exámenes periódicos de sus “precios de mercado” con los que terminó inundando de mercadería chatarra compuesto de salario esclavo con el aval de la escribanía estadounidense “Organización Mundial del Comercio”.

La idea inicial del Mercosur data de mediados de la década de 1980 por acuerdo entre Argentina y Brasil de establecer mecanismos comunes de intercambios, y una unión aduanera cuando mucho, ya que siguiendo las tendencias mundiales en 1984 entre el Consejo Europeo de Fontainebleu que estableció correcciones de equidad presupuestaria entre los estados miembros, y el Consejo Europeo de Milán de 1985 que por decisión unánime convoca una conferencia intergubernamental para estudiar las competencias institucionales para establecer un verdadero mercado común. Es decir, que en los manuales de integración económica donde parece ser que vale todo la única experiencia verosímil de aquello fue un proceso de adecuación jurídico-económico como el experimentado por el viejo continente, por lo que en 1985 se firmó la base de lo que sería luego el Mercosur entre Argentina y Brasil, estableciendo un plan de trabajo a diez años siguiendo similares pasos que Europa occidental, estudiando caso por caso y entendiendo la importancia de las asimetrías socio-económicas de ambos Estados. Algo habrá sucedido en el medio de todo, ya que el Mercosur se termina firmando en 1991 y los Estados argentino y brasileño estuvieron presididos por gobiernos neoliberales Fernando Collor de Mello como presidente del Brasil, y Carlos Saúl Ménem como presidente de la Argentina. ¿Casualidad?

El Consenso de Washington consistió en un paquete de diez fórmulas de reformas económicas a propuesta del economista John Williamson hacia países en desarrollo que estuvieran atravesando crisis financieras. Claro, para vender un producto hay que instalar una necesidad primero, es márketing puro. No obstante los métodos de persuasión y coerción de los grandes centros de poder —apátridas y sin Nación—lo sorprendente es acelerar procesos de integración como a punta de pistola, la misma pistola que desde los medios de comunicación apuntan a la cabeza del desarrollo para que mire hacia un costado mientras el neoliberalismo hace las suyas al compás de las risas agregadas a las situaciones de humor al mejor estilo “Friends”. Mirar para un costado, eso mismo hace Europa cuando utiliza el dinero de la abultada Cuenta Capital, bien nutrida de ingresos provenientes de sus colonias, de sus remesas y de todo aquello que proviene de un comercio bilateral desigual donde el déficit comercial agolpa sus consulados para tramitar visas que nunca se otorgan mientras a cuentagotas pasan los mejores recursos humanos fabricados por el tirano sistema de sustitución de importaciones que como perros tras rejas ladran encrespados a sabiendas que la ferocidad sólo aparece cuando se cuestiona la raigambre del poder cultural.

Ahora resulta que el Mercosur estuviera por romperse porque un Estado parte hace uso de un artículo emitido de hace veinte —sí, 20— años que establece que las decisiones se toman en forma conjunta, al entender que establecer libre mercado entre economías desiguales y en medio de una crisis sin precedentes como la actual por la pandemia del coronavirus. Vale mencionar que cuando Europa se dirigía hacia la firma del Acta única de 1986, la misma entró en vigencia en julio de 1987 con un retraso de seis meses porque un particular interpuso ante los tribunales irlandeses un recurso de amparo en defensa de sus intereses privados. Seguro no se lo esperaban.

martes, 31 de marzo de 2020

Obsecuentia, el arte de traicionar


La etimología establece a la obsecuencia como originario del término latino obsequens, que para tiempos modernos y actuales bien pueden diferenciarse como atributos de determinadas personalidades, a menudo identificados con los comportamientos sociales tóxicos de personalidades tóxicas. Así las cosas, mi código fuente de razonamiento en base a mi experiencia desenvolviéndome en diversos grupos sociales y bajo determinadas estructuras jerárquicas me lleva a detectar que la obsecuencia orbita en derredor a la traición como satélite, entendiendo las señales de lenguaje corporal —y no tanto— obsecuentes que se ubican en el camino trazado por la traición. Digamos que la obsecuencia es indispensable para el interés tácito del traidor.

Como mencioné en mi artículo “La traición” (https://estertormental.blogspot.com/2016/05/la-traicion.html) “[…] Después de todo, la moral y la ética son inventos del ser humano para convivir y sobrevivir entre los demás frente a recursos escasos…las opciones de fingir una sonrisa adosada a un halago revisten del terciopelo de la funda de un puñal […]”. Es imprescindible no encerrarnos en dilemas que oscilan entre los límites de la legalidad de los códigos de conducta acordados por las distintas sociedades que dan entidad —cuando pueden— a un compendio de cláusulas identitarias. Veamos.

En lo que respecta a la etimología, "identidad" proviene del latín "identitas", y este de "idem", que dio lugar a "ídem" y significa "lo mismo". Desde un punto de vista morfológico no implica anomalías, ya que está claramente formado a partir del morfema "ident", fácilmente reconocible en el sustantivo "identidad". Si bien la R.A.E. no oficializa aun su adopción, la raíz de la expresión no presenta conflicto conceptual por lo que no es rechazado de plano en su utilización frecuente en las ciencias sociales.

Las leyes se sancionan en el Congreso, el que se compone por los soberanos a quienes el pueblo empodera y en quienes depositan el velar por sus intereses, y que, tomando como referencia a Hobbes: “…una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos, realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno como autor, al objeto de que pueda utilizar la fortaleza y medios de todos, como lo juzgue oportuno, para asegurar la paz y defensa común. El titular de esta persona se denomina SOBERANO, y se dice que tiene poder soberano; cada uno de los que le rodean es SÚBDITO suyo…

Sócrates, en su diálogo con Polo, correspondiente a uno de los diálogos de Platón (entre 388 a. C. y 385 a. C.) tratando sobre la retórica, Sócrates le concede al joven discípulo de Gorgias una definición acerca de la retórica haciéndole ver que el mismo no es en sí un arte, sino una capacidad basada en la experiencia cuyo fin es el de producir agrado y placer, lo que esto último confunde al joven ya que lo asocia a lo positivo, mientras el sabio Sócrates le señala que la retórica se asemeja al arte culinario, al menos en que no son más que formas de la adulación.

Digamos que en la carrera de construcción de Poder el pueblo legitima explícita e implícitamente las acciones de su soberano, o bien lo realiza al momento de erigirlo mediante su voto o también mediante su silencio e inacción cuando aquél toma decisiones en detrimento de las mayorías. En efecto, los mecanismos de convencimiento de las masas cuando estos no violaran la legalidad, se constituirán como legítimos a menos que la comunidad organizada se pronunciara y exhortara al soberano a tomar medida contra ello. En esta última oración reside la incógnita a despejar en la ecuación que define el pasado, presente y futuro de las sociedades. La adulación como instrumento de convencimiento fue advertido por Sócrates como perjudicial para la construcción sana de la sociedad, y como elemento anómalo para la generación de las buenas leyes que indicaba Hobbes.

La condescendencia entendida como una conducta de adaptación al gusto de sometimiento a la voluntad de un tercero parece quedar a mitad del lago de fuego donde las medias tintes que, como patrón hartamente repetido en vidas repetidas, se manifiesta abiertamente en los lazos de amistad que el ser humano tiende para su propia supervivencia física como metafísica. En esta dirección bien podemos diferenciar pasos erráticos que sólo redundan sobre sí, de aquellos dados en la obsecuencia que se ubican, como mencioné antes, sobre la senda delineada de un destino de interés planificado por la traición. Si bien la inocencia de la condescendencia observada en los círculos de amistad difiere del pragmatismo que denota la obsecuencia, se funden en una danza nebulosa plausible de ser socializado vía Instagram.

Por consiguiente el interés por conservar y preservar una amistad muchas veces entra en conflicto por aquél desinterés propio de arriesgar una amistad con la ejecución de acciones que un ser considera su par debe atender, cuando éste último pudiera reaccionar negativamente ante su negación, rechazo o simplemente la ofensa. Aquí entra en juego la entereza, la autoestima y la determinación de uno y otro por quebrantar la ruidosa melodía de la paz que muchas veces sólo reverbera para tapar la incomodidad de un silencio que sólo puede echar luz sobre el andrajoso camino de la depuración emocional de un individuo. El manipulador conoce bien los naipes, e incluso los marca en su dorso casi imperceptiblemente para llevar siempre un paso adelante y llevar así adelante su plan de acción.

Por cuestionada, polémica, discutible y endeble que pueda resultar, el psicoanálisis como cualquier ejercicio científico debiera y debe de considerarse y apreciarse por sobre los consejos que el “sentido común” susurra desde usinas transportadoras de mensajes que por momentos parecieran representar lo que entiendo como “el efecto cucaracha” (https://estertormental.blogspot.com/2018/11/el-efecto-cucaracha.html), y pecar de verdugo por omisión a cambio de 33 monedas de amistad que utilizará a futuro para su beneficio propio. Cualquiera que ejerza la metodología científica estará más cerca de la verdad que aquél que no lo hace, y punto.

Así las cosas, la realidad se torna al calor del entorno que establece una simultánea de eventualidades y bajo patrones que definen como “normales” y bajo ese domo coexisten y hasta se multiplican como cualquiera logia de la que se tenga noción, el juicio de valor emitido sobre tal quedará sujeta a subjetividades y objetividades cuando exista un plexo normativo acordado por la comunidad.

En la amistad se incuban falsas verdades bajo caracteres embanderados de amor, en tanto que las patologías crecen conforme la distracción del auto-juicio al que nuestra consciencia nos somete de tanto en cuanto como válvula de alivio y evitar así las implosiones emocionales cuando el verdadero amor incurriría en el riesgo de resultar expulsado por introducir un reflejo que vendría a alterar el orden establecido, amén del interés genuino de provocar un bien en su prójimo. Aquí entra la dicotomía de guarecerse en la mentira confortable y la disuasión amena de las vanidades, o el tedio del silencio fúnebre de la indagación ante el lóbrego estrado que nos mira con desdén. En mi experiencia personal, muchos han vuelto a mí al cabo de tiempos de diversos plazos, quizá luego de desandar caminos equívocos y andrajosos a oscuras y enceguecidos por falaces consejos tibios y carentes de carácter lo suficientemente crudos para cortar el cordón umbilical que los estrangula y no les permite desarrollarse. Sean bienvenidos, sin rencores.

Y re-citando a Arthur Schopenhauer: "de algunas personas vale más ser traicionados que desconfiar"

Continuará...

jueves, 26 de marzo de 2020

El comercio internacional y las teorías importadas


“La experiencia ha demostrado que la inseguridad real o imaginaria del capital, cuando éste no está bajo control inmediato de su dueño, aunada a la natural renuencia que siente cada persona a abandonar su país de origen y sus relaciones, confiándose a un gobierno extraño, con nuevas leyes, detienen la emigración del capital. Estos sentimientos, que lamentaría ver debilitados, son los de que muchos capitalistas se den por satisfechos con una tasa de utilidades baja en su propio país, en vez de buscar un empleo más ventajoso de su riqueza en países extraños” (Ricardo, Principios, Cap. VII. 1817)

La ciencia es objeto de vejación conceptual con frecuencia puesto que la semiótica al servicio del poder corporativo enquistado en las modernas formas de Estado-Nación —esto último podrá discutirse— se constituye como el Sable de Londres de las cruzadas de un sector de la élite que ha alcanzado un grado de concentración de riquezas que incluso demanda ser gravado para preservar su statu-quo —esto quedará como misterio tabú para los libertarios hasta el fin de sus días.

He de advertir al lector que se esmere en preservar lo menester de sostener a las ciencias económicas como gajo de las ciencias sociales y no una autónoma, muy a pesar de la corriente marina que propulsa los reactores que suministran la energía de nuestro día a día, ya que como consecuencia de la no-comprensión y el infradimensionamiento de sus alcances debemos debatirnos a vanos duelos contra una progresía que reniega de la economía y se resguarda en los confortables brazos culposos de padres separados que retienen a sus vástagos con la sociología como convitio que decanta en pubertario o progres como consecuencia de una falta de autoridad paternal.

Lo curioso de desempolvar viejos manuales de economía es que exaspera al millennial por acuciar una atemporalidad en función de su subdesarrollada personalidad, la que es atañida por la estampida audiovisual de la Guerra fría cuyo individuo es sumido por el miedo a la soledad como producto de una desestructurada crianza producto de la concentración de riquezas acelerada desde el abandono del patrón oro, allá por el 15 de agosto de 1971, obligando a los padres a salir del hogar y ceder la silla de la cabecera familiar a un Estado-Nación en el que aquel mencionado plutócrata es accionista mayoritario también.

Dadas las circunstancias descritas la sociología pareciera emerger casi como por artilugio de la prestidigitación cuya ejecución aparentara haber tomado lecciones de algún instituto de prestigio internacional, aquellos donde suelen figurar los patrocinadores que, mención merece, suelen ser las multinacionales que ramifican sus acciones capilarmente en un entramado accionario que más bien se parece a una metástasis social donde toma decisiones el que pone más plata. Así de simple.

El comercio exterior pareciera inmiscuirse entre las ciencias como una sietemesina que fue dada a luz con problemas cognitivos de donde sus intérpretes razonaran a medias, tal como describió Erich Fromm con su “racionalización del pensamiento” en el que la lógica sólo se presentara para dar explicación y justificación sólo cuando las variables y estadísticas pueden probar pequeños teoremas que no calificarían para ningún ensayo científico serio dada la insuficiencia de representatividad como muestra, y que, muy por el contrario aquel razonamiento se disocia en el mismo individuo cuando se le presenta en su contra, y aquí la observación de Fromm realizada con militantes intestinos de distintas causas allí por el interludio de la Segunda Guerra Mundial y posguerra.

Desde la reorganización global y su pertinente Nuevo Orden Mundial —el de 1945— la Sociedad de las Naciones, o mejor dicho las Naciones Unidas fueron reorientando el Derecho Internacional hacia un enfoque en el cual los Estados se reconocen desde sus individuos y no sobre una concepción rígida en el que el Republicanismo deje afuera la demanda de sus grandes y no tan grandes minorías, casi como aseverando que los Estados son de sus pueblos, y no cautivos de su propio reglamento. Así las cosas resultaron muy mal para Palestina y para la Argentina con el caso Malvinas y la “autodeterminación” que pareciera no aplicar en determinados casos.

El comercio queda allí como ariete de las políticas de dominio que, invocando a Carl Von Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política mediante la fuerza...” puedo y me atrevo a inferir que es más costoso iniciar una campaña expansiva y de ocupación para extraer sus recursos que simplemente dominarlos, hacerles venderlos a precios irrisorios a cambio de productos sobrevalorados a penas con una inversión mínima en cada silla de directorio empresarial, o de concejo deliberante, de consejo superior, de algún congreso provincial o nacional, y así en cada organización cuya estructura organizacional implique un sistema tal como ¿el de la democracia? pues claro, eso mismo. Se dice en la historia oficial y no tanto que el acuerdo para extender el Plan Marshall a Japón luego de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki para su recuperación económica fue la de modificar su sistema monárquico, eliminar la figura del Emperador y sustituir éste por el de un sistema democrático. Un lindo gesto ante los ojos de la progresía que no nota cuando le roban el volante mientras va manejando.

Un sinfín de teoremas de bella poética dialéctica se presentan como modernas, incluso los viejos teoremas de Linder, el de Marshall, y toda la música ejecutada por la tecnocracia así como las “nuevas geografías económicas” que no hacen más que explicar lo que están viendo y sin saber incluso que están citando viejas melodías del trío Oli Heckscher, Bertil Ohlin y Paul Samuelson apelando al vetusto e impertinente teorema de la dotación de factores haciéndonos creer que Australia es desarrollado por su dotación de factores y la relación habitantes/tierra/capital cuando la Argentina ha transitado una distribución similar siendo que para 1870/1890 tanto Australia como Gran Bretaña, Alemania y otros tantos comenzaron a encarecer la tierra ociosa mediante el aumento de impuestos redirigiendo los capitales hacia la inversión productiva impulsado por el desarrollo industrial pesado y aquí por estos lares todavía se sigue enredando en estériles discusiones sobre las libertades individuales y que el Estado confisca las ganancias y todo aquello. Pura progresía. En fin, si debiéramos de validar la teoría de la dotación de factores para explicar el desarrollo Australiano dejando las ciencias políticas de lado mediante el esquema de Heckscher-Ohlin-Samuelson, el planteo quedaría trunco al introducir la Argentina como parte de la ecuación. Y aquí está el quid de la cuestión.

Continuará.